El Correo de Burgos

"El Mildiu ha mermado la cosecha, pero hay variedades de patata que se han salvado"

Aurelio tiene una explotación agrícola en el pueblo burgalés de Berlangas de Roa

Aurelio García posa en una de sus parcelas

Aurelio García posa en una de sus parcelasL.V.

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Aranda

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Aurelio García García lleva toda su vida cultivando patatas en Burgos. Lo heredó de su padre y ahora completa su explotación agrícola con cereal, girasol y unas cebollas que le han devuelto la alegría en una campaña marcada por el mildiu. “Mientras la cosecha de las cebollas ha ido muy bien, tanto en producción como en precio, en las patatas el precio ha sido bajo y la producción se ha visto mermada por el mildiu”, lamenta.

Lo cierto es que esta enfermedad fúngica, que aparece cuando coinciden el exceso de humedad y las temperaturas suaves, supuso en 2025 un reto extra en cultivos como el viñedo, los tomates y las patatas. “En mi caso, afectó de forma desigual y, mientras variedades como la patata agria, que es la que más siembro porque es la que vendo a hostelería, redujo la producción en un 25% —porque es más sensible—, otras variedades que trabajo, como la Rudolfh o la de paraíso, resistieron bien y se han salvado”, detalla.

A la hora de sembrar, este agricultor burgalés, afincado en Berlangas de Roa, se decanta por variedades de patata gorda. “Trabajo casi todo con hostelería y, aunque tengo mesa de selección, no lavo las patatas, que es un requisito de los supermercados. Funciono con proveedores de restaurantes que prefieren comprar cantidades grandes y puedo hacerles mejor precio. Son patatas de buen sabor y con tamaño para que sea más fácil pelarlas”, explica.

Así funciona desde hace treinta años. “Tengo cuatro clientes grandes en la Comunidad de Madrid y, además, vendo al pormenor. Como estoy solo, tengo claro que mi capacidad es mi límite”, señala.

Podría crecer, pero no tiene intención alguna. “Falta mucha mano de obra... Sería una locura y no creo que saliesen las cuentas. Crecer sería la ruina en muchos sentidos”, sostiene.

Dos meses menos de temporada

La temporada empieza a finales de marzo, con una siembra de patatas que termina a principios de mayo. “Hago una siembra escalonada para que la recolección también sea progresiva. De esta forma, voy sacando de poco en poco desde finales de agosto y hasta casi noviembre”, subraya.

Hace años vendía patatas hasta mayo, pero eso implicaba utilizar conservantes que ahora Europa no contempla. “A día de hoy no se ha logrado ningún producto que funcione como el clorpropham, por lo que no me ha quedado otra que acortar la campaña dos meses, con el quebranto económico que conlleva”, lamenta, a sabiendas de que, con la tesitura actual, la patata que llega en esos dos meses viene de Egipto.

Las cuentas empiezan a no salir. “Los insumos están cada vez más altos. Solo hay que ver el gasóleo. Echando números, ahora tengo que pagar 400 euros más al mes solo de gasóleo del tractor y, a eso, hay que unir las rentas de tierras, los abonos, que están disparados, y los talleres y reparaciones, que no son nada baratos”, detalla.

Su preocupación se extiende a la falta de relevo generacional. “Lo vemos en la ganadería, en la agricultura y en los talleres. La gente ya no quiere trabajar y las subvenciones para todo no ayudan. Están lastrando el sector primario con políticas que no favorecen la competitividad y, si el campo no es rentable, acabaremos desapareciendo”, advierte.

El balance no cuadra. “Antes, para subir un céntimo en el gasto de producción, pasaban tres años, pero ahora llevamos varias campañas en las que cada año suben entre 2 y 3 céntimos. El nivel de riesgo es tan grande que es una locura”, lamenta, convencido de que, para los agricultores que quieren empezar de cero, “es prácticamente imposible”. “Yo, porque lo heredé, pero está todo demasiado caro”, asegura.

Mención especial merece la excesiva burocracia, que lleva años rechazando todo el sector agrario. “Nos entierran en papeles. Al final, tenemos que saber de campo, de mecánica, de electricidad, ser administrativos... No tiene sentido”, reprocha.

Mercosur no es, para él, la solución, sino un problema. “Hay que defender más el producto nacional porque todo lo que venga de fuera son puestos de trabajo que perdemos. Sé que lo han parado temporalmente y espero que sea algo definitivo”, confía.

Rotación

Aunque no está de acuerdo con las imposiciones de cultivos de la PAC porque, en su caso, al estar en regadío, no consigue sacar buenas producciones de cereal o girasol, la rotación es obligada para mantener el cultivo de la patata a salvo. “Yo suelo sembrar un año y luego dejar tres o cuatro en rotación, para conseguir patatas de más calidad y una mejor producción”, termina.

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