El Correo de Burgos

El Turno de Oficio de Violencia de Género como primera línea de apoyo

Hace dos décadas, el Colegio de la Abogacía de Burgos fue pionero en cumplir la nueva ley y activar este servicio. 160 letrados prestan una asistencia que se ha consolidado como pieza clave del engranaje institucional que lucha contra esta lacra. Respaldan a las víctimas en un momento de «vulnerabilidad total». Solo en 2025 han recibido casi mil avisos

Marina Villuela y Mónica Pérez, vicedecana y decana del Colegio de la Abogacía de Burgos.

Marina Villuela y Mónica Pérez, vicedecana y decana del Colegio de la Abogacía de Burgos.TOMÁS ALONSO

Publicado por
Burgos

Creado:

Actualizado:

Estar ahí cuando más se necesita. Cuando la desesperación aprieta y la incertidumbre toma las riendas. Cuando las decisiones clave están por tomar y una mano tendida puede marcar la diferencia. Desde hace veinte años, los letrados del Turno de Oficio de Violencia de Género de Burgos asumen este papel silencioso pero decisivo: el de quienes reciben la primera llamada, acompañan, cada vez más, desde la denuncia y, sobre todo, sostienen a las víctimas en sus horas más frágiles. Son la primera línea de apoyo, a cualquier hora del día, en comisarías o juzgados, allí donde se precise la asistencia de alguno de los más de 160 profesionales cualificados para actuar en un momento de «vulnerabilidad total».

Esta labor, que el Colegio de la Abogacía de Burgos comenzó a prestar de forma pionera en 2004 al ser uno de los primeros del país en acatar el mandato de la entonces recién aprobada Ley Integral contra la Violencia de Género, se ha consolidado en este tiempo como una pieza esencial del engranaje institucional que lucha contra esta lacra.

Los casi mil avisos que han recibido sin ir más lejos en lo que va de año evidencian que el servicio tiene sobrada razón de ser. Suponen cerca de una cuarta parte de las 4.200 llamadas de guardia en total acumuladas hasta noviembre y arrojan la nada desdeñable media de 2,8 al día.

La creciente demanda, sin embargo, no implica necesariamente que el problema social se agrave, apunta la vicedecana del Colegio de Abogacía, Marina Villuela, integrante además del Turno de Oficio de Violencia de Género. Puede, sencillamente, que el miedo a plantarse se diluya poco a poco y aquella punta del iceberg que reclamaba esta asistencia en un principio haya dado paso a la dimensión real de una situación a erradicar «entre todos». La batalla exige colaboración y firmeza. Lo primero no falta.

«Policía Nacional y Guardia Civil disponen de unidades especializadas que saben cómo abordar los casos que les llegan, que nos llaman en cuanto atienden a la víctima aunque no sea obligatorio, porque saben que nuestro apoyo es importante», celebra Villuela, con la esperanza de que esta práctica, ahora al albur de la buena voluntad de los agentes, pase a imponerse por ley.

Es de hecho una de las principales reclamaciones de los profesionales de este ámbito. Y es que ese acompañamiento jurídico temprano tiene un sentido profundo, pues ayuda a que la víctima comprenda los pasos que va a dar y evita omisiones o vacíos que pueden perjudicar el procedimiento. «El letrado se entrevista a solas con la víctima y a veces hay datos que, de no haber abogado, podrían pasar desapercibidos y pueden ser determinantes», apunta, para que la denuncia prospere y evitar sobreseimientos innecesarios.

Es en este punto cuando, con afán de desmontar bulos muy arraigados, Villuela recuerda que estos, los sobreseimientos, no implican, «ni mucho menos», que la acusación sea falsa. La realidad es contundente, asegura, y «conviene insistir» en que «las denuncias falsas son extraordinariamente residuales», por debajo del 0,1%, según los datos de Fiscalía.

Añade al respecto que el archivo de un procedimiento puede obedecer a distintas razones: que la víctima no ratifique su acusación por miedo, que en ese momento no existan indicios suficientes o que el proceso quede en pausa a la espera de nuevos hechos. «Pero nada de eso significa que lo denunciado no sea cierto», zanja, para subrayar la importancia de que la mujer llegue al juzgado acompañada, informada y con la fortaleza necesaria para sostener su relato sin verse arrastrada por presiones emocionales o externas.

De vuelta a la actividad en alza, la presión que entraña no recae solo en los letrados que prestan esta asistencia gratuita. La sufre con crudeza el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Burgos, más aún tras la última modificación legislativa, que ha ampliado sus competencias.

Si bien su puesta en marcha, hace ya quince años, se celebró como medida determinante para atender como es debido esta casuística, la acumulación de trabajo complica en ocasiones alcanzar tan loable objetivo. Los letrados que conocen el paño tienen clara la solución y la vicedecana del Colegio de la Abogacía lo resume sin rodeos: «El juzgado necesita mucho más medios, tanto personales como materiales. Necesita refuerzos».

El cuello de botella más serio lo padece el equipo psicosocial, del que depende la valoración de la situación tanto de las víctimas como de los menores implicados. En toda la provincia solo hay uno y el colapso es evidente. «Es una reivindicación eterna y transversal. Todos los profesionales la asumimos como propia, porque es una carencia evidente con graves consecuencias», señala Villuela, pues los informes que emite son herramientas clave para que el juzgado pueda adoptar decisiones rápidas y ajustadas a la realidad, fundamental especialmente en procedimientos donde «el tiempo corre en contra de la víctima», sin olvidar que los menores también lo son en estos casos.

Pese a las dificultades, hay avances incuestionables. «En términos generales, la sensibilización ha crecido. Hay mucha más empatía», celebra la letrada, para asegurar, por su propia experiencia, que, en este sentido, la diferencia con la realidad de hace veinte años, cuando este Turno de Oficio de Violencia de Género inició su camino, es «abismal».

De similar proporción es el trabajo de los abogados especializados que en este tiempo han prestado su saber y su hombro como soporte «las 24 horas, los 365 días del año». Una labor de la que la organización profesional que los representa está «especialmente orgullosa». En su nombre, de hecho, la decana de la entidad, Mónica Pérez Villegas, recogía el pasado 24 de noviembre en León el reconocimiento Meninas 2025, una distinción promovida por el Ministerio de Igualdad, a través de las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno, para poner en valor actuaciones que, en suma, contribuyen a combatir de forma «firme, coordinada y sin fisuras» la violencia de género.

En esta batalla, los abogados y abogadas de Burgos (aunque Villuela hace extensivo el homenaje a «todos los compañeros de Castilla y León») están a la vanguardia.

tracking