Aprender lengua de signos en el HUBU. Así se prepara el hospital para atender a pacientes sordos

El Hospital Universitario de Burgos (HUBU) ha puesto en marcha un curso piloto de lengua de signos para sus profesionales sanitarios. La formación, impartida por Aransbur, ha permitido a los participantes adquirir herramientas básicas para comunicarse con personas sordas en consultas, urgencias y situaciones de emergencia. Valoran repetir y ampliar la iniciativa, pionera en Castilla y León.

Imagen de una de las clases del curso de lengua de signos a profesionales sanitarios celebrado en el HUBU.© TOMÁS ALONSO

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La comunicación entre médico y paciente es clave para lograr un buen diagnóstico y una correcta prescripción médica. El paciente debe escuchar con atención para afrontar el miedo ante un diagnóstico y comprender bien qué debe hacer para mejorar. Cuando al otro lado de la mesa del consultorio se encuentra una persona sorda, todo el proceso puede pender de un hilo. «La comunicación es fundamental, y más en salud. Si algo falla, el problema que presenta el paciente se puede agravar», explica la intérprete de lengua de signos de Aransbur, Conchita García.

Para quienes trabajan con personas sordas, resulta fundamental que sectores críticos como la sanidad o la seguridad «tengan unas nociones básicas por si se presenta una situación de emergencia en la que la persona sorda no tiene acompañante o intérprete, para que pueda al menos dar sus datos personales, ser atendida y recibir una mínima explicación que le permita tranquilizarse ante la angustia de la incomunicación que sufre en situaciones críticas, como puede ser una emergencia sanitaria», sostiene.

Con esta idea, se planteó a la Gerencia del Hospital Universitario de Burgos (HUBU) la posibilidad de poner en marcha un curso de lengua de signos dirigido a profesionales sanitarios. «Hicimos una exposición en la galería del HUBU y lanzamos la propuesta. Fue un momento en el que ellos tomaron conciencia de esta situación y, tras darnos el visto bueno, estamos muy satisfechas por la gran aceptación que ha tenido», señala.

Curso pionero en Castilla y León

La pionera actividad en Castilla y León consistió en un curso básico de 20 horas, celebrado a finales del mes de abril en las propias instalaciones del hospital. Se presentaron 50 solicitudes, aunque la formación requiere grupos reducidos para poder aprovechar al máximo los contenidos. Los profesionales sanitarios entienden que superar esta barrera de comunicación con el paciente sordo, especialmente ante una emergencia, es clave. También para evitar el doble tiempo de espera que puede suponer conseguir una cita con el médico y, además, disponer de un intérprete.

Así que la idea es ir más allá. «El curso se ha realizado a nivel interno del HUBU, a modo de pilotaje. Tenemos intención de expandirlo para que el resto de profesionales del área puedan tener la oportunidad de aprender esta lengua», explican desde el centro hospitalario, satisfechos con la iniciativa. Desde la entidad señalan que el interés ha sido elevado, a pesar de tratarse de una formación añadida a la jornada laboral de los profesionales sanitarios, entre los que, remarcan, «hay una implicación máxima y mucho interés por aprender».

«La interacción con personas sordas es compleja, tiras de escritura, gestos y lectura labial»

Entre quienes han participado en el programa se encuentra la médica especialista en Otorrinolaringología Cristina Martínez Ausín. Se apuntó a las jornadas de formación porque «siempre me ha llamado la atención esta forma de comunicación, centrada en la expresión no verbal, menos convencional que otras lenguas, pero al final, por falta de tiempo, fui posponiendo su aprendizaje y, cuando vi este curso, me pareció una oportunidad perfecta», remarca.

Profesionales sanitarios durante el curso impartido por Aransbur.© TOMÁS ALONSO

Reconoce que, cuando se encuentra con un paciente sordo, la comunicación depende de su grado de sordera y de si utiliza o no comunicación verbal. Si la pérdida auditiva es leve, puede solventarse con audífonos o implantes cocleares, que permiten una buena comunicación oral. El problema aparece con aquellas personas cuya única vía de comunicación es la lengua de signos. Cuando se ha encontrado con estos pacientes en la consulta, reconoce que «siempre me ha resultado compleja la interacción. He recurrido a la escritura, a emplear gestos más o menos universales o a vocalizar con claridad para facilitarles la lectura labial».

Un parche que trata de solventar participando en este curso de Aransbur, cuyas clases considera que han sido «muy dinámicas y enriquecedoras». La formación se ha organizado con dos profesoras de Aransbur: Conchita García y Elena Hermoso. Además de impartir los contenidos, ambas han trasladado a los sanitarios las situaciones reales a las que se enfrentan las personas sordas en los centros de salud.

«Han sido nociones básicas: contacto visual, lectura labial, expresividad y vocabulario básico»

«Han podido conocer las necesidades reales. No solo han aprendido algunos consejos, como mantener el contacto visual, facilitar la lectura labial o ser más expresivos sino como se encuentra la persona sorda ante cosas a las que los oyentes nos pasan desapercibidos», explican.

