Las lluvias reducen la invasión de la procesionaria en los bosques de Burgos
«Desde septiembre ha llovido por encima de la media y ha frenado la eclosión de las larvas» Logran que el 65% de las cajas nido de aves insectívoras y murciélagos tengan huésped que frene la plaga de estas orugas

Los bolsones de procesionaria son fácilmente visibles en los pinos afectados.-G.G.
Es una constante. Un ejército de pequeños gusanos deambulando entre los árboles ya sea de un bosque de pinos o de un parque urbano. No hacen distinción. La oruga procesionaria se ha convertido en una plaga favorecida por los cambios de clima que alternan temperaturas muy bajas con termómetros muy altos. Pero la mayor frecuencia e intensidad de lluvias registradas desde el otoño han reducido su conquista de los bosques burgaleses.
«En esta campaña forestal desde 2024 las defoliaciones ocasionadas por la Procesionaria del Pino son de Escasa incidencia que puede ser debido a que desde septiembre de 2024 ha llovido por encima de la media», señalan desde el Servicio Territorial de Medio Ambiente de Burgos. Son menos, pero están y hacer un seguimiento sobre su desarrollo es clave para que dejen de secar los pinos de la provincia.
Esta oruga está presente en las diferentes comarcas forestales de la provincia de Burgos. Las zonas de intensa vegetación en la Ribera del Duero, los bosques de Montes de Oca y Sierra de la Demanda, en la Bureba, Odra Pisuerga, los pinos presentes en el área de Los Páramos, en los bosques que baña el Ebro y en las Merindades. «Según los datos observados en las comarcas forestales de la provincia debido a las inclemencias del tiempo los bolsones de la procesionaria no se han podido formar ocasionando grandes mortandades de este lepidóptero», destacan los técnicos de Medio Ambiente.
¿Cómo se forma la procesionaria?
La Thaumetopoea pityocampa Den.& Schiff es un lepidóptero defoliador cuyas orugas se alimentan de los árboles del género pino. Las generaciones de este liquidador de los bosques son anuales, pero siembran las larvas que deben pasar un ciclo de cuatro fases completas hasta florecer en una mariposa. En ese proceso secan los árboles echando a perder grandes masas forestales para lo que se plantean acciones naturales de control y evitar que se genere una plaga de estas orugas. En invierno se refugian en colonias de bolsones, siendo más grandes y consistentes cuanto más largo e intenso es el frío. Son esa red de telas e hilos blancos que se pueden ver en invierno en algunos árboles.
Provincia
La masa forestal de Santa Casilda, en riesgo por la procesionaria
GERARDO GONZÁLEZ / Briviesca
El proceso de desarrollo de este insecto es largo. Pasa por cuatro fases que se prolongan durante prácticamente todo el año. Es el fenómeno que coordina las acciones de control para evitar que este insecto conquiste grandes masas forestales.
Festival de verano
Es ahora, en los días más calurosos del verano, cuando se gestan esas nubes de redes que se ciernen sobre los bosques en invierno. Las mariposas de procesionaria emergen en los días de verano y empieza el apareamiento. Cuando una hembra está lista para realizar una puesta busca una rama donde asentarse. Él busca otra mariposa para aparearse. Un ‘festival’ de verano en el que se gesta la conquista de los bosques por parte de este pequeño insecto.
Estas mariposas buscan ramas que sobresalen sobre la masa forestal o prefieren buscar árboles solitarios. De ahí que los parques urbanos también sean un lugar idóneo para colocarse. Y es ahora, a finales del mes de julio en zonas frías como Burgos y en septiembre en espacios forestales más cálidos cuando eclosionan las orugas y empiezan a parasitar el árbol en el que se asentaron. Después sigue la primera muda a los 12 días formando pequeños nidos que se entrelanzan entre hilos de seda. En 18 días se produce la segunda muda apareciendo los pelos urticantes en las orugas y a los 30 días vuelven a mudar para prepararse la protección del invierno.
Es en la cuarta muda, tras el invieno, en la que se producen las defoliaciones más intensas sobre los árboles ya que buscan las zonas más tiernas de la especie que han trasformado en su hogar y su alimento. Algo que hacen con nocturnidad y alevosía ya que la fase en la que salen de su bolsón a comer es por la noche. Con la primavera se produce la crisalización, se convierten en mariposa y se inicia una nueva generación.
El plan de expansión de este insecto alcanza, por tanto, cinco niveles. Que van desde el nivel en el que no hay presencia alguna de colonias (Nivel 0), fase de asalto en el que se observan algunas colonias en los bordes de la masa forestal (Nivel 1), cuando esas colonias empiezan a multiplicarse es la fase de invasión (nivel 3). La fase de conquista se observa por las defoliaciones muy fuertes en los bordes y pies alisados y parciales respecto al resto de la masa forestal es el nivel 4. La parte de saqueo, cuando las defoliaciones se generalizan a todos los árboles, se da el nivel 5.
Enemigos de la oruga, amigos de los bosques
Reducir la expansión de la procesionaria en los bosques de Burgos requiere de estrategias de prevención en la gestión de los espacios forestales y las zonas verdes. Es una plaga endémica de los bosques, pero controlar las explosiones de ejemplares es básico para mantener sanos los bosques de pinos. De esta manera hay que prever las posibles explosiones demográficas que «probablemente están relacionadas con la alternancia de inviernos fríos con cálidos que provoca un aumento de estas poblaciones», señalan desde el Servicio Territorial de Medio Ambiente.
Esta intensidad se puede corregir de forma natural, pero «lleva un año de retraso». De ahí que se busque disparar esos mecanismos de control que no son otros que facilitar la presencia de sus depredadores naturales. Estos compañeros en contra de la procesionaria son aves insectívoras (Herrerillo común, Herrerillo capuchino, Carbonero común, Carbonero Garrapino) y murciélagos.
Para ampliar la población de estos ejemplares y poner coto a la posible plaga de procesionaria, se disponen por los bosques afectados una serie de cajas nido adaptadas a estas especies. «Este método de lucha se puede usar tanto en masas forestales como en parques y jardines de entornos urbanos». No se dejan abandonados, sino que «necesita un mantenimiento anual de la caja antes de que empiece un nuevo proceso de reproducción», explican. El grado de ocupación de estas cajas nido roza el 65% siendo importante colocarlo cerca de espacios con disponibilidad de alimento, agua y ausencia de huecos naturales. Es la pelea silente que se lleva a cabo en los montes de la provincia y los jardines y parques de zonas urbanas en la que, a veces como este año, la meteorología ayuda.