El Correo de Burgos

“La proliferación de granjas intensivas está afectando al viñedo y al vino”

Enrique Pascual es el presidente de la DO Ribera del Duero y tiene 35 hectáreas de viñedo en Fuentelcésped

Enrique Pascual

Enrique PascualL.V.

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Aranda

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Enrique Pascual es el presidente del Consejo Regulador Ribera del Duero, pero también es viticultor y bodeguero. “La proliferación de granjas intensivas está afectando al viñedo y al vino y puede comprometer el futuro de la denominación de origen”, advierte.

Sabe muy bien de lo que habla. Su bodega y sus 35 hectáreas de viñedo se encuentran en Fuentelcésped, muy cerca de las tres nuevas plantas de biogás que se están construyendo en el polígono Alto de Milagros. “Se supone que vienen con el pretexto de eliminar residuos de industrias ganaderas, pero ¿de dónde las van a traer? Porque por aquí no hay tantas”, señala, preocupado porque estas instalaciones podrían convertirse en un efecto llamada para la implantación de nuevas granjas intensivas o, en su defecto, acabar funcionando como vertederos de residuos procedentes de otras zonas.

Él lo tiene claro. “No se trata de ir en contra de las granjas intensivas ni de cerrar ninguna, porque aquí hay sitio para todos y todos tenemos que comer, pero estamos en una denominación de origen que se ha consolidado, con mucho esfuerzo, en un estandarte de la calidad y que defiende, como pocos productos, la marca España. Solo pedimos que se controle la proliferación de granjas intensivas y se reordene el territorio para proteger el vino y el enoturismo, que es clave en el futuro de la DO.”.

Sectores incompatibles

En su opinión, ambos sectores son incompatibles. “Atenta de manera frontal contra nuestra visión del enoturismo y no tiene sentido cuando hablamos de Castilla y León, la comunidad más grande de España, más grande incluso que Portugal”, insiste.

A la hora de argumentar su postura, Pascual muestra el informe del Gabinete de Ingeniería Rural, que concluye de forma inequívoca que la convivencia entre explotaciones ganaderas intensivas y la vitivinicultura resulta difícilmente compatible cuando ambas actividades se sitúan en entornos próximos. “Esta afirmación no se basa en una hipótesis teórica, sino en un análisis exhaustivo que combina la revisión de la normativa histórica, desde comienzos del siglo XIX hasta la legislación más reciente, el estudio de declaraciones de impacto ambiental en distintas comunidades autónomas y la identificación de los compuestos químicos responsables de los olores asociados a la ganadería intensiva, y todo apunta a la necesidad urgente de aplicar medidas correctoras que eviten problemas de contaminación atmosférica y molestias odoríferas en zonas de viñedos y bodegas”, resume.

Pascual considera que Ribera del Duero debería seguir el ejemplo de Rioja y regular los máximos de olor con mediciones olfatométricas. “La expansión de las instalaciones ganaderas intensivas en el ámbito territorial de la Denominación de Origen Ribera del Duero constituye uno de los retos regulatorios y estratégicos más urgentes que afronta el sector vitivinícola castellanoleonés. No se trata de un conflicto puntual entre dos actividades agrarias, sino de una colisión de modelos de desarrollo rural con consecuencias económicas, reputacionales y ambientales de primer orden”, reivindica.

Estado del viñedo

A pie del viñedo, explica, la brotación se ha generalizado. “Va adelantada, y eso siempre es un riesgo, sobre todo por hielo”, subraya con la mirada puesta en ese fatídico 2017, cuando una intensa y prolongada bajada de las temperaturas mermó la cosecha a mínimos históricos. “Luego también depende de cómo caiga y con qué intensidad. En 1997 cayó una en la madrugada del 7 al 8 de mayo, apenas una semana después de la del 27 de abril de 2017, pero en este caso no hubo apenas daños. Confiemos en que este año nos libremos”, señala.

Terminada la poda en seco y los laboreos propios de la primavera, el siguiente paso es la poda en verde, “que está a la vuelta de la esquina”. “Luego ya comenzaremos con los tratamientos fúngicos para defender la planta de hongos, sobre todo el oídio, que es endémico y que ya sabemos que viene sí o sí”, detalla, sin olvidar el mildiu, una enfermedad criptogámica causada por oomicetos que ataca en condiciones de alta humedad y temperaturas suaves y que puede ocasionar defoliación, necrosis e incluso la pérdida del fruto. “Habrá que estar muy atentos”, aconseja.

Su inquietud se extiende a los daños que provoca una fauna silvestre que crece sin control, sobre todo corzos y conejos. “Los corzos causan especial daño porque van a los brotes más tiernos y destrozan la planta”, lamenta.

La burocracia “no da respiro”

Como viticultor y bodeguero, Enrique sufre los estragos diarios de una burocracia que no da respiro. “Cada vez tenemos que hacer más papeles. Ya no sabemos cómo pedirlo”, urge al recordar el convenio de simplificación administrativa que la asociación de bodegas Asebor firmó con la Junta de Castilla y León en diciembre de 2023. “Su puesta en marcha, por ejemplo, nos permitiría corregir los desajustes existentes en el registro vitícola entre las bases de datos del Consejo Regulador y la Consejería. Son cosas muy básicas que nos permitirían mejorar la competitividad en el campo”, reclama.

Pascual insiste en la importancia de defender un sector que, según el informe realizado por la consultora externa PwC, genera 1.333 millones de euros anuales y mantiene 20.916 puestos de trabajo en Castilla y León. “Somos motor de desarrollo para muchos pueblos de la España vaciada”, concluye.

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