Panadero rural. “Deberían subvencionarnos por crear empleo en pueblos pequeños”
Eduardo tiene una plantilla de 12 trabajadores con los que cubre 10 pueblos de la Ribera

Eduardo Gaitero tiene una empresa de panadería con sede en Sotillo de la Ribera
Eduardo Gaitero era electricista hasta que de dio cuenta de que su destino, como el de su familia, era el pan. “Mi bisabuelo tenía un cocedero en Sotillo, mi pueblo, y luego ya mis abuelos y mis padres continuaron con la panadería”, explica convencido de que con bonificaciones fiscales los pueblos tendrían una oportunidad de futuro.
Eduardo compagina el despacho de pan de Sotillo de la Ribera con dos furgonetas con las que recorre 10 pequeños pueblos de la Ribera del Duero. Tiene dos rutas. La primera hace parada en Pinillos, Terradillos de Esgueva, Villatuelda y Santibáñez, donde va todos los lunes, miércoles y viernes. La segunda visita Oquillas, Gumiel de Izán, Valdeande, Quintana del Pidio, La Aguilera y Gumiel de Mercado, donde va los todos los días desde hace trece años.
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No está solo, su empresa da trabajo a una plantilla formada por 10 personas en invierno, y doce en verano. “Hablan de la España Vaciada pero aquí sí hay familias y personas que quieren vivir. En mi pueblo, por ejemplo, empresas locales dan trabajo a más de 100 personas, la mayoría vecinos. Ahí está Morcillas La Ribera con más de veinte trabajadores, o las bodegas, pero nos asfixian a impuestos cuando deberían subvencionarnos por crear empleo en pueblos pequeños”, reivindica.
En su opinión, una de las soluciones que la administración debería adoptar es reducir las cargas fiscales para todos los que generen empleo en el medio rural. “Al final pagamos como si viviésemos en Madrid”, lamenta.
Él conoce muy bien las necesidades de la España Vaciada. “En verano da gusto ir porque están todos llenos de gente, pero en invierno hacemos un servicio que para muchas familias es esencial”, defiende.
Horno de leña
En su furgoneta el pan es el gran protagonista, especialmente la barra elaborada en horno de leña, una delicatessen peculiar porque “muy pocas panaderías tienen un horno de leña”. “Lo hacemos con masa madre como más de la mitad de nuestros productos”, asegura con la mirada puesta también en la repostería, donde triunfan las magdalenas que todavía hace con la receta de su abuela con base de leche, las galletas de mantequilla, los bizcochos de yogur con chocolate, el hojaldre o la pasta mantecada “la de toda la vida”. “Aquí todo es artesanal”, afirma.
En verano la actividad no da tregua. “Pasamos de 700 barras de pan al día en invierno a 1.800- 1.900 en verano y en magdalenas pasamos de 5.000 a 10.000 a la semana”, concreta sin olvidar otros productos básicos que nunca faltan en la furgoneta como aceite, papel higiénico o azúcar. “Si los vecinos luego nos piden algún producto en concreto se lo llevamos también”, añade.
En Sotillo de la Ribera la panadería familiar abrió en 1948. “Todavía tengo máquinas que utilizo cada día de hace cincuenta años”, explica.
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Aunque en verano los pueblos se llenan de vida, en invierno se ve la realidad. “Cada vez hay menos gente”, admite consciente de que junto a la falta de servicios también hay un problema serio de acceso a la vivienda.
Eduardo defiende la vida de pueblo. “Tiene muchísimas ventajas, la tranquilidad, la seguridad, el día a día... Aquí se vive muy bien y es mucho más barato que una ciudad”, zanja mientras muestra el colegio donde van 16 niños. “Cuando dan el paso al instituto, van en un autobús gratuito a Roa y luego tenemos un poco de todo, cuatro bares, dos tiendas de alimentación y hasta piscinas de verano. Vivimos muy bien”, termina.