El Correo de Burgos

La familia canta unida en el Orfeón Burgalés

Seis familias cuentan con varios miembros en los coros de adultos, juvenil e infantil del Orfeón Burgalés. «En el coro ella es la que manda», dice Cristina de su hija Marta. «Tenemos de todo: integrantes que han incluido a sus hijos o padres que entran después de sus hijos»

Arriba los padres y abajo los hijos, todos cantan juntos en las corales del Orfeón burgalés que cuenta con más de un centenar de voces.

Arriba los padres y abajo los hijos, todos cantan juntos en las corales del Orfeón burgalés que cuenta con más de un centenar de voces.Oscar Corcuera

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Intercambian cuadernos de partituras. Aclaran la voz juntos o por separado. En sus casas la música está presente por partida doble o triple. Son las familias que cantan unidas en las tres corales del Orfeón Burgalés. Hasta seis cuentan con progenitores y vástagos entre las más de cien voces de la coral de adultos, la coral juvenil y la coral infantil de la agrupación que tiene su fortín en la calle de San Lorenzo. Dicen que el Orfeón, con sus más de 130 años de historia, es una gran familia. Para Ana Ayala y Ana Martínez Ayala; Gemma Sanz y Hernán Alzaga Sanz; Alejandro Garmón, Asier y Naia Garmón García; y Cristina Velasco y Marta Fontaneda; la frase no es una metáfora, es la realidad.

«El Orfeón genera unión entre diferentes generaciones y nos pasa de todo desde papás que traen a los niños en cuanto tienen edad al infantil o padres que, una vez que se incorporan sus hijos, deciden probar y se incorporan al de adultos», explica la directora de los coros infantil y juvenil de Orfeón Burgalés, Ana Ayala. En su caso la familia canta unida. Ana y su marido (Juan Gabriel Martínez) recalaron en el Orfeón Burgalés desde la Coral Castilla en 2007. La música ha sido una constante en la casa. Y Ana Martínez lo ha vivido desde pequeña. 

«La música siempre ha formado parte de mi vida en casa, y cuando se crea el Orfeón Infantil en 2009 es cuando empecé», explica. Cuando llegó la transición a la juventud el gusanillo de la música ya había estancado en su habitación. «Empecé con el juvenil cuando arrancó porque los del infantil empezábamos a crecer y se creó la nueva coral», cuenta.

 Así que ahora, con 28 años, sigue intercalando entre el juvenil y el de adultos donde coincide con su madre que, además, es directora de los coros de niños y jóvenes. Y es que el Orfeón engancha. «Los ensayos, los viajes, las actuaciones son momentos en los que conoces gente que tiene tus mismas aficiones». Que entre ellos estén sus padres es un privilegio. «La música, la coral me permite compartir tiempo con mis padres de una forma muy distinta y es una situación distinta porque aquí no son tus padres, son tus compañeros», cuenta.

Naia Garmón, Hernán Alzaga (en el clavicordio de Antonio José), Asier Garmón, Marta Fontaneda y Ana Martínez.

Naia Garmón, Hernán Alzaga (en el clavicordio de Antonio José), Asier Garmón, Marta Fontaneda y Ana Martínez.Oscar Corcuera

Entre las piezas que mejor recuerdo llegan a su mente es ‘Ubi caritas’ «es la canción que cantamos cuando salimos de fiesta». Reconoce que hay personas con las que «llevas cantando desde los 10 o 15 años y te creas un grupo de amigos». Los Martínez Ayala no tienen su propio coro en casa. «En mi casa no somos de estar cantando todo el tiempo escuchamos música, siempre hay, y ponernos a cantar juntos pues si tenemos que preparar algún proyecto que hay que trabajar igual, pero lo normal es que cada uno se coja sus partituras, se vaya a su habitación, se coja sus cascos para prepararse», explica Ana Ayala.

El caso de Gema Sanz es similar. Ella ha cantado, cuenta con varios discos en su haber como solista y también en colaboración con la coral que hoy comparte con su hijo Hernán Alzaga Sanz. Gemma entró con Ana Ayala en 2007. «Aquí encontré un aprendizaje y una práctica musical pero también un grupo con los que, desde hace muchos años, comparto la música». Cuenta con cuatro discos en el mercado y en algunos colabora con el Orfeón Burgalés de adultos y el infantil donde este año se ha estrenado su hijo. 

«Me gusta la música, siempre vi a mi madre en el Orfeón y quería probar», dice Hernán. Y ha empezado con concierto en el Fórum con sus compañeros. Cada sábado por la mañana se cita en el aula del Orfeón. «Nos divertimos bastante, es un sitio donde estoy aprendiendo mucho». Reconoce que en casa su madre le ayuda «nos ponemos juntos a estudiar y es muy divertido». Su canción preferida del repertorio infantil es ‘Can you hear me?’. Gemma Sanz ha trasladado su cariño por el Orfeón a su hijo y lo ha plasmado en sus creaciones musicales. «Es muy bonito poder unir todo lo que te gusta porque en estas corales es donde te has iniciado en la música». Si se tiene que quedar con una canción del repertorio «son muy especiales para mí las de Alejandro Yagüe o Pedro María de la Iglesia que tienen composiciones espectaculares».

