El Correo de Burgos

Cinco aos desde que el covid paro el maundo

Urgencias ante la covid: «Nos convertimos en los ojos y el fonendo de todo el hospital»

El equipo de urgencias vio el primer caso un 27 de febrero y el primer positivo local un 6 de marzo. «Cuando se hablaba de china o Italia ya estaba aquí». Así afronto el equipo del HUBU, unas 300 personas, siete olas durante la pandemia. 

En la imagen parte del equipo de sanitarios de Urgencias del HUBU que hicieron frente a la Covid en siete oleadas diferentes durante dos años.

En la imagen parte del equipo de sanitarios de Urgencias del HUBU que hicieron frente a la Covid en siete oleadas diferentes durante dos años.Oscar Corcuera

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Burgos

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Si hay un momento en el que parte del equipo de Urgencias del Hospital Universitario de Burgos (HUBU) se dio cuenta de que lo que venía «era gordo» fue el 6 de marzo. El 27 de febrero llegó el primer caso de Covid. El 4 de marzo un sospechoso que había viajado a Italia. Pero «cuando pensé esto ya está aquí fue el 6 de marzo cuando ingresa una señora, de Burgos, que no había salido de Burgos, aunque un familiar suyo si que lo supimos después, pasó todo el protocolo de entonces que el filtro era si habían estado en Italia, en China... pues en este caso no, estaba en su casa, y operé como si no fuera covid, al final lo fue y me tuve que ir confinado a mi casa», explica el enfermero de Urgencias, Jonathan Leal Rojo. Había pasado todos los filtros que había hasta ese momento para confirmar o desmentir una sospecha epidemiológica que se aplicaba a cada infección respiratoria que llegaba por Urgencias. Era el primer contagio en el ámbito local.

En ese momento ya llevaban días leyedo mucho todo lo que se publicaba al respecto de la pandemia de coronavirus en China y, después, en Italia. «Teníamos tanta incertidumbre y, también, tanto miedo porque no habíamos vivido nunca algo así, había mucha falta de información y yo recuerdo leer mucho, nunca habíamos estudiado tanto como entonces», señala la médico responsable de la sección de Urgencias, Pilar López. «Y nunca habíamos consultado bioglafría China, por lo menos yo, es cierto que tenía poca base científica, muchísimos sesgos porque eran artículos que se iban haciendo sobre la marcha pero es que era toda la información que teníamos», señala el jefe de Urgencias del Hubu, Vicente Priego. 

Con esos mimbres empezaron a tejer una unidad de respuesta que fue perfeccionandose durante las primera semanas de impactos. Porque el 6 de marzo se dio el primer caso de contagio en el ámbito local «nos indicaba que estaba aquí». Para cuando llegó el confinamiento, el 15 de marzo, iban ganando terreno al Hospital hasta ampliarse en el parking de Urgencias donde se ubicó un servicio de carpas que eran la puerta de entrada al centro hospitalario. 

Esos primeros pacientes le ssucedieron otros, como el brote del funeral que llegó a Miranda de Ebro y desde el Santiago Apostol se derivó a los más graves al HUBU. A partir de ahí los contagios se dispararon con la incertidumbre d ela primera ola en la que la zona covid fue prácticamente todo el hospital. A ella le siguió la segunda, «la recuerdo mucho más dura había que mantener la atención covid, muy alta, y luego las patologías normales que nos llegan a Urgencias y lo recuerdo como la peor de todas», señala Leal. 

Los datos que se testeaban minuto a minuto para establecer una estrategia de actuación que permitiera ampliar o reducir el espacio de urgencias en el hospital en función de los previsibles picos de demanda durante siete olas que se gestionaron en dos años. «Hubo un esfuerzo desde la Junta de Castilla y León y la Consejería de Sanidad en  dar una rueda de prensa diaria con todos los datos actualizados de camas, pacientes, positivos y eso a nosotros nos permitía estar al día de lo que había, conocer a dónde había que mandar pacientes, fue un gran trabajo», explica Priego. 

También se elaboraba una estadística diaria a nivel interno. El doctor Fernando Richard se encargó de llevar el recuento de pacientes y la carga de trabajo administrada durante esos primeros meses de pandemia que en Urgencias se vivieron con una intensidad desconocida por todos hasta el momento. En la primera ola el pico de pacientes vistos en el servicio se dió en el mes de abril con 1.670 casos sospechosos que derivaron en 467 ingresos. En la segunda ola hubo más casos graves y menos sospechas. Y el mes pico fue noviembre. Entonces se auscultó a 1.498 casos sospechos de estar afectados por coronavirus, de ellos 736 requirieron ingreso por Covid. 

