El Correo de Burgos

LOS NOMBRES DE ATAPUERCA. HOMO ANTECESSOR

La historia (completa) de cómo nació el nombre de Homo Antecessor

Bermúdez de Castro inaugura la semana en La Revuelta contando la historia de cómo, junto a Eudald Carbonell, pusieron nombre a una especie. Europeaus, Hispaniensis, Conditor, Viator, Macellarius fueron otras opciones además de boletus que comentó el académico de la RAE a Broncano.

Imagen de Homo antecessor creada por Mauricio Antón para el libro de Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro que narran su investigación.

Imagen de Homo antecessor creada por Mauricio Antón para el libro de Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro que narran su investigación.MAURICIO ANTÓN

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Este pasado lunes, el que fuera codirector de Atapuerca hoy académico de la RAE con el sillón K, José María Bermúdez de Castro, fue el primer entrevistado de la semana en el programa 'La Revuelta'. Un encuentro en el que, entre otras cosas, el paleontólogo explicó a David Broncano cómo surgió el nombre de la especie descubierta en la Gran Dolina en 1994. Apuntó al apelativo de Boletus, un viaje a Italia y una copa de vino. Hubo mucho más. 

Si el Cráneo 5 fue Miguelón desde que terminaron de extraerlo de la arcilla de la Sima de los Huesos ; Agamenón, el primer gran fósil de Atapuerca, era una referencia obligada a las inquietudes arqueológicas de Juan Luis Arsuaga y su equipo; el nombre de Homo antecessor se fue cociendo a fuego lento. El tiempo en el que todos los datos de campo confluían en la misma hipótesis: era una nueva especie. 

«Veíamos en los restos fósiles encontrados desde 1994 hasta la publicación de la nueva especie en Science en 1997 una combinación de características morfológicas que comparte con Homo sapiens, con el neandertal y rasgos más primitivos, era una combinación extrañísima que nos parecía algo nuevo, una nueva especie», explicaba el año pasado a este periódico José María Bermúdez de Castro. 

Que un equipo español en los años 90, con una «ciencia en pañales», planteara una nueva especie en el árbol genealógico de la evolución humana era un reto. No se había hecho desde 1964 cuando se definió la especie Homo habilis.

Un viaje por Europa de Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell fue clave para asentar la idea en la comunidad científica internacional que lo que habían descubierto en Atapuerca era una nueva especie. La participación en la UISPP (Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas) de 1996, celebrada en Italia, fue determinante para el nombre del nuevo Homo. 

En La Revuelta, Bermúdez de Castro comentó que pusieron el nombre en un papel en Italia con una copa de vino. Todo se desarrolló en Forlí, cerca del Monte Poggiolo. Tras una buena comida, con una copa de vino italiano sobre la mesa, se sondearon apelativos en un folio en blanco. «Los nombres que aludían al hecho de que se trataba de humanos pertenecientes a las primeras poblaciones de Europa occidental se acercaban a la idea que nos rondaba la cabeza», explican en su libro 'Homo antecessor: El nacimiento de una especie' ambos codirectores de Atapuerca hasta este año y autores de la nomenclatura de la especie de Gran Dolina. 

Varios fueron los nombres que esa cena en Forli se registraron en una hoja que aún conserva Bermúdez de Castro. Entre los nombres de ese folio en verde las referencias gastronómicas (por aquello del rasgo de antropofagia que presentaban los restos hallados). Así, Mytilus (mejillón), boletus y edulis (comestible), encabezan la lista. 

Algunos se cuelan como lascivus (juguetón) o, en clara referencia al canibalismo, aparecieron términos como macellarius (carnicero o vendedor de carne). Pensaron en referencias geográficas como Europaeus o Hispaniensis por ser el primero del continente o la referencia nacional, pero nunca se pensó en una identificación del lugar como Heidelbergensis (hallado en la localidad alemana de Heidelberg) o Georgicus (homínido localizado en Dmanisi, localiad de Georgia). 

«En Burgos nos reprochan no haber elegido un nombre local, pero en los 70 y 80 se puso de moda en las especies africanas nombres más poéticos y simbólicos, que recuerden más a la especie que a su procedencia, y, además, los nombres locales han tenido poco éxito. Teníamos que buscar un nombre universal y cargado de simbolismo», reconoce Bermúdez de Castro. 

La realidad es que el primero de los nuestros era un enfoque que, desde el principio, rondaba al equipo. Y así llegaban otros apelativos como dilocolum (amanecer), viator (viajero), antecessor, antecessoris (explorador), conditor (fundador)... En ese viaje a Fordí no se concretó ningún nombre a la nueva especie de homínidos. Se cerró la noche con un trago de vinagre de Módena, por error, y muchas risas. Pero la idea estaba latente. 

«Cuando llegué a Madrid miré en el diccionario de Latín los significados, vi que antecesor significaba pionero, explorador, así nombraban a las patrullas de los ejércitos de la Antigua Roma que reconocían los territorios a conquistar y me gustó porque eran los fósiles más antiguos que había entonces, los primeros en llegar», explica. 

En el Despacho 5 del Departamento de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Luis Arsuaga, Ana Gracia y el resto del equipo seguían analizando los huesos de los cráneos localizados en la Sima de los Huesos entre 1993 y 1995. Su compañero Bermúdez de Castro les anunció el nombre que estaba pensando para la nueva especie de Gran Dolina. 

«Al ver la cara de aceptación de Ana y los demás, supe que habíamos dado en el clave», explican Carbonell y Bermúdez de Castro en el libro. «Fue un momento mágico, porque nadie dijo nada en contra. Expliqué el significado del término en latín y el beneplácito fue rotundo», relatan. 

Así, se apostó por un nombre con fuerza, simbólico, sonoro y que, 30 años después, ya se ha asentado entre lso científicos, en la sociedad y en Google. Teclear su nombre en el buscador más popular de la red dirige a cerca de 12 millones de referencias en Internet. Ya está en los libros de texto y las proteínas han determinado su relación con neandertales y sapiens (que habían referido por sus rasgos anatómicos) y las sorpresiva relación genética con los denisovanos. 

Del explorador de hace 850.000 años hay 180 restos, colección que se ha empezado a ampliar en las últimas dos campañas. La mayoría de ejemplares inmaduros y todos canibalizados. Algunos de esos restos tienen nombre propio (la cara de la Chica de la Gran Dolina, la mandíbula de Jimena, el húmero de Rafa...) y, también, tienen su historia. Pero todos son Homo antecessor

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