Cinco niños dependientes del colegio Santa Catalina, desprotegidos por falta de medios
Llevan desde el 19 de noviembre sin la ayuda del único técnico que tienen asignado

Una de las niñas afectadas en la entrada del colegio Santa Catalina
Primero fue el colegio Fernán González por la falta de un ascensor, que es vital para tres niños con problemas de movilidad, y ahora es el colegio público Santa Catalina el que lo denuncia. “Los alumnos con necesidades especiales están desatendidos”.
Según explica la asociación de Madres y Padres, por tercera vez en los últimos tres años, el colegio de educación infantil y primaria (CEIP) Santa Catalina de Aranda de Duero se queda, en medio del curso escolar, sin Auxiliar Técnico Educativo (ATE). “Hace un año el impasse duró un mes. En esta ocasión llevamos desde el 19 de noviembre”, advierten desde el Ampa.
Ellos lo tienen claro: “Este puesto es imprescindible para apoyar y acompañar durante toda la jornada escolar a los alumnos con necesidades educativas especiales (ACNEE), que tienen un importante grado de dependencia, careciendo de autonomía en tareas como las relacionadas con su higiene (incluyendo cambio de pañal), alimentación, desplazamiento o acompañamiento en el recreo, sobre todo en este centro, que está compuesto por dos edificios diferentes y separados entre sí”.
Una de las niñas afectadas tiene 10 años. Padece síndrome de Rett, una enfermedad rara y sin cura que altera el neurodesarrollo. Suele afectar a las niñas porque los niños no sobreviven, y, aunque nacen aparentemente sin problemas, a partir de los 9 meses empiezan a perder capacidades. “Mi hija no habla y, aunque puede caminar, que muchas no lo hacen, tiene muchas dificultades motrices, así como problemas digestivos que la hacen totalmente dependiente. Necesita una sombra, tanto para alimentarse como para cambiarle el pañal, porque tampoco tiene control de los esfínteres”, explica su madre, decidida a seguir reivindicando porque la inclusión es un derecho de los niños. “No pedimos ninguna ventaja, solo los ajustes razonables y que no los vean como cifras, sino como personas”, apremia.
Ribera
“Nos unimos para ayudar más y mejor a las personas vulnerables de Aranda y la Ribera”
Loreto Velázquez
La asignación de uno o varios ATE en los colegios depende de forma directa de la Dirección Provincial de Educación y se realiza, esencialmente, en función del número de niños con necesidades educativas especiales. Sin embargo, para los padres no es suficiente. “Debería contemplar su grado de dependencia, como nos confirma el Procurador del Común de Castilla y León”, defienden.
En el colegio, a pesar de ser sede comarcal especializada en Autismo, y aunque cuentan con cinco casos de alumnos con alto nivel de dependencia, la Dirección Provincial de Educación de Burgos solo les adjudica un ATE. “Llevamos tiempo reclamando de forma oficial un segundo porque hace falta”.
El problema se agrava cuando el único ATE asignado causa baja, “hecho que se ha producido en múltiples ocasiones”, tratándose de bajas “tanto puntuales como prolongadas en el tiempo”. “La Dirección Provincial de Educación de Burgos gestiona estos casos laborales (altas, bajas y sustituciones) con ritmos administrativos, sin valorar ni considerar la gravedad del tema y sin adelantarse a las consecuencias educativas y familiares que suponen dejar a un colegio como el nuestro sin ATE, llegando a estar semanas e incluso meses sin este personal de apoyo”, lamentan los padres.
Su día a día se ha complicado in extremis tras el cese, sin previo aviso, de la persona que realizaba la sustitución el pasado 19 de noviembre. Aunque, según informa la Consejería de Educación a este periódico, “se está agilizando la llegada de un nuevo ATE” y “se incorporará en los próximos días”, las familias insisten en la importancia de tener un servicio garantizado. “Si hubiese dos, como pedimos, no pasarían estas cosas”, argumentan los padres.
Mientras la ayuda llega, los profesores y padres se hacen cargo como pueden. “Ahora voy, como mínimo, dos veces cada mañana para cambiarle el pañal”, asegura una de las madres.