La Universidad de Burgos impulsa 40 startups y 9 spin-off con su programa de emprendimiento

UBUEmprende cumple 18 años con unos resultados que invitan a continuar con 40 startups y 9 spin-offs. El proyecto de futuro pasa por crear un vivero de empresas que conecte la investigación universitaria con el mercado

Foto de familia de los estudiantes de la UBU que participaron en Países Bajos en el Festival RUN-EU Entrepreneurship. ECB

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«La idea de emprender y de crear una empresa sonaba rarísima hace 18 años en el entorno académico, más centrado en la investigación o en la docencia». Son palabras de Miriam López Fernández, una de las responsables actuales del programa UBUEmprende que, impulsado desde la Oficina de Transferencia de Resultados de la Investigación (OTRI-OTC), alcanza su mayoría de edad con 40 empresas que han sido reconocidas como startups y 9 como spin-off de la Universidad de Burgos.

Poco a poco, con acciones de «siembra lenta», la cultura emprendedora se ha abierto paso en la Universidad de Burgos. Desde su puesta en marcha en 2008, la iniciativa ha trabajado para acercar el conocimiento académico al mercado, superando una barrera inicial clara: la distancia entre la investigación y la empresa. «Durante años costaba que los investigadores se plantearan montar una empresa o comercializar sus resultados», explica López, que destaca que esa mentalidad está cambiando progresivamente.

En la actualidad, el programa combina formación, asesoramiento y contacto directo con empresas para ayudar a estudiantes e investigadores a validar la viabilidad de sus proyectos. Solo el pasado año se crearon siete empresas vinculadas a la Universidad de Burgos —dos spin-off y cinco startups— y participaron cerca de 700 personas en las distintas iniciativas.

Uno de los ejes clave es evitar que las ideas se queden en el ámbito académico. «No queremos que un proyecto se quede en un trabajo fin de grado en una estantería, sino que pueda tener recorrido en el mercado», subraya López.

Para ello, programas como ‘Rocket to Market’ ponen en contacto a los investigadores con empresas, que aportan feedback real sobre la utilidad de los productos o servicios en desarrollo.

No hay que olvidar que es desde el ámbito empresarial desde el cual las ideas pasan a la producción, porque puede haber resultados de una investigación «muy costosos» en los que puede hacer falta una nave, una maquinaria, que un investigador de primeras no se puede permitir. En este sentido, la comunicación entre el ámbito universitario y el empresarial tiene que ser abierta y constante.

Una de las primeras iniciativas que se puso en marcha, hace 17 años, fue la de prototipos orientados al mercado. Cada año se seleccionan a 6 estudiantes que están con sus trabajos de fin de grado o máster, que tienen un prototipo que podría tener salida en el mercado y participan en distintas tutorías, actividades para conocer la viabilidad de sus ideas.

La novedad de la Fábrica de Videojuegos

Además, también se añaden nuevas actividades, como es la ‘Fábrica de videojuegos’, orientada a un sector en crecimiento, ya que recientemente se ha puesto en marcha el grado en diseño de videojuegos. «La idea es que los estudiantes se involucren desde el inicio en la creación de un videojuego», explica Miriam López. Desde febrero a agosto se va a producir una ‘demo’ y va a haber sesiones más técnicas y prácticas de cómo llevar un videojuego a la empresa.

El programa también fomenta el emprendimiento a través de concursos como Campus Emprendedor —de ámbito regional— o los premios Santander X Spain Awards, que aportan financiación a los proyectos más prometedores.

Pese a los avances, López reconoce que el reto sigue siendo importante, especialmente en la supervivencia de las empresas. De las nueve spin-off creadas en la UBU, solo unas pocas continúan activas como tales, aunque algunas han evolucionado posteriormente como empresas independientes.

Los proyectos surgidos son cada vez más diversos, desde iniciativas tecnológicas o de inteligencia artificial hasta propuestas en salud, marketing, patrimonio o incluso imágenes con drones. «El emprendimiento ya no es solo cosa de ingenierías o económicas; puede surgir desde cualquier disciplina», destaca.

Para las empresas participadas por personal docente, universitarios o egresados, ser reconocidas como spin-off o startup permite obtener una visibilidad, participar en premios, obtener asesoramiento personalizado, planes de negocio, así como buscar investigadores que les apoyen e incluso tener un pequeño espacio que sirva de sede u oficina.

Vivero de empresas

La vicerrectora de Investigación, Transferencia e Innovación de la UBU, Verónica Calderón, explica los planes del equipo rectoral de desarrollar un vivero de empresas porque se considera un «proyecto estratégico». Asegura que es interesante reunir en un espacio distintos proyectos para crear «un caldo de cultivo» que les permita colaborar y seguir formándose.

Calderón opina que es un buen momento para progresar hacia este proyecto en un momento en el que el programa UBUEmprende está «tan consolidado». Destaca también la creación de redes entre estudiantes y profesorado de distintas facultades; les permite «enriquecerse», por ejemplo, obtener asesoramiento legal o en la parte financiera.

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La vicerrectora resalta las iniciativas que están surgiendo vinculadas al tercer sector, organizaciones sociales, desarrollando prototipos que ayuden a mejorar su calidad de vida. «Tenemos el Instituto Biosanitario, que una de las misiones que tiene es esa creación de pequeñas empresas tecnológicas que devienen de proyectos de investigación conjuntos entre el Hospital Universitario y la Universidad de Burgos», comenta.