Radiografía de la persona sin hogar en Burgos: Cada vez más joven y con problemas de salud mental y adicciones
Cáritas atendió a través de la Unidad de Mínima Exigencia a 24 personas entre noviembre y abril. La edad media de los usuarios es de 38 años y casi un tercio son de origen nacional. Además, en las calles de la capital burgalesa pernoctan una decena de personas, ocho de ellas identificadas por los servicios de Cáritas

Del Campo y Polo en un instante de la rueda de prensa.
Cada vez más jóvenes. Las personas sin hogar que el pasado año hicieron uso de la Unidad de Mínima Exigencia de Cáritas tenían 38 años de media. Una edad media que tras doce años de servicio se ha ido reduciendo significativamente y «muy especialmente desde la pandemia de la covid-19».
Así lo explica David Polo, coordinador del programa de Personas Sin Hogar de Cáritas Burgos, quien apunta que la reducción de la edad media responde a un cambio en el perfil de los usuarios de este recurso que nacía inicialmente para dar refugio a las personas sin hogar en el duro invierno burgalés, pero que ahora, además, es una puerta de entrada a un posible «proceso de acompañamiento, recuperación e inserción».
En sus inicios, gran parte de los usuarios del recurso eran personas locales de mediana edad, pero desde la pandemia las tornas han cambiado. Entre octubre de 2024 y abril de 2025, un total de 24 personas acudieron a la Unidad de Mínima Exigencia. Siete de ellos de nacionalidad española, a los que se suman once personas más de Medio Oriente y naciones árabes, 3 personas de Latinoamérica, dos de África y una europea.
«Los inmigrantes que llegan y se quedan en situación de calle cada vez son más jóvenes», apunta Polo, quien señala que «ahí radica el motivo de que se haya reducido tanto la edad media de los usuarios del servicio».
Todos ellos se encuentran en una grave situación de exclusión social, con grave deterioro personal y, en muchos casos, con problemas crónicos de salud. De hecho, un tercio de las personas que el pasado curso utilizaron el espacio se encontraban «con consumos activos o policonsumos» y también un tercio de ellos sumaba «problemáticas psicológicas, de personalidad o de salud mental», dando como resultado una «patología dual» muy «compleja de tratar», que «debería abordarse desde recursos de intervención psicosocial, que no tenemos y que, sin duda, es uno de nuestros mayores escollos», lamentó Polo.
Destaca además otro dato y es que un 25% de los usuarios tiene problemas de salud serios como VIH, diabetes, patologías cardiovasculares o infecciones y «uno de cada cinco tenía una discapacidad reconocida», señaló el responsable.
En definitiva, los usuarios se encuentran en una situación muy compleja que «en muchos casos viene derivada de una desestructuración personal consolidada a lo largo del tiempo, un evidente desarraigo familiar y de relaciones y la insuficiencia o carencia total de recursos económicos y laborales».
Un mapa de vida complejo que «requiere un trabajo importantísimo de los trabajadores de la unidad y de otros profesionales de los Servicios Sociales», apuntó Polo, quien señaló que, precisamente el pasado curso, la Unidad de Mínima Exigencia contaba con tres personas voluntarias, dos conserjes a tiempo completo, un coordinador educador social y los técnicos del programa de atención a personas en situación de sinhogarismo.
Durante el periodo de apertura, el 75% de los 24 usuarios utilizaron el recurso al menos durante una semana y la media de uso se sitúa en 54 días desde noviembre hasta el mes de abril, con un total de 1.452 pernoctaciones. En el espacio, las personas sin hogar tienen garantizada la cobertura de sus necesidades básicas, la acogida y el acompañamiento y la derivación a otros programas de atención.
De los 24 usuarios, únicamente dos personas eran mujeres y es que, tal y como señaló el coordinador, Cáritas trata de ofrecer una protección especial a féminas y jóvenes evitando que entren en este servicio que es de carácter comunitario y apostando por su inclusión en otros recursos como el albergue. «En algunas ocasiones ese objetivo no puede ser y tiene que quedarse en la UME, como es el caso de estas dos mujeres», apunta.
Las puertas de la unidad se abren a las nueve de la noche y los usuarios pueden pernoctar hasta las ocho de la mañana. «A partir de ese momento pueden quedar aproximadamente una hora más en las instalaciones de Cáritas para después ir a la casa de acogida de San Vicente Paul, donde las Hijas de la Caridad les proporcionan desayuno, almuerzo y cena», recuerda Polo.
Por su parte, la presidenta de la Gerencia de Servicios Sociales, Mila del Campo, recordó que el recurso nacía en 2012 «con el apoyo de la exconcejal del PP, Ana Lopidana» y que este 2025 «está dotado con 18.500 euros, un 3% más que en el curso anterior».
La concejal puso en valor el «inmenso e importante trabajo que Cáritas desarrolla con las personas sin hogar, ofreciendo calidez durante los meses más complicado del año».
Café calor
No hay que olvidar que además de Unidad de Mínima Exigencia, Cáritas también desarrolla desde hace años y de la mano de voluntarios el programa 'Café calor' con el que «se acerca algo caliente y mantas a las personas que están en situación de calle y que no quieren acudir a la UME».
Gracias a este programa, Cáritas tiene una ‘mapeo’ de las personas que pernoctan en las calles de nuestra ciudad. «Estas semanas se han hecho tres salidas y hemos identificado a una decena de personas, de las cuales ocho son conocidos de Cáritas y los dos restantes creemos que son personas nacionales de paso por nuestra ciudad», explicó Polo.