El Correo de Burgos

«El Himno a Burgos está más vivo que nunca»

María Ángeles Vázquez celebra el centenario del composición de Rafael Calleja y Marciano Zurita rastreando en la historia y evolución de la melodía escolar

María Ángeles Vázquez, autora del libro.

María Ángeles Vázquez, autora del libro.SANTI OTERO

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En cada partido del San Pablo Burgos, María Ángeles Vázquez, es la que acude media hora antes de que el balón empiece a botar. «Lo más importante, a parte del partido, es cantar el Himno a Burgos». Asegura que las estrofas del Himno a Burgos «es multifuncional, lo mismo sirve para cantarlo en las fiestas como para intimidar al contrario antes de que empiece el partido y lo cantamos con tantas ganas que el equipo contrario se lo piensa», dice la autora del libro sobre el centenario del Himno a Burgos.

Vázquez acaba de presentar ‘Tierra sagrada donde yo nací, suelo bendito donde moriré. 100 años cantando unidos’ editado por Suabia. Es su segundo libro sobre las tradiciones más burgalesas. Tras su publicación sobre la historia de los gigantillos, pensó en seguir rastreando el origen de las costumbres que generan la identidad del territorio. «Yo quería hacer un segundo libro sobre varias cosas de Burgos que creo que se desconocen, el origen de todas ellas pero todo quedó en un segundo plano cuando caí en la cuenta que este año era el 100 aniversario del Himno a Burgos y no podía escribir de otra cosa», explica.

Así empezó a rastrear las actas, pagos y documentación oficial ligada a un cántico que empezó siendo un Himno escolar pero acabó convirtiéndose en el canto que aúna la forma de ser burgalesa, perdiendo tres estrofas por el camino. «La documentación del libro ha llevado bastante, he rastreado todos los trámites que giraban en torno a este himno, también todo lo relacionado con los autores y he tratado de contactar con familiares porque quería introducir esa intrahistoria entorno a estas estrofas que tanto nos han marcado a varias generaciones de burgaleses», remarca.

Pero también buceó en la historia de los dos autores. ¿Trabajaban siempre juntos? ¿Qué trayectoria tenían? ¿Qué relación tenían con Burgos? Pues solo unieron sus talentos en los versos en letra y en el pentagrama para esta ocasión. «Desde niños cantamos el himno, nos lo presentan, nos lo enseñan, pero poco sabemos de ellos. Mariano Zurita, el autor del texto, no era burgalés de nacimiento, pero se casó con una burgalesa. Rafael Calleja si era burgalés. Nació en la Llana de Afuera y vivió en Burgos su infancia y juventud hasta que los estudios musicales le llevaron a Madrid.

Una de las circunstancias más interesante en el proceso ha sido la de poder contactar con los descendientes de Rafael Calleja. Lo intentó con los dos, pero solo localizó al nieto del autor de la música del Himno, Emilio Calleja».

El gusanillo de María Ángeles Vázquez por conocer el porqué de las tradiciones burgalesas no se terminó con su primer libro sobre los Gigantillos. Le apasiona rebuscar entre los archivos el pasado de lo que fuimos, tenía la sensación de que había que buscar un poco más. «Tenía pensado escribir sobre varias cosas de Burgos que se desconocen, pero claro cuando caí que se cumplía el centenario del Himno a Burgos tuve claro que se merecía un homenaje», señala la autora.

Recuerda su primera reflexión. «El Himno a Burgos cumple cien años, pero está más vivo que nunca». Este camino le ha ofrecido experiencias «inolvidables» como el contacto que ha mantenido con los descendientes de Rafael Calleja que compuso la música. Una sorpresa, como las estrofas perdidas que se recortaron de la versión escolar a la oficial. También se ha llevado alguna decepción, que se guarda.