«La carpa de triaje con las carpas ubicadas en el parking fueron un acierto, un trabajo de gestión de los residentes que fueron vitales en este servicio pero también en la atención telefónica, nos ayudaron muchísimo», recuerda Pilar López. Cuando se requería un ingreso, la respuesta en planta siempre era positiva. «Había días muy duros, recuerdo que en uno de ellos llevaba ya cinco ingresos, llamaba a por una mujer 50 años con esto, no te cuestionaban nada te decían súbela», comenta la médico de Urgencias, Elisa Fernández. 

El equipo de Urgencias no desfalleció. «Aquí no se fue nadie, podemos decir que hasta los liberados sindicales de Urgencias se pusieron la bata y entraron a trabajar», recuerdan. Incluso «cuando estabas confinado se te hacía largo, es que sabías que eras uno menos ayudando en una situación crítica y tenías mucho cuidado con el contagio por tí y por los tuyos pero también porque eso significaba uno menos en el equipo», apunta Fernández. 

El grupo de 300 profesionales sanitarios que conforman Urgencias reconoce que fueron tomando dependencias del hospital según llegaban más y más pacientes. «Esto era zona cero y nosotros éramos sus ojos, su fonendo y se fiaban de nosotros», sostiene Pilar López quien toma como algo positivo de un contexto tan terrible que «todo el hospital trabajó a una, todos los servicios, todo el hospital trabajaba unido, hubo una excelente coordinación». En la primera ola todo el hospital se convirtió en espacio covid. La Urpa, los quirófanos con respiradores, todos los espacios, la UCI que multiplicó su espacio hasta las seis unidades... La presión en el primer ataque del Sars-CoV-2 del que se cumplen cinco años estuvo mezclada con la incertidumbre y el desconocimiento. Aquel momento que marcará a esta generación tenía algunas sensaciones comunes en todo el equipo de Urgencias que afrontó en las dos primeras sacudidas muchas situaciones al límite. 

Incertidumbre 

«Cuando creíamos que era una cosa que pasaba en otro punto del mundo, nos llegó el primer caso local, en esos primeros días no sabías, hacíamos nuestra vida normal y con el primer contacto... », recuerda Jonathan Leal. Los pacientes ingresaban con infecciones respiratorias y neumonías bilaterales, no tenían contacto con el exterior, y les trataban sin aislamiento. «Yo recuerdo a la primera colocarle los aerosoles, hacer todo el tratamiento así sin ningún tipo de protección», destaca. 

El miedo a llevarlo a casa

El doctor Alejandro López se encontraba de baja paternal cuando arrancó la pandemia. Se incorporó un poco antes «veía lo que veía que estaba pasando y me incorporé antes porque se necesitaba personal». Lo hizo con miedo. El mismo que acompañaba a todos sus compañeros. El terror de llevar el virus a casa y que los familiares enfermaran. «Teníamos un protocolo y orden de cómo quitarte la ropa en el trabajo, de como retirarla y te duchabas pero la sensación es que estabas sucio, que eso no se iba, que lo llevabas a casa». Así que todos, a su manera, idearon dobles circuitos, métodos de apoyo de la pareja para no tocar nada en casa, cambiarse la ropa en la entrada, la dejaba en la terraza e ir directamente a la ducha para alejar el virus de casa. Tres meses así.

Lo bueno era que, al estar en casa, después de higienizar y esterilizar todo, los suyos estaban en casa. «Para mí el confinamiento tuvo su momento bueno y es que podía ver a mi hijo al llegar a casa, en época normal cuando llegaba de la guardia igual estaba en el colegio y cuando volvía estaba acostado, dependiendo del turno podía pasar más de un día sin verle, pero así, siempre estaba en casa cuando llegaba y lo disfrute mucho», cuenta Elisa Fernández. Otros vivieron esos tres primeros meses de incertidumbre con miedo y, después, en soledad. «Yo recuerdo al venir de la baja paternal, el primer paciente de Covid que vi, la sensación al auscultarla recuerdo que me temblaba la mano, de que sabía que era positivo tenía en mi casa a una bebé recién nacida y solo podía pensar en que ¿y si lo llevo a casa?». Así que al poco de incorporarse Alejandro López decidió pasar esos primeros meses en soledad «por seguridad le dije a mi mujer que se fueran a casa de los abuelos porque no quería contagiarles». 

¿Cómo transmitir el último adiós?