La formación se ha centrado especialmente en aprender los verbos básicos, el vocabulario sanitario, la solicitud de datos personales, cómo formular preguntas, los días y los meses, para algo tan sencillo como comunicar directamente y mirando a los ojos la fecha de la próxima consulta o de la revisión que deba realizarse.

Una actitud empática que reduce la vulnerabilidad y la ansiedad del paciente que no puede comunicarse con facilidad y que, en ocasiones, tampoco comprende correctamente lo que le están diciendo.

«Hemos preparado una primera base teórica y después la práctica, y hemos facilitado materiales para que puedan mantener el uso y profundizar un poco por su cuenta, porque la lengua de signos, como todos los idiomas, si no la usas se acaba olvidando», puntualiza García.

Los sanitarios que han participado han podido mejorar su expresión no verbal y, sobre todo, ganar confianza. «Es una manera de conseguir herramientas prácticas que me serán útiles para atender a pacientes con dificultades auditivas que, en mi especialidad, es donde suelen acudir, y estos conocimientos me serán especialmente útiles», señala la otorrinolaringóloga Cristina Martínez Ausín. Reconoce que tendrá que seguir practicando de manera constante para no olvidar lo aprendido, aunque admite que no es sencillo.

Dificultad en coordinación y velocidad

«Entre lo más complicado ha estado la coordinación y la velocidad. Es necesario movilizar ambas manos con agilidad para que el mensaje sea fluido y tenga sentido», destaca. El truco está en combinar la estructura gramatical de la lengua de signos, que es diferente de la lengua oral, con la expresión facial y corporal. «No es solo mover las manos. El significado de muchos signos puede cambiar según la expresión facial que los acompañe y eso es una dificultad», explica Martínez Ausín. Un curso que considera una introducción. «Me gustaría seguir formándome y practicar de manera más constante, porque aprender la lengua de signos no es solo adquirir una habilidad nueva, supone abrir una puerta a una forma diferente de entender la comunicación», añade.

El reto ahora es ampliar estos cursos para cubrir la demanda de sanitarios interesados y extender la iniciativa más allá del HUBU. «Esta iniciativa es pionera en Castilla y León. No tengo constancia de un curso de este tipo en otros hospitales de la región. Ofrecer en el mismo centro un curso a sus profesionales en su propio centro de trabajo es útil para ellos y para nosotros es muy necesaria», señala desde Aransbur Conchita García.

«Espero y deseo que, una vez se tenga en cuenta la valoración del alumnado y del equipo directivo, se puedan llevar a cabo más cursos, ahondar en la especialización de quienes ya han comenzado y poder llegar también a Atención Primaria, que es otro foco importante al que se acude diariamente», añade.

La entidad también realiza cursos de formación en la Universidad, con certificados A1, A2 y B1, al igual que ocurre con otros idiomas. Además, se imparten cursos de este tipo abiertos a la ciudadanía en los Centros Cívicos de Capiscol y San Agustín. Durante el mes de julio, Aransbur ofrece en sus instalaciones jornadas intensivas de dos semanas, especialmente útiles para padres o familiares de personas sordas. A estas sesiones también pueden acudir profesionales de la sanidad, las emergencias o la Administración. Son precisamente los espacios públicos donde las barreras de comunicación pueden resultar más angustiosas para las personas sordas y complicar procesos cotidianos que cualquier otra persona realiza con normalidad.

La discapacidad invisible

«La sordera es una discapacidad invisible. Es tan frustrante el aislamiento que provoca y, en cuestiones más fundamentales, se agrava hasta quedar expuesta una gran vulnerabilidad que las personas oyentes no percibimos», insisten desde Aransbur.

Los participantes han agredecido el contenido dinamico de la actividad.© TOMÁS ALONSO

En el ámbito sanitario, la administración cuenta con un servicio de intérprete, gestionado a través de la Asociación Fray Ponce de León, y, en caso de no disponer de personal, se recurre también a Aransbur. Pero hay momentos en los que no existe un intérprete disponible: los fines de semana, por las noches, donde se mantiene atención en el PAC de urgencias del Divino Valles o en las urgencias hospitalarias.

«La persona sorda llega y, hasta que contacta con un familiar o un intérprete, todo se complica y la impotencia y la angustia aumentan mucho», señalan. Entre las dificultades que afronta este colectivo se encuentra la atención en urgencias después del triaje. «La llamada se hace por un interfono. Si la persona sorda está sola, no escucha que le llaman», señala García. La solución puede ser tan sencilla como comunicar desde el momento de la llegada a Administración que se trata de una persona sorda y que necesita que se le avise personalmente.

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También existen dificultades en la comunicación en ventanilla. Si la persona acude a Administración, desde el otro lado se suele bajar la cabeza para leer lo que se le entrega y, al hablar en esa posición, la persona sorda no puede comprender bien lo que se le está diciendo. «Al final, se trata de ofrecer unas nociones básicas de atención y lenguaje que pueden solventar muchas situaciones de angustia», señalan. Una empatía que ayuda a romper barreras de comunicación ante una discapacidad prácticamente invisible.