Las olas de calor derriten el eclipse. Los hoteles suman un «mal verano» en Burgos
La «permisividad a plataformas con oferta ilegal, hace mucho daño especialmente en el medio rural» que registra un millar de plazas menos que en agosto del año pasado

Dos turistas abandonan la ciudad de Burgos al día siguiente del eclispe.
Un mal verano. Es la sentencia de los alojamientos en Burgos. Las olas de calor han derretido el efecto del eclipse que se concentró en tres días de lleno total, pero que «no ha logrado mejorar más que unas décimas en la capital y no levantan el territorio provincial porque ha sido un mal año», asegura el portavoz del área hotelera en la Federación Provincial de Hostelería de Burgos, Luis Mata.
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Al sector no le han sorprendido los datos que arroja la estadística de ocupación en el octavo mes. Tienen una fecha testigo para determinar la bonanza o no del periodo estival: el 15 de agosto. «Es la típica jornada que genera un puente en el que unos se van, otros vienen de vacaciones, hay quien disfruta del descanso, todo el mundo suele estar fuera y normalmente no hay una habitación libre en la ciudad, y más si es de paso como Burgos, pero este año todos los establecimientos tenían plazas libres», detalla.
El mes de agosto dejó en la urbe un suave incremento de 390 pernoctaciones más que hace un año. Cayó la cifra de turistas nacionales y la de extranjeros subió por los días centrales del eclipse hasta sostener la cifra del sector local en 89.995. Pero «es un incremento muy ligero que no salva el mes y muchísimo menos el verano», sentencia el portavoz de la patronal en la demarcación burgalesa. «Si no hubiera sido por el eclipse, que esos tres días principales hubo un lleno absoluto tanto en la ciudad como en las comarcas, no se salva la caída del 2% del resto de agosto que, en definitiva, es en lo que nos preocupa».
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Resultado que, si bien remonta el balance del mes, no tira de toda la época estival. La situación de los negocios hoteleros burgaleses estuvo marcada por un julio «horrible». La comparación con el mismo mes del año pasado está condicionada por el impacto de la Dance World Cup, lo que tergiversa la tendencia por un acontecimiento concreto. Si se contrasta con julio de hace dos años, sin grandes eventos que condicionen la estadística, «fue mucho peor». Este año se registraron 76.404 noches de alojamiento en Burgos, casi diez mil menos que el ejercicio anterior, suponiendo una caída que supera el 6% respecto a las cifras de hace dos temporadas, cuando se alcanzaron las 81.542 pernoctaciones.
El porqué de este descenso del rendimiento turístico es algo que «nos deja desorientados; ya el año pasado vimos que había problemas, ahora lo constatamos y, aun con tasas muy bajas, no remontamos», remata. Las razones parecen moverse entre imponderables como el clima y otros factores coyunturales como la inflación.
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Sobre lo primero, los empresarios reconocen que «las olas de calor nos están sangrando visitas en verano hacia las zonas de interior», matiza. El viajero madrileño sabe lo que es pasar agobios térmicos y no poder salir a la calle hasta las siete de la tarde. «Venir a Burgos a pasar media tarde en el alojamiento no es algo atractivo y, para eso, se quedan en casa», señala. Pero es que, ante ese panorama, «el visitante prefiere pagar más, aunque sea el doble, ir a un sitio con playa donde refrescarse y nuestra cercanía con Cantabria es un hándicap», reconoce.
Por otro lado, poniendo el foco en la caída del turista español, los profesionales creen que «la pérdida de poder adquisitivo por la inflación, encarecimiento de la cesta de la compra o los precios de la vivienda hace que los bolsillos no estén para fiestas». Observa que es «algo muy parecido a lo que vivimos con la crisis económica y mucho me temo que se podría estar gestando otra», vaticina.
Sobre el retroceso de plazas en el mes de agosto, la Federación pone el foco en la pérdida de rentabilidad ante una oferta que no juega con las mismas reglas. «Cuando se permite a las grandes plataformas turísticas ofrecer viviendas ilegales, haces daño al sector, pero en la capital podemos salvar algo; a quien más penalizas es al entorno rural, que pierde rentabilidad y donde se han registrado cierres», lamenta. Los datos del INE reflejan que si en la ciudad han abierto seis establecimientos menos este agosto, en la provincia el descenso alcanza el 10%. Son 71 habitaciones menos en la zona urbana y caen seiscientas en el conjunto provincial, que pierde 1.141 plazas en un año frente a las 117 de la capital. El sector espera más promoción para los próximos meses, aunque septiembre empieza compensando ligeramente la situación por el momento.