El Colegio de Farmacéuticos busca relevo para evitar cierres en los pequeños pueblos de Burgos
La iniciativa trata de poner en contacto a jóvenes interesados en instalarse en los pueblos con oficinas abocadas a la clausura. Cuatro farmacias bajaron la persiana en 2025 y este año hay dos en tramitación
Una farmacéutica burgalesa busca medicamentos en su oficina.
El momento de la jubilación puede convertirse en el principio del fin para una farmacia rural cuando no aparece nadie dispuesto a recoger el testigo. Para tratar de evitarlo, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Burgos ha puesto en marcha un sistema para localizar posibles compradores y ponerlos en contacto con oficinas de farmacia que afrontan un cierre definitivo por falta de relevo. El objetivo es mantener la licencia y, con ella, un servicio sanitario que en algunos pueblos constituye uno de los pocos puntos de atención profesional disponibles.
La iniciativa todavía está dando sus primeros pasos. De momento, la única farmacia incorporada oficialmente al sistema es la de Arlanzón, cuyo titular busca traspasarla. Existe constancia de dos posibles farmacéuticos interesados en hacerse cargo de ella, aunque todavía quedan dos meses de plazo y el traspaso no está formalizado. «Confiamos en que no se cierre, que es lo que queremos», explica el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Burgos, Rodrigo Moral.
El caso de Arlanzón sirve como prueba de este mecanismo, pero el problema es más amplio. En 2025 se produjeron cuatro cierres de farmacias en la provincia. Uno de ellos fue el de Pedrosa de Valdeporres, una oficina que, según Moral, no estaba considerada de viabilidad económica comprometida (VEC). La jubilación de su titular terminó, sin embargo, sin encontrar una persona dispuesta a asumir el negocio.
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Esta experiencia llevó al colectivo de profesionales a plantearse cómo intervenir antes de que una oficina llegue a ese punto. El sistema que ha creado no pretende sustituir los canales habituales de compraventa, sino actuar especialmente cuando el titular ha decidido cerrar porque no encuentra comprador. «Lo que nos interesa es las que han pedido el cierre o lo van a pedir porque ven que no hay nadie que las traspase», señala Moral.
La diferencia no es menor. Una vez que una oficina pierde su licencia, su recuperación como farmacia resulta mucho más complicada. En el medio rural, explica el presidente del colegio, para abrir actualmente una nueva oficina sería necesario que el municipio alcanzara los 1.800 habitantes. En una provincia con numerosos pueblos pequeños y pérdida de población, confiar en que ese crecimiento llegue no parece una alternativa. De ahí que la entidad colegial defienda conservar las farmacias que ya existen.
El problema tampoco responde siempre a una falta de rentabilidad. Moral apunta que influyen factores económicos, pero también la ubicación y las condiciones de vida que ofrece cada municipio. Una farmacia puede tener actividad suficiente y, aun así, resultar difícil de vender cuando llega la jubilación de su titular. «Tienes que buscar a alguien que le encaje», resume.
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Este año la situación ya empieza a dar nuevas señales de alerta. Sobre la mesa hay una solicitud de cierre y se han recibido consultas relacionadas con otra farmacia. Además, Moral apunta a otro posible cierre para el próximo año en la zona de la sierra, vinculado también a una jubilación y a la falta de expectativas de encontrar relevo.
Jóvenes en el medio rural
Frente a este escenario, el presidente de los farmacéuticos destaca que también se está produciendo un movimiento en sentido contrario. En los últimos dos o tres años, cinco farmacéuticos jóvenes han asumido traspasos de oficinas rurales en la provincia. Entre los casos que cita se encuentran los de Villamayor de los Montes, Santa María del Campo, Sasamón y San Mamés. A ellos se suma el de un farmacéutico llegado de Extremadura que se ha instalado en Huerta de Rey.
La experiencia de estos nuevos titulares está siendo positiva, según las referencias que maneja la asociación de profesionales. Moral asegura que están satisfechos con su decisión y destaca especialmente la relación que han establecido con los vecinos. «Ellos lo dan todo para los pacientes del pueblo. Y el pueblo yo creo que mayoritariamente también está con la farmacia», apunta.
«A la población rural, la farmacia le da mucha seguridad»
Esa relación explica parte del valor de mantener abiertas estas oficinas. La farmacia rural no se limita a la dispensación de medicamentos. El farmacéutico se convierte también en un profesional sanitario próximo al que los vecinos recurren para resolver dudas y recibir orientación. «A la población rural, la farmacia le da mucha seguridad», sostiene Moral.
Esa labor se extiende incluso a actividades de educación sanitaria. El Colegio de Farmacéuticos está desarrollando las denominadas escuelas rurales de salud, con charlas impartidas por farmacéuticos en distintos pueblos sobre cuestiones relacionadas con la prevención de enfermedades y hábitos de vida saludable. La iniciativa, que cuenta con apoyo económico, no puede llegar a todos los municipios, pero ya se ha desarrollado en varias localidades burgalesas y, según Moral, cuenta con una buena acogida entre los vecinos.
El presidente de los farmacéuticos tampoco considera que la venta por internet pueda ser la solución para garantizar la continuidad de estas oficinas. La dispensación de medicamentos sujetos a receta requiere la presencia física del establecimiento y la intervención del profesional. Para Moral, precisamente ahí está una de las funciones que diferencian a la farmacia rural, que permite estar cerca del paciente, comprobar cómo utiliza su medicación y resolver las dudas que puedan surgir.
Ayudas de la Diputación
Las ayudas de la Diputación también contribuyen, aunque su cuantía sea limitada. Moral valora especialmente que las administraciones reconozcan el papel de las farmacias como elemento para mantener población en los pueblos. El apoyo económico, admite, no resuelve por sí solo la viabilidad de una oficina con unas ayudas que rondan los 1.800 euros por farmacia.
En la convocatoria de 2026, que se resolvió el pasado septiembre, se distribuyeron 29.900 euros, entre 11 establecimientos considerados de viabilidad económica comprometida con una cuantía por oficina de 2.700 euros. Mientras que otras 36 del medio rural, no calificadas como VEC, se repartieron otros 70.300 euros, a 1.952 euros cada una. En total, la convocatoria destinó 100.200 euros.