“El vino español tiene margen para mejorar su posicionamiento en EEUU”
El experto Rafael del Rey analiza las nuevas tendencias de consumo y los mercados más interesantes para el vino de Ribera

Rafael del Rey
El panorama no es sencillo: aranceles en Estados Unidos, nuevos impuestos en Reino Unido, inflación, inestabilidad y unas tendencias de consumo que habrá que ver si se consolidan en el tiempo o se desvanecen como aire de moda pasajera. “La situación no es fácil, está todo muy parado”, señala Rafael del Rey, gerente de Del Rey Analysts of Wine Markets.
El primer reto llega con Estados Unidos, un mercado prioritario para regiones vinícolas como la Ribera del Duero. Los aranceles del presidente Donald Trump están suponiendo un verdadero desafío. “A finales de julio se firmó un acuerdo entre EEUU y Europa para que se quedase en un 15%. El sector ha intentado rebajar esta cifra, pero por ahora es lo que hay. En cualquier caso, no perdamos de vista que los porcentajes anteriores eran mucho más elevados, en febrero se hablaba del 200%. Ojalá este acuerdo implique mayor estabilidad y menor incertidumbre porque, si el consumo de vino sigue tirando en Estados Unidos, seguiremos teniendo una oportunidad para el vino español y para el vino de Ribera”.
Pero lo cierto es que la inestabilidad se extiende más allá de Estados Unidos. “El comercio mundial también está muy parado, con un -0,7 hasta marzo y caída de las exportaciones españoles del -5,1 en el interanual a junio. La parte positiva es que, aunque se exporta menos vino, el vino que sale lo hace con precios más caros, por lo que se compensa parcialmente. Pero luego hay que tener en cuenta que esta premisa no afecta a todas las bodegas por igual. Las grandes marcas tradicionales con vinos de alta gama siguen vendiendo, mientras que los que más sufren son los envasados tradicionales, particularmente tintos.”

Rafael del Rey
Mientras los tintos caen en determinados segmentos, a nivel mundial se está registrando un incremento del interés por los vinos blancos, rosados y espumosos. La pregunta: ¿es una moda efímera o un cambio definitivo? “Como es lógico, hay que esperar, pero creo que el mercado está cambiando y toca adaptarse”, aconseja el experto, con la mirada puesta en las dos tendencias que sí están funcionando. Por un lado, los vinos de alta gama, “porque en el mundo hay muchos ricos que quieren disfrutar de un gran vino”, y por otro, los vinos más populares, “que no tienen por qué ser necesariamente baratos: vinos fáciles de beber y ahí entran con fuerza los blancos, los rosados y los espumosos o frizzantes”.
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Nuevas fórmulas
Incentivados por las preferencias que marcan los consumidores jóvenes, el mercado está admitiendo además nuevos productos, como cócteles a base de vino —sangrías o tintos de verano y mucho en el mundo el spritz—, “que son un poco más dulces y con menor graduación”. “Ya se está viendo en zonas como Jerez, Castilla-La Mancha, Cataluña y Portugal”. Bajo la perspectiva actual, las bodegas se ven obligadas a adaptarse. “Lo ideal es tener un portfolio variado”.
En datos, aunque en ventas el vino español ha experimentado un ligero aumento del 0,6 por ciento, seguimos rondando los 9,8 millones de hectolitros, una cifra lejana de los 11 millones de hectolitros que se vendieron en prepandemia. “En la pandemia cayó por el cierre de la hostelería y el aumento que registró el consumo en hogar no compensó ni de lejos la clausura de la restauración. Cuando se superó la crisis sanitaria y se empezó a recuperar el turismo, ha ido mejor, pero no hemos vuelto a los niveles de febrero de 2020”, analiza.
En estos cinco años se han sumado al juego factores desestabilizadores como la inflación y una subida de costes y de precios que “afecta muchísimo al consumo de vino”.
Más allá de Estados Unidos, el experto centra su atención en América Latina, concretamente en México, República Dominicana, Colombia y Brasil, un mercado que está creciendo y que España “no está terminando de aprovechar”, como sí hacen los vinos de Chile, Italia y Francia. En África, añade, hay tres destinos prioritarios a tener en cuenta: Nigeria, Chad y Kenia. “Las buenas noticias se extienden a China, que venía cayendo de manera tremenda desde 2018 y por fin ha vuelto a crecer”, celebra.
Países que preocupan
En Europa, mientras Suiza sigue siendo el mercado estrella, preocupa Alemania. “Lo está pasando mal, no está creciendo económicamente y está afectando al consumo de vino”, subraya, sin olvidar Reino Unido, que el pasado mes de febrero activó un nuevo baremo de impuestos que penaliza el alcohol en función de su graduación. “Ahí, por ejemplo, es una buena oportunidad para los espumosos y los blancos”, señala consciente de que en tintos el desafío está para las marcas de gama media.
Cosecha
También es positivo, observa, el hecho de que llevemos dos cosechas relativamente cortas en España y en el mundo. Además, todo parece apuntar a que esta vendimia será similar, no superando los 40 millones de hectolitros en España. “Hay que esperar, pero va a variar mucho por zona. La mitad norte de España ha sufrido mucho el ataque de mildiu y también ha habido granizo y olas de intenso calor que se han extendido a las noches. En el sur, en cambio, a lo mejor se coge algo más que el año pasado”, afirma convencido de que en tiempos de crisis un equilibrio ayuda a ajustar el mercado y no generar excedentes. “Eso ayudaría a las bodegas y a los viticultores”.
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Consejos
Con la incertidumbre actual, el consejo pasa por salir a vender. “Hoy más que nunca, hay que perder el miedo: viajar, moverse y estar muy encima de los distribuidores. En tiempos de parálisis, los que más insisten son, al final, los que mejor funcionan. Italia, por ejemplo, lo está llevando a cabo y ahora mismo le va mejor que a Francia, y es gracias a estas dos medidas: adaptarse al mercado y tener buena capacidad de comercialización. Pero claro, tienes que tener un margen suficiente para poder pagarlo”.
¿Subida de precios?
La subida de precios parece casi inevitable. “Tampoco hay que tener miedo. Es verdad que el consumidor español de vino es extraordinariamente sensible a las subidas de precio, pero a nivel internacional los vinos españoles son todavía muy competitivos. Además, la hostelería parece haberse dado cuenta y ya no multiplica los precios de forma tan desmesurada. Ahora ves cartas muy variadas, con vinos de todo tipo de rangos, incluso por debajo de los 20 euros. Pegar un palo al cliente con el vino genera mala imagen para el restaurante, mientras que un buen precio puede activar la máquina para generar más dinero”.