“Si no vienen nuevos niños, el colegio de Cilleruelo de Abajo cerrará en junio”
La directora del CRA Antonio Nebrija hace un llamamiento a las familias de la zona

La directora imparte una clase en el colegio de Torresandino
“Necesitamos familias con niños para mantener nuestro colegio en Cilleruelo de Abajo”. Es el llamamiento que hace la directora del Colegio Rural Agrupado Antonio Nebrija. Y es que, si no consiguen matricular a nuevos niños, este curso será el último. “Si no se inscribe algún niño, el colegio cerrará sin remedio”, advierte Estefanía Quintana Antón.
Sobre el papel, la normativa es clara. La Junta de Castilla y León solo mantiene abiertos los colegios con un mínimo de alumnos. “Estamos muy preocupados”, admite.
El CRA Antonio Nebrija da servicio en tres escuelas rurales: la de Cilleruelo de Abajo, la de Tórtoles de Esgueva y la de Torresandino, que actúa como sede principal. La inquietud se extiende al colegio de Torresandino, con 10 alumnos, y al de Tórtoles, con 7. “En Tórtoles, este año se va un niño seguro porque pasa al instituto, y en Torresandino salen dos, así que nos quedamos con poco alumnado.
De confirmarse el cierre no sería el primero del CRA. En 2004 ya lo hizo la escuela rural de Royuela de Río Franco; en 2015, la de Villafruela; y en el curso 2019-2020, la de Castrillo de Don Juan.

Directora del CRA Antonio Nebrija
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Loreto Velázquez
Atrás quedan los años en los que se superaban los 50 alumnos en total. “Siempre nos hemos ido manteniendo, pero todo se complicó hace dos cursos. Primero pasamos de 45 a 35 y, este curso, de 35 a 20. Entre los niños de 6º de Primaria que se van para ir al instituto y las familias que se han trasladado, que suelen ser familias inmigrantes, estamos ahora en la cuerda floja”, insiste.
La historia de este Colegio Rural Agrupado se remonta al curso 1986-1987. Primero comenzó a funcionar bajo el nombre Colegio Comarcal de Enseñanza de EGB Virgen del Carmen. En 1993 se renovó e inició su andadura como Colegio Rural Agrupado Antonio de Nebrija. “Nosotros estamos haciendo todo lo posible, pero si no vienen más niños, el final será irremediable”.
La directora, Estefanía Quintana, es una gran defensora de las escuelas rurales. “Tener pocos niños no significa que sea una educación de segunda o que tengan menos medios. Todo lo contrario. Aquí tenemos los mismos medios que tiene cualquier otro colegio de ciudad, pero el trato es mucho más directo. Hacemos un seguimiento continuo de cada niño, nos adaptamos a sus necesidades y, sobre todo, tenemos tiempo para él si necesita un refuerzo”.

El CRA ha convertido una de las aulas en un supermercado didáctico en el que aprenden jugando
La importancia de crecer en la naturaleza
Aunque en el patio tener pocos alumnos puede ser un poco más aburrido, son niños que se adaptan y se acostumbran a jugar con amigos de todas las edades. “El horario de clases comienza a las 9.00 y termina a las 14.00 horas. No hay comedor, pero luego ofrecemos la posibilidad de participar en talleres, que organizamos todos los días de 16.00 a 17.00 horas”, detalla orgullosa de un programa extraescolar que incluye clases de guitarra, mecanografía, sesiones de ciencia o multijuegos. “En Torresandino hay, además, ludoteca, donde organizamos cuentacuentos, clases de informática, de creatividad… y está abierta a los niños de todos los pueblos de alrededor”.
Rodeados de campo, las excursiones forman parte del día a día. “Como somos poquitos, es fácil organizar salidas. Nosotros damos mucha importancia al contacto con la naturaleza. Tenemos un huerto escolar y hace años tuvimos un gallinero ecológico. Además, aprovechamos el entorno para llevar a lo práctico lo aprendido en clase”, señala, con la mirada puesta en rutas de senderismo, de bicicleta, micológicas o culturales, con las que “ponemos en valor el patrimonio, como las iglesias, las bodegas o árboles milenarios”. “A ellos les encantan y son muy enriquecedoras”.
Ribera
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“Un pueblo con escuela es un pueblo con vida”
A la hora de pedir, la directora solo ansía la llamada de algún padre o madre diciendo que quiere apuntar a su hijo en uno de estos tres colegios. “Tenemos medios y los edificios están muy bien: tenemos clases amplias, biblioteca, gimnasio, sala de usos múltiples, una de profesores… Hasta un supermercado de juguete en un aula que hemos ido haciendo con los niños, con envases reciclados que hemos traído de casa. Es una clase muy didáctica y viene muy bien para cuando toca aprender el manejo de las monedas y los billetes o la pirámide alimentaria. Además, son coles que están decorados con mucho cariño. Son coles alegres y aquí estamos en familia”, anima.
La única asignatura pendiente es la consolidación de una plantilla que compagina fijos con interinos, que van cambiando cada curso. “Lo ideal sería tener estabilidad para poder desarrollar proyectos plurianuales”.

El colegio está cuidado a mimo
El cierre de una de estas escuelas rurales no solo afecta a las familias con niños. “Un pueblo con escuela es un pueblo con vida. Nosotros organizamos muchas actividades en los pueblos, como el Día de la Paz o el carnaval. El cierre sería una pena para todos”.
La solución, admite, no es fácil. “Supongo que depende de muchos factores: bonificaciones fiscales, que los ayuntamientos habiliten casas con alquiler social, que ofrezcan algún trabajo…”, termina.