El Correo de Burgos

Briviesca, bendecida por el Niño: «La cuesta de enero suele durar hasta Semana Santa, pero este año no hay»

Juliana Ortega, gerente del bar de las piscinas, se enteró por sus vecinos de que había tocado el tercer premio. «No tenía champán frío, pero cerveza que no falte»

Alegría en el bar de las piscinas de Briviesca por el tercer premio de la Lotería del Niño.

Alegría en el bar de las piscinas de Briviesca por el tercer premio de la Lotería del Niño.ECB

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Habitualmente abre en festivos, pero en un día «especial» como el de Reyes Juliana Ortega decidió no subir la persiana del bar de las piscinas de Briviesca. Allí estaba, tan tranquila, preparando la comida para su familia cuando empezó a notar un inusual revuelo fuera. «Había vecinos en pijama, no dejaban de llamarme por teléfono y la gente tocaba a la puerta». No imaginaba, ni de lejos, que la Lotería del Niño había dejado un regalo con forma de tercer premio

Ajena a lo que sucedía porque «no estaba viendo el sorteo», Juliana no se lo podía creer cuando le confirmaron que había repartido una millonada. «Menuda alegría», confesaba exultante a la hora del vermú. Sobre todo por «las ganas de repartir un premio entre clientes y amigos». Y claro, no le quedó más remedio que abrir el bar y celebrarlo con «todo el mundo bailando». 

Ya recuperada del susto inicial, con «un vecino tirando un petardo» y el teléfono del establecimiento sonando cada dos por tres, Juliana se alegra especialmente por «la gente joven que había venido a cenas de empresa, de amigos o del gimnasio». También ella se lleva un buen pellizco, dado que compró algún décimo. «Menos que en Navidad», eso sí, pero que más da. 

«La cuesta de enero suele durar hasta Semana Santa, pero este año no hay». Razón no le falta a la responsable del local, máxime cuando «hace falta una inyección de dinero en un pueblo para que haya alegría». La única pega, por decir algo, es que «hoy era la primera vez que no tenía champán frío porque ya estaba quemada de ponerlo a enfriar». Poco importaba porque los brindis no dejaban de sucederse y «cerveza que no falte». 

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