Rosa y Raquel. “El teletrabajo nos ha abierto las puertas para vivir en Fuentenebro”
Las dos compaginan su vida de ciudad con la tranquilidad de un pueblo con vida

Rosa y Raquel han encontrado el equilibrio entre la ciudad y el pueblo en Fuentenebro
Durante la pandemia, el teletrabajo se impuso de manera casi generalizada en muchas empresas, y, aunque ahora la tendencia parece ir a la baja, sigue abriendo puertas a personas como Rosa y Raquel, dos mujeres que han escogido el pequeño pueblo de Fuentenebro para mejorar su calidad de vida en el medio rural.
Así, con 38 años, Rosa María Muñoz García ha logrado el sueño que muchos anhelan: vivir entre la brisa de la playa alicantina y la magia de la Ribera del Duero, en Fuentenebro. “El teletrabajo me ha abierto las puertas a esta posibilidad y estoy encantada”.
Aunque nació en Elche (Alicante), siempre ha tenido conexión con Fuentenebro, el pueblo que vio crecer a su madre y donde vivieron siempre sus abuelos. Por eso, cuando la empresa donde trabaja, una compañía dedicada a servicios de crédito e inmobiliario, activó el teletrabajo para afrontar la pandemia, Rosa lo vio claro: llegaba el momento de hacer las maletas. “Estuve primero cinco meses en Fuentenebro, y, desde entonces, voy alternando y alargando fines de semana. No tengo un calendario concreto ni un plan cerrado, y esa flexibilidad me da libertad”.
Sus vacaciones las disfrutará este verano en Fuentenebro, un pueblo vivo, marcado por las tradiciones, pero también por muchas personas que ven el municipio como un proyecto de vida. “Desde hace unos años pertenezco a la asociación Los Tercios, y ahora estoy en la junta directiva, y, cuando estoy en Elche, colaboro en todo lo que se puede hacer a nivel telemático”.
Una casa con patio y bodega
A diferencia de otras familias, que han tenido que buscar mucho antes de encontrar una casa en el pueblo, ella lo ha tenido fácil porque utiliza la casa familiar, que comparte con su hermana Mariola y su sobrino Pau, cuando vienen de visita. “Me gusta compartir con mi sobrino las tradiciones, el contacto con la naturaleza, dar de comer al burro del pueblo, esas tardes de paseo y charlas, esa tranquilidad”, asegura, con la mirada puesta en una bodega con merendero que quiere comprar en un futuro con su hermana. “En casa tenemos un patio y una bodega, pero queremos tener una en la zona de bodegas para que Pau disfrute también de ese espíritu bodeguil”.
“Es un lujo poder vivir en un pueblo”
No está sola. En Fuentenebro cuenta con amigos y también familia, como sus tíos y primos, que viven durante todo el año. También está su prima, Raquel García Narro, otra de las vecinas que ha hecho del teletrabajo un modo de vida. “Yo vivo en Madrid normalmente, pero, desde la pandemia, mi empresa permitió el teletrabajo, y, aunque no estoy al 100%, porque de vez en cuando tengo que ir a la oficina, es un lujo poder vivir parte del año en este pueblo”.
Ella lo tiene claro: el gobierno y las empresas deberían fomentar y facilitar el teletrabajo porque descongestiona la masificación de las grandes ciudades y ayuda a repoblar el mundo rural, donde, advierte, “se vive fenomenal”. “Yo decidí compaginar mi vida en Madrid con Fuentenebro porque es el pueblo de mis padres, donde crecí y he vivido fines de semana y vacaciones. Para mí, parar a tomar café y estar con ellos me alegra el día. Es la manera de disfrutarlos y, ahora que son mayores, estar más pendientes de ellos”.
Para ella, lo mejor de vivir en Fuentenebro es la calidad de vida: el tiempo. “Me encanta el trato personal, eso de salir a la calle y poder hablar con cualquier vecino. Es verdad que faltan cosas, como gente y, para mi trabajo como informática, una buena cobertura, pero las ventajas son muchas. Me siento en casa”.