En el caso de la familia Garmón el primero en llegar a las sesiones de la calle San Lorenzo fue Asier. Hace tres años empezó en el Infantil y tras él han llegado su padre, Alejandro y, en cuanto tuvo edad, su hermana Naia. «Yo empecé porque Rebeca, mi profesora de música en el colegio me invitó a venir y al principio como que no me convencía pero conforme lo fui conociendo me gustó más», explica. Ahora Asier compagina el coro infantil y juvenil en el que se ha estrenado este año. De la actividad coral reconoce que «me gusta porque te da un entretenimiento diferente, tranquilidad...». Ahora el reto es la transición al juvenil. 

«Es un cambio grande porque entre las voces del juvenil hay mucho nivel pero es algo que te ayuda a mejorar y aprender». Asegura que los lazos de amistad también son una parte clave en su cita semanal con el coro. «Hay personas a las que solo veo aquí, son amigos importantes para mí». El trabajo en casa, lo hace más en solitario aunque «en el infantil canto con mi hermana Naia en el juvenil solo pero en casa solo pregunto a mi padre si tengo dudas», dice. La canción en la que no necesita ayuda porque es la que más le gusta es ‘Your song’.

Alejandro Garmón entró en el coro de adultos tras semanas acercando cada sábado a su hijo Asier. «Todo empezó hablando con Ana Ayala que comentábamos que había estudiado Violín en el conservatorio y solfeo pero que no lo había aplicado para nada y me comentó que faltaban tenores pero yo no me veía, solo cantaba en la ducha y en el coche nunca había trabajado la voz». Acabó en el grupo de tenores lo que ha supuesto un esfuerzo. «El Orfeón es muy exigente, yo estaba acostumbrado a leer una partitura, a seguirla pero escucharlos... Parecían de otro mundo y aquí sigo aprendiendo tres años después», reconoce.

Naia empezó haciendo el paseo desde casa a la sede de la coral para acercar a su hermano, otras a ver a su padre. «Siempre me ha gustado la música y cuando mi hermano entró aquí yo ya sabía que quería entrar me gusta mucho cantar», afirma contundente. Le gustan las canciones que aprenden de la mano de su profesora Ana Ayala. «Es muy divertido venir con mis compañeros, nos reímos y cantamos». Sabe que hay trabajo que hacer porque tocan citas importantes como subirse al escenario del Fórum que ya ha hecho con Encanto y en el 150 aniversario de Cruz Roja. «Me gusta cantar en un espacio como el Fórum no me pongo nerviosa ni nada porque nos preparamos mucho», asegura.

De izquierda a derecha: Ana Ayala, Gemma Sanz, Cristina de Velasco y Alejandro Garmón.

De izquierda a derecha: Ana Ayala, Gemma Sanz, Cristina de Velasco y Alejandro Garmón.Oscar Corcuera

Su padres siempre han querido que «la música formara parte del crecimiento de nuestros hijos como un juego y una diversión», explica Alejandro. Las partituras del coro y las clases de piano están presentes. Aunque lamenta no poder cantar más con los niños. «Con el trabajo y demás casi llego a ensayar cuando se van a la cama pero siempre que hay una duda la tratamos de resolver juntos», añade.

Quien recuperó su voz junto con sus hijos fue Cristina de Velasco. Empezó con Ana Ayala en 1972 en la primera agrupación infantil del Orfeón. Cuando se disolvió algunos de ellos crearon la Coral Polifónica Castilla. Con 18 y los estudios de Químicas como prioridad, la voz se fue apagando pero no del todo. «La música siempre me ha gustado así que mis tres hijos fueron al Conservatorio Profesional de Música Rafael Frühbeck de Burgos y cuando uno de ellos vino al Orfeón en 2018, volví a cantar», cuenta Velasco.

Su hijo Jorge y su hija Marta Fontaneda, con quien comparte posición de contralto en el coro de adultos, son los que llevan la voz cantante. «Aquí es ella la que me echa la bronca a mi por la entonación, por el aire o porque canto bajo». Lejos de molestar lo dice orgullosa. «La música siempre me gustó y los que tenemos un conocimiento elemental pues nos ayuda que ellos que tienen estudios más amplios nos indiquen como mejorar». Su canción: ‘Magnificat’ de John Rutter.

Marta, sostiene que las correcciones que se hacen son para mejorar. Terminó los estudios profesionales de clarinete y se incorporó a la coral de adultos primero y luego añadió el juvenil junto con su hermano. «Empecé participando en la zarzuela de ‘La verbena de la Paloma’ en el Teatro Principal, pero la música siempre ha estado en mi día a día». En casa reconoce que trabaja las canciones más con su madre que con su hermano y cree, como los demás, que en el Orfeón encuentra «un lugar donde disfrutar tu pasión, que es la música, es una oportunidad para seguir con ello porque como que si no lo haces, te falta algo». Asegura que también es un espacio de socialización importante porque «entras en contacto con gente con tus mismos gustos». Su pieza favorita ‘ Norder Lights!’ Sus momentos especiales «al terminar el ensayo que nos vamos juntos a tomar algo». Una relación familiar distinta que tiene su propia banda sonora y en ella todos alzan al voz insuflando aire a la continuidad del centenario Orfeón Burgalés.

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