A parte de la carga de trabajo, el estrés, hubo momentos muy complicados. Los pacientes aislados, se morían en soledad. «Fue un poco traumático», explica Alejandro Ló pez. Recuerda perfectamente que en la primera ola tenía un paciente que se moría de Covid. «Cuando entré a ajustarle algo, al irme me dice Doctor, dígale a mi familia que la quiero mucho, jo, me emocioné porque ¿cómo le dices a su hija? ¿Cómo expresas tú por teléfono? Pues eso lo pasas mal porque ella al otro lado llorando, tu estás con la emoción pero, tristemente, también con prisas porque entraban más y más pacientes, eso también fue tremendo». Al colgar el teléfono, llegaba otro paciente, y otro, y otro... 

El silencio

Si hay algo que caracteriza a la unidad de Urgencias es el murmullo de gente que va y viene, los casos más urgentes que entran rápido. Las peticiones de apoyo en un box a quien va por el pasillo... En el peor momento vivido en esa zona todos recuerdan el silencio. «Veías un paciente, en dos minutos entraba otro, y tú no sabías cómo te iba a entrar y luego con todo el trabajo que teníamos allí solo recuerdo que nadie hablaba, era como mucho silencio y tú empezabas a sudar, sudar y sudar y al final, el miedo y el estrés de llevarlo contigo», relata López. 

Otro silencio que tienen vívido en la memoria es el de la ciudad. Era diferente, un momento de tranquilidad, un espacio para respirar. «A mí me gustaba mucho el rato de venir al trabajo, estaban las calles vacías, el silencio... recuerdo oír el agua de las fuentes, los pájaros, veíamos corzos y jabalíes en la rotonda del G3...», recuerda Elisa Fernández. El ajetreo llegaba al alcanzar la puerta de Urgencias.  

Equipos de aislamiento

Desde Urgencias aseguran que «nunca nos faltó material pero la espada de Damocles sobre y ¿mañana? pero al final siempre llegaban», explican. Hubo donaciones de empresas. De nuevo sacan a relucir la solidaridad. «Batas de Antolín, mascarillas, guantes, las mascarillas con impresión 3D que nos llegaron.... era muy básico pero necesario». Los visitadores médicos también entregaron en Urgencias tablets para facilitar el contacto entre los pacientes ingresados y sus familias. 

El agradecimiento

Eran jornadas extenuantes «hubo una gran dedicación, muchos acaban su turno y seguían aquí, tenías que recordarles vete a casa, está en el adn del médico de urgencias que es como un médico de campaña y en esa primera oleada prácticamente fue eso», señala Vicente Priego. Todo ese trabajo extenuante se paraba en un momento. A las ocho. Los aplausos en el propio hospital «para darnos apoyo a nosotros mismos más que nada», recuerda Leal y los de casa que les llegaba.

«La gente, a su manera, fue muy agradecida en su momento, recibimos esa gratitud y apoyo de todo el mundo», recuerda Pilar López. Ella se encontró en la puerta de su casa bizcochos, fruta o los dibujos de los niños del edificio. Llegaban a urgencias pizzas, hamburguesas, comida, fruta... «nos trataron como si fuéramos los reyes del rock», bromea Leal.

Del miedo a ir a Urgencias a los irresponsables

En Urgencias, en la primera ola, todo era covid. Las urgencias se redujeron sí, «llegaban otras dolencias pero menos, eso sí los que llegaban lo hacían ya muy mal, había miedo a venir en medio del confinamiento», recuerda Priego. Algunas veces era como un desahogo en la primera ola ver algo que no fuera covid porque era como acariciar la normalidad por un momento. 

Frente a esos casos no covid ya graves que entraban por la puerta, algunas consecuencias de la irresponsabilidad de unos pocos. En Urgencias, en pleno confinamiento, llegaron cosas como un accidente de coche, lesiones por ir a esquiar, una mordedura de víbora al pasear con el perro, espondolitis (lesión del tenista) por jugar a la Wii con demasiada intesidad, fracturas de muñeca... Son los otros casos que vieron en esa primera ola de Covid. «Había algunos irresponsables, hacían fiestas en casa o se apuntaban a la federación de Montaña para poder salir... Luego esa irresponsabilidad se pagó muy caro en sus familias», lamenta Vicente Priego. 

Luego llegó la segunda ola, los dos circuitos y una mayor intensidad de trabajo en Urgencias. Se conocían los síntomas pero no «en realidad es que no sabías a quien le podía tocar, puedes pensar hipertensos, obesos, diabéticos, no había un perfil claro, recuerdo que subí a la UCI a un señor que una semana atrás había corrido un maratón, era una incertidumbre total». Los 300 de Urgencias saben que ese momento de pandemia fue un reto, agotador y hoy lo recuerdan «como si hubieran pasado 15 años, como si hubiera sido una ensoñación». La realidad es que están preparados para la próxima. «Ahora ya sabemos lo que tenemos que hacer si vuelve una de estas», sentencian. 

 

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