Los tecnologías se asientan entre las adicciones en jóvenes y entra el vaper
Tres de cada diez jóvenes llegan a Proyecto Hombre por el abuso en el uso de las nuevas tecnologías. Se cuela el vaper en adicciones con sustancia. «Las familias tienen mayor conciencia cuando hay un problema».

Ocho de cada diez chicos de entre catorce y veintiún años afirma consumir pornografía.
La radiografía de las adicciones se ha complicado con el paso del tiempo. Proyecto Hombre ha sido testigo de ello en los últimos 35 años. Y los resultados del último ejercicio de trabajo así lo confirman. Se ha atendido a 4.277 personas de ellos. Del total, 864 personas son adultas mientras que 3.414 son jóvenes menores de 21 años. El mayor grueso tiene que ver con las acciones de prevención de la entidad con 2.677 jóvenes a quienes se les ha lanzado el mensaje de que el abuso de sustancias o tecnología esconden otros problemas y pueden generar muchos más.
En concreto son 328 los jóvenes atendidos de manera directa y con ellos 409 familiares. En tres de cada diez casos los problemas afloran por las adicciones a las nuevas tecnologías. «No hablamos técnicamente de adicciones, sino de un uso intensivo o problemático al que las familias están más atentas, tienen una mayor conciencia de que pueden estar ante un problema y no hay miedo a pedir ayuda», señala la directora de Proyecto Hombre Burgos, Marta González.
La actitud ante estas dependencias ha cambiado. No se esconden. Y también ayuda que «los jóvenes tienen una mayor sensibilidad a hablar de sus emociones, son más conscientes de los problemas y ponen nombre a lo que les pasa porque, para ellos, la salud mental ya no es tabú como lo fue en otras épocas», añade.
Aunque las adicciones con y sin sustancia mutan, cambian y se transforman. «La realidad de las adicciones es hoy mucho más compleja que hace unos años. Seguimos atendiendo problemas relacionados con el alcohol, la cocaína o el cannabis, pero cada vez encontramos más situaciones en las que confluyen dificultades emocionales, problemas de conducta, juego patológico, uso problemático de la tecnología o situaciones de vulnerabilidad social», remarca González. .
Un claro ejemplo de esta situación es el programa de Atención a Jóvenes donde no sólo hay un problema o una adicción sino muchos factores que llevan a toda la familia a buscar ayuda. Dos tercios de las demandas sin sustancia atendidas en menores de 21 años tienen que ver con problemas relacionados con la conducta y el uso problemático de las tecnologías.
Del 8% al 31% en diez años
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación y las Redes Sociales han pasado de estar presentes en el 8,33% de los casos que se atendían en 2015 al 31,45% del peso de las TRICs en la actualidad. La evolución ha sido incrementándose de forma progresiva en la última década con un pico de incidencia en los tiempos de confinamiento y las limitaciones de movimiento generados durante pandemia por Covid. Un año después, en 2021, el 56,9% de los casos atendidos en jóvenes tenían algún grado de dependencia de las nuevas tecnologías.
Los dispositivos electrónicos, per se, no son negativos como pueden ser el consumo de sustancias. «Las tecnologías forma parte de la vida de los jóvenes y de las nuestras, no es algo negativo por sí mismo pero el problema surge cuando su uso afecta a su vida, deja de hacer cosas que hacía por estar con el móvil», resume González.
De esta manera, la irritabilidad cuando se les limita el uso de un smartphone. No pasa tanto por medir el tiempo que están sino las cosas que están dejando de hacer, y que les gustaba, por estar con el móvil. Son pistas de que hay «un uso problemático». Pero los expertos no creen que prohibir sea la solución a este problema. «No se pueden prohibir, lo que hay que hacer es prevenir, educar, hablar de los riesgos, si todo es no, ellos se lo van a saltar», aconseja.
El vaper se estrena como causa de atención
En las adicciones con sustancia, la principal causa de entrada a la atención en Proyecto Hombre tiene que ver con el cannabis y el alcohol. Han sido las sustancias más comunes entre los menores de 21 años atendidos desde que hay cifras. En 2019 rozaban el 90% de ingresos por cannabis y el 70% el alcohol. Los dos han bajado en 2025. El 70% de los casos que han llegado a los despachos de Proyecto Hombre han sido por cannabis. Ha bajado especialmente el alcohol con el 24,6% de los casos atendidos.
La percepción de que fumar un porro o pasarse con el alcohol no es gratis parece calar. Otras adicciones se cuelan sin que se entiendan como un riesgo. Los vaper generaron el año pasado 1,63% de la atención a menores. No es una cifra muy alta pero si evidencia que «se ha normalizado mucho su uso, se piensa que es inocuo, especialmente los de sabores y no lo son porque generan dependencia, tienen aerosoles nocivos y, además, puede ser un puente de entrada al tabaco», señala Marta González.
Si los porros o el tabaco están mal vistos, el vaper, que hasta hace poco incluso se había convertido en un socorrido regalo de primera comunión, se romantiza. «Socialmente, a nivel grupal, te da status vapear, eres el guay de la clase, y por eso, aunque el porcentaje de entrada e s muy pequeño, vemos que es un problema que va a ir a más», destaca.
Las primeras consultas en estos casos es una búsqueda de asesoramiento. «Nos vienen padres que dicen que con 13 años su hijo vapea y no saben muy bien que hacer, suelen ser consumos esporádicos pero de fondo es una señal más de ayuda y aquí hay que concienciar», especifica.
Vapear no sale gratis, en Estados Unidos ya hay enfermedades respiratorias crónicas en personas muy jóvenes generadas por el vaper. Los especialistas en neumología aseguran que es pronto para detectar los efectos sanitarios pero su marketing atractivo para todo tipo de público, desde niños con dibujos animados, a líneas específicas para mujeres. «No es un juguete, generará futuros adictos a la nicotina», aseguraba a este periódico la neumóloga, Teresa Peña, en el Día Mundial contra el Tabaco.