La planta que llevaba décadas floreciendo en Burgos y escondía una nueva especie
El empeño de Pablo Barbadillo con este salsifí se ha convertido en un hallazgo publicado en una revista botánica de referencia mundial. Se trata de una planta urbana que crece hasta en las grietas del pavimento, pero lo hace solo en la capital y en poblaciones del Alfoz a unos 20 kilómetros a la redonda, que florece desde la primavera hasta finales del otoño

Tragopogon macrorhizus, con flores amarillas, en una parcela de la capital burgalesa.
Tragopogon macrorhizus. Conviene quedarse con este nombre porque, desde este año, forma parte oficialmente del catálogo mundial de la flora. Corresponde a una nueva especie botánica descubierta en Burgos, donde llevaba décadas creciendo entre cunetas y descampados sin que nadie hubiera advertido que era distinta del resto. Nadie, salvo Pablo Barbadillo.
Este profesor de Ciencias Naturales, ya jubilado, llevaba más de veinte años convencido de que aquel salsifí urbano escondía algo extraordinario. Lo que comenzó como una intuición terminó convirtiéndose en un descubrimiento científico publicado en una de las revistas de botánica más prestigiosas del mundo.
‘Botanical Journal of the Linnean Society’ ya recoge entre sus páginas este trabajo que partió de la curiosidad de Barbadillo, que figura como uno de los cinco coautores del artículo, cuya investigación ha sido dirigida por el profesor Víctor Suárez-Santiago y desarrollada por científicos de los departamentos de Botánica y Química Analítica de la Universidad de Granada. El equipo de cinco autores se completa con Gabriel Blanca, Patricia Roca-Villanueva y María del Carmen Villegas-Aguilar.
La especie llevaba al menos desde 1989 recogida en herbarios burgaleses, pero estaba mal identificada. Y Pablo Barbadillo cada primavera veía estas ‘barbas de chivo’, como se conoce coloquialmente a esta planta de la familia de las asteráceas, creciendo en cunetas, solares abandonados e incluso brotaba de cualquier grieta sobre el asfalto, porque sorprendentemente es una planta urbana.
Sin embargo, había algo que no encajaba. «Ni el tamaño, ni el número de brácteas, ni la espectacular raíz coincidían con las descripciones de la especie con la que todos los botánicos la identificaban», explica el botánico burgalés. «Esto no es un Tragopogon pratensis, ni de coña», recuerda que pensó entonces. Con el apellido pratensis aparecía recogida en las claves botánicas utilizadas habitualmente en Castilla y León.
Su primera hipótesis ni siquiera fue que estuviera ante una especie nueva. Pensó que quizá se trataba de una planta europea introducida accidentalmente en España y que todavía había pasado inadvertida para los especialistas.
Aquella intuición, mantenida durante años, acaba de recibir el mayor respaldo posible. Porque no es habitual que se describa una nueva especie; realmente se puede considerar un acontecimiento científico. El profesor aporta el dato de que en la Península Ibérica se pueden dar descubrimientos de este tipo «del orden de uno o dos cada tres años».
Convencido de que algo no cuadraba, en 2014 Barbadillo se animó a remitir varios pliegos al equipo de la Universidad de Granada, considerado una referencia internacional en el estudio de este género botánico, que incluía entonces diez especies ibéricas conocidas. Durante años, aquellas muestras permanecieron archivadas hasta que el investigador Víctor Suárez-Santiago procedió a una segunda revisión. Su reacción fue inmediata: «Aquí hay algo raro», pensó, según cuenta Barbadillo.
A partir de ese momento arrancó la investigación que llevó a los científicos hasta Burgos para recolectar material fresco, guiados por el propio profesor burgalés. Visitaron en un par de días diversos puntos de la capital y alrededores, y «se llevaron cerca de 50 kilos de plantas», recuerda entre risas el botánico burgalés al evocar aquellos días de trabajo de campo.
La combinación de análisis morfológicos, secuenciación genómica y estudios fitoquímicos acabó demostrando que aquella planta no era una variante de otra conocida, sino una especie completamente nueva.
Lo llamativo es que este descubrimiento no se ha producido en un enclave remoto ni en una montaña apenas explorada. Tragopogon macrorhizus, que no tendrá nombre coloquial, crece en lugares cotidianos. Son hábitats ligados a la actividad humana, conocidos en botánica como «ambientes sinantrópicos».
Su nombre hace referencia a uno de sus rasgos más característicos: una enorme raíz leñosa, muy superior a la del resto de salsifís ibéricos y una de las primeras pistas que hicieron sospechar a Barbadillo de queera diferente.
La capacidad de adaptación de esta planta explica que haya pasado de ser muy escasa hace apenas unas décadas a convertirse en una especie extraordinariamente abundante en la ciudad. Hoy se cuentan por miles los ejemplares repartidos por Burgos y también se han localizado poblaciones en municipios del alfoz como Villayerno Morquillas, Quintanadueñas, Sotopalacios, Quintanilla Vivar, Tardajos, Sarracín, Ibeas de Juarros o Quintanapalla. Por ahora, no se ha confirmado su presencia en ningún otro lugar del mundo.
Precisamente, esa rápida expansión constituye ahora uno de los principales interrogantes científicos. La planta florece y fructifica desde comienzos de la primavera hasta finales del otoño, resiste las siegas repetidas y es capaz de reproducirse tanto por semillas como mediante los brotes que nacen de su potente raíz. Todas esas características apuntan a un elevado potencial colonizador e incluso a un posible comportamiento invasor, pero harán falta nuevas investigaciones para seguir desvelando el misterio.
Burgos conservará además un testimonio permanente de este descubrimiento. Los pliegos tipo y paratipo utilizados para describir oficialmente Tragopogon macrorhizus pasarán a formar parte de la colección del Museo de Ciencias Naturales del Instituto López de Mendoza, acompañados de un panel divulgativo que explicará la historia de una planta que nadie imaginaba que era completamente nueva para la ciencia.

Tragopogon macrorhizus, con flores amarillas, en una parcela de la capital burgalesa en la calle Pozanos.
Detalles de la nueva especie botánica

Tragopogon macrorhizus, con flores amarillas, en una parcela de la capital burgalesa.
Detalles de la nueva especie botánica

Tragopogon macrorhizus.
Detalles de la nueva especie botánica

El capítulo fructificado, un conjunto de aquenios (cipselas) con vilano.
Detalles de la nueva especie botánica

Composición del Tragopogon macrorhizus.
Detalles de la nueva especie botánica

Detalle de la flor del Tragopogon macrorhizus.
Detalles de la nueva especie botánica

Raíz del Tragopogon macrorhizus, cuyas características han contribuido a dar nombre a la nueva especie.
Detalles de la nueva especie botánica

Parte del equipo investigador durante su estacia en Burgos: Gabriel Blanca, Pablo Barbadillo y Víctor Suárez-Santiago. El equipo se completa con Patricia Roca-Villanueva y María del Carmen Villegas-Aguilar.