Roscones de Reyes «de autor» y un panetone solidario de más de 3 kilos
A destajo en Navidad y aumentando las ventas gracias al «boca a boca», pastelerías burgalesas como El Cid Delicatessen reivindican la elaboración artesanal «de principio a fin»

Félix Ángel Dieste, de El Cid Delicatessen, con un roscón de Reyes recién hecho.
El cansancio aflora pero no hace mella. Tiempo habrá después de Navidad para «descansar y retomar nuevos proyectos». Hasta entonces, Félix Ángel Dieste y Begoña Benito permanecen día y noche atendiendo pedidos, con su pequeño obrador plenamente operativo, para endulzar las fiestas a la clientela de El Cid Delicatessen. Apenas dan abasto, aunque al final consiguen sacar adelante la enorme carga de trabajo que han de soportar en estas fechas.
El principal reclamo estos días es el roscón de Reyes, que comercializan únicamente por encargo. Manos a la obra desde el 1 de enero, el volumen de ventas se ha incrementado considerablemente gracias al «boca a boca». Lo mismo sucede con otros productos, típicos o no de la Navidad, pero lo cierto es que la demanda de esta elaboración «de autor» se dispara exponencialmente y no queda más remedio que esmerarse a fondo.
Cada ingrediente es fundamental para que el resultado final sea impecable. Harina, huevos, mantequilla, leche, miel, canela... Y agua de azahar, la «esencia» de un roscón artesano que «pasa por nuestras manos de principio a fin».
«Todos los ingredientes son naturales», señala Dieste sin olvidarse de la ralladura de naranja y ese ligero toque de ron indispensable que sirve para «dar sabor». La clave, asegura, está en los «matices». Nada que ver con los roscones que se venden en cualquier supermercado, «probablemente hechos meses antes» y a todas luces artificiales en comparación. Aparte, la principal diferencia reside en que «ofrecemos un bollo que está igual de bueno varios días después».
Tampoco podían faltar, tras el éxito de la navidades pasadas, los panetones de El Cid Delicatessen. A las propuestas marca de la casa (Lotus, Kinder, doble chocolate, pistacho y cítricos) se sumó, de cara a Nochebuena y Nochevieja, una «variedad exclusiva» de bombón mandarino sin relleno cuyo sabor impregnaba la propia masa.
A mayores, Dieste y Benito cumplieron un reto que tenían en mente desde hacía tiempo: elaborar un panetone solidario de más de 3 kilos. Gracias a una rifa antes de la Lotería de Navidad, recaudaron fondos a favor de la Protectora Redención de Soria, con la que mantienen una relación muy cercana desde que decidieron adoptar a tres perros.

Panetone solidario a favor de la Protectora Redención de Soria.
Lo curioso del asunto es que el ganador del sorteo es celiaco. «Me da rabia porque el afortunado no lo pudo probar», reconoce Dieste. Aun así, sus familiares dieron buena cuenta del panetone y más de uno acudió posteriormente a la tienda para «comprar más productos».
Por si no tuviesen bastante jaleo en su establecimiento de la plaza Vega, hace unos meses abrieron otro local en la Plaza Mayor. Centrados en la heladería durante el verano, Dieste y Benito apostarán a partir de la próxima temporada por los «productos habituales». De cara a estas fechas, han ampliado la oferta con roscones, panetones y trufas para que «la gente no se tenga que desplazar hasta la otra tienda».
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Consciente de que esta nueva línea de negocio está todavía por «explotar», Dieste se fija como meta «ganar a la clientela exigente del centro». A partir de ahí, confía en «ir creciendo poco a poco» para que ambos establecimientos se retroalimenten. De momento, se siente «orgulloso» de contar con una «gran base» de «clientes satisfechos» que repiten y, sobre todo, «nos recomiendan».
A punto de concluir una de las épocas más extenuantes del año, el gerente de El Cid Delicatessen experimenta una «sensación agridulce». Por un lado, está deseando bajar el ritmo porque casi no duerme. Por otro, le apena dejar atrás esta temporada de máxima actividad. Desearía, incluso, que las fiestas «duraran más tiempo».
En ningún caso se plantea exprimir la gallina navideña de los huevos de oro. Podría hacer panetones y pandoros durante todo el año y seguramente se los quitarían de las manos, pero eso supondría «devaluar» dos productos a los que dedica innumerables horas de trabajo. Lo que sí hace es ponerlos a la venta mes y medio antes. Y sus clientes, sobre todo los italianos que residen en Burgos, se lo agradecen sobremanera.