Camareros fuera, venta ambulante y carros de supermercado en el Fórum: «decepción» en la hostelería con la Dance World Cup
Las casetas y contenedores del paseo Sierra de Atapuerca y el Espolón intentan «reinventarse a trompicones» para paliar la falta de ingresos. El comercio también acusa un enorme bajón en cuestión de días

Hay quien aprovecha las mesas junto a los contenedores del Espolón para comer pizzas de fuera.
Puede que las expectativas fuesen demasiado altas. Lo normal dadas las previsiones, al amparo de la Dance World Cup en Burgos, de atraer a 25.000 visitantes. Sin embargo, buena parte del sector hostelero no oculta su «decepción» tras constatar que el consumo, tanto en las casetas y contenedores instalados en las fiestas de San Pedro como en los establecimientos del casco histórico, se sitúa muy por debajo de lo esperado. Se salvan, eso sí, los locales de comida rápida.
«La situación es catastrófica», asegura el responsable de uno de los contenedores ubicados en el paseo del Espolón al comprobar que, en las mesas, «el 90% es comida de fuera». Ante este panorama, algunos hosteleros han tenido que pedir que «por lo menos se consuma bebida» de dichos negocios. Mientras tanto, no queda más remedio que «reinventarse a trompicones».
«No podemos decirles que no», esgrime a este respecto Pedro Sualdea, presidente de la Asociación Por y Para Nuestra Ciudad, adjudicataria de la gestión de las casetas en el Paseo Sierra de Atapuerca. Consciente de que es «un evento de repercusión para toda la ciudad», se ciñe al pliego de condiciones con el Ayuntamiento mientras hace hincapié en que el objetivo es garantizar «diversión a toda la gente». Para ello, se tuvo que realizar una fuerte inversión previa en decoración, mobiliario y animación musical.
En términos generales, la gastronomía local no parece tener demasiado tirón entre los participantes de la Copa Mundial de Danza. Se apostó de entrada, como en San Pedro, por las «tapas españolas». Pero quedó claro desde el principio que «el criterio es diferente», apunta Sualdea. Así pues, la única manera de competir con las franquicias de comida rápida y las grandes superficies es «adaptarnos dentro de nuestras posibilidades» a base de patatas fritas, hamburguesas o perritos calientes.

Puesto de venta ambulante en el río Arlanzón.
Al margen de esto, algunos hosteleros no ocultan su malestar tras tener constancia de que «se está vendiendo comida en el Fórum». De hecho, el responsable de uno de los contenedores asegura haber visto «entrar carros de supermercado llenos». A tenor de tales circunstancias, cree que «podrían haber avisado de lo que iban a hacer (...) porque estamos perdiendo dinero».
Después de los Sampedros, los negocios instalados en Sierra de Atapuerca y el Espolón daban por hecho que mantendrían las plantillas intactas. Nada más lejos de la realidad. En los contenedores, «se ha pasado de seis u ocho a uno o dos camareros». O ninguno, pues en algún caso «solo quedan los dueños». Sualdea, por su parte, también advierte de este «frenazo» en las casetas, lo cual ha obligado a «ajustar gastos».
Otro foco de conflicto guarda relación con la presencia, aunque residual, de vendedores ambulantes en el entorno del río Arlanzón. Hay quienes lo han documentado y denuncian la inacción municipal. «Con toda la seguridad que hay, ¿nadie lo ve?», lamenta el gerente de un contenedor mientras subraya que «aquí vienen cada dos por tres a hacer inspecciones».
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Dos caras de la misma moneda ve el empresario Gustavo Sancidrián. «Cero patatero», hablando en plata, en el Paquita Mariví. Más que nada, porque el público mayoritario de la Dance World Cup «no busca el concepto de hostelería tradicional». En cambio, La Bóveda sí registra más afluencia de lo normal durante la hora del desayuno. Y aunque reconoce que el flujo de clientes está «por debajo de la expectativa», se muestra partidario de «apoyar este tipo de eventos» porque tienen una «repercusión mediática brutal». Algo necesario, a su juicio, en un «año de decrecimiento para el sector».
El análisis de Mariam Domingo, de El Bosque Encantado, es mucho más crítico. Opina, como tantos otros, que la Copa Mundial de Danza ha supuesto una «decepción». El problema, a su entender, reside en que «ha faltado organización compartida» entre los promotores de la cita y el Ayuntamiento. Y eso redunda en que «no hemos tenido margen de maniobra para reaccionar» para acomodar la oferta a la demanda mayoritaria.
El comercio, en las mismas
«Los primeros días sí que se notaron las ventas», admite la presidenta de la Federación de Empresarios de Comercio de Burgos (FEC), Consuelo Fontecha, sorprendida porque en cuestión de días los participantes de la Dance World Cup «ya han dejado de venir por las tiendas».
Según detalla, «se les ve en los restaurantes de comida rápida y comiendo helados, pero a las tiendas ya no vienen». Sea como fuere, la FEC lanzará este mismo viernes una encuesta con el fin de poder realizar un «balance más serio» sobre este fenómeno que tanto ha sorprendido, al igual que en la hostelería, dentro del sector.