De la vitalidad del Himno a Burgos dan buena cuenta el Curpillos que se celebra estos días y las próximas Fiestas de San Pedro y San Pablo. Pero cada semana se siente entre la afición deportiva burgalesa. Vázquez es una más de las voces que animan las contiendas del Club de Baloncesto San Pablo en el Coliseum. «Voy media hora antes porque lo más importante, a parte del partido, es cantar el Himno a Burgos» explica. También se entonan las estrofas de Tierra sagrada donde yo nací entre la hinchada futbolera. Porque «tenemos un himno multifuncional, lo mismo nos sirve para comenzar a cantarlo en las fiestas de Burgos como para intimidar al contrario antes de un partido, porque lo cantamos con tanta gana que se amedrentan», comenta entre risas.

En este deambular entre legajos ha buscado el origen, pero sobre todo destaca la ilusión de conocer a los descendientes de los autores del himno. «Pude contactar con su niego, Emilio Calleja, que se sorprendió porque era la primera persona, un particular, de Burgos que contactaba con él por el 100 aniversario de la composición y estoy muy agradecida por el apoyo y la información, de primera mano, que me han podido dar», explica.

Vázquez, que participa activamente en la organización del Festival de Las Marzas en el colegio Sagrada Familia, invitó al descendiente del también compositor del Himno a Briviesca al festival. «A pesar de su delicada salud, pudo venir, me hizo muchísima ilusión igual que en el concierto de Año Nuevo había estado el nieto de Strauss, nosotros, a nuestro nivel, tuvimos en Las Marzas al nieto de Calleja», cuenta. Participó activamente, se encontró con la alcaldesa y las autoridades, y todos juntos cantaron las letras con los niños como protagonistas, que es como se estrenaron estas estrofas.

Mientras Vázquez espera un homenaje más institucional a la figura de Calleja y Zurita, ella intentó rebuscar entre las incógnitas que rodean este legado inmaterial burgalés. En el libro ‘Tierra sagrada donde yo nací, suelo bendito donde moriré’ trata de unir los hilos que tejieron la unión entre Rafael Calleja, burgalés de madre burebana que llegó a crear 300 estrofas entre ellas el Himno a Burgos y el Himno a Briviesca. Marciano Zurita, el creador de la letra, era un poeta palentino casado con una burgalesa.

¿Cómo se unieron los destinos de estos dos artistas? ¿Quién les hizo el encargo de un himno que tenía un uso escolar? Reconoce que algunas fuentes sugieren un encargo en 1926 pero otras creen que ya había un inicio en 1918 y hasta la presentación a un concurso. «Esa es la duda que se queda porque ni siquiera la familia lo sabe a ciencia cierta». En cuanto cómo se conocieron los autores no se pudo averiguar quien promovió esta colaboración. «En esta parte, como digo en el libro, no he podido llegar hasta el final, pero fuera de quien fuera la idea fue un gran acierto porque a día de hoy sigue más vivo que nunca».

También ha podido indagar en que el paso de canto escolar a canto institucional se perdieron dos estrofas por el camino. Se desconoce porqué se cortaron, pero la explicación más plausible es práctica. El Himno resultaba demasiado largo.

En cinco idiomas

El objetivo del libro, que ha contado con el apoyo de empresas de la ciudad como Soto y Alonso, Vermutería Victoria, donde es tradición entonar el himno entre la clientela, Mudanzas Mediavilla y la librería Bosque de Letras, es didáctico y educativo. Un danzante toma el mando en un relato que viaja desde lo emotivo de la autora, que desde niña ha entonado el himno, a la curiosidad de la madurez en la que ha rastreado el origen de la partitura original.

También ha tratado de adaptarse a la nueva realidad de Burgos. «Entiendo que la traducción no puede ser tal cual, porque hay expresiones que no están en otros idiomas, pero en la Plaza del Rey San Fernando hay personas extranjeras quise traducirlo a varios idiomas porque, también, hay mucha diversidad en las aulas», explica Vázquez.

Así, las letras de Zurita se transforman en inglés, francés, italiano, búlgaro y rumano. En la misma línea en la que ya se interpreta el Himno a Burgos en lenguaje de signos que ella también ha aprendido. Y, gustosa, presentará los pormenores del himno en los colegios, para no perder la esencia inicial de las estrofas que un coro de niños estreno en la antigua plaza de toros de Vadillos sin saber que cien años después estaría igual de vigente.

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