El Correo de Burgos

Los entremeses de Cervantes con tres ‘fregonas’ de armas tomar

Tati Sastre, Saray Anes y Rosa Marsillí, de estreno este viernes en el Teatro Principal, ofrecen una vuelta de tuerca al teatro universal y siempre mordaz del padre de la narrativa moderna

Saray Anes, Tati Sastre y Rosa Marchillí dispuestas a dar cuenta de los entremeses de Cervantes

Saray Anes, Tati Sastre y Rosa Marchillí dispuestas a dar cuenta de los entremeses de CervantesDIEGO ROSSILLO

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Burgos

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Cristinica, Brígida y Hortensia tienen cuerda para rato. Al caer la noche, después de matarse a servir en sus respectivas casas, se reúnen en la Corrala del Herrero para darle a la sin hueso. Comparten penurias, anhelos, las idas y venidas de sus señoritos. Cotilleo en estado puro como válvula de escape. Y un inmejorable punto de partida para redescubrir tres de los ocho desternillantes entremeses de don Miguel de Cervantes. Detrás del telón, Tati Sastre, Saray Anes y Rosa Marsillí esperan con ansias el estreno de Las tres criadas, este viernes 26 de abril en el Teatro Principal de Burgos, a partir de las 20:30 horas.

«Amigas antes que actrices», enfatiza Tati, directora y productora de la compañía burgalesa Teatro D’Sastre, en pleno parón para comer entre ensayo y ensayo. Después de trabajar juntas con anterioridad, aparte de compartir piso, llevaban tiempo con la idea de «montar algo». El proyecto, comenta Saray, empezó a cobrar forma allá por septiembre y tres meses después, en plan «work in progress», salieron a escena en Padilla con un pequeño pase a modo de aperitivo que «gustó mucho a todos los públicos».

¿Por qué los entremeses de Cervantes en versión contemporánea? «En primer lugar, por el autor», responde Tati, sin pensárselo dos veces, mientras remarca que «su obra más importante es el Quijote, pero escribió mucho teatro y muy bueno». El primer escollo, dada su firme intención de contar únicamente con tres actrices, fue la propia adaptación. Al final, se decantó por tres piezas tan «universales» como «atemporales» que evidencian, en cualquier periodo de la historia, la carcundia que impera en la sociedad.

Costó lo suyo versionar El juez de los divorcios por su elevado número de personajes. Pero no podía quedarse fuera porque su peculiar enfoque sobre la vida en pareja es «divertidísimo». Algo similar ocurrió con El viejo celoso, que «tiene un juego escénico alucinante». Lo mejor, tal y como subraya Tati, es que el protagonista «cae en su propia trampa», arrastrado por los celos, mientras el público «ve cómo se produce el engaño delante de sus ojos». Con esta obra, recuerda, el padre de la literatura moderna universal abordó con elegancia «la hipocresía de esa sociedad que se basa en las apariencias, la religión cristiana y los falsos matrimonios».

Era también menester sumar a Las tres criadas otra historia que se las trae: El hospital de los podridos. Fue su trasfondo lo que sedujo a la directora de Teatro D’Sastre. «Salen una serie de enfermos y se ponen delante de un doctor. ¿En qué consisten sus dolencias? No en que a uno le duela el brazo y a otro tal». Su malestar, básicamente, reside en «el alma» y «se enojan por cosas que no están en ellos sino en los demás». Por lo tanto, lo que se denuncia en este relato no es más que «la podredumbre de la humanidad».

A estas alturas de la película, con el estreno a punto de caramelo, las tres actrices reflexionan sobre el proceso creativo y su ejecución. «Lo más difícil ha sido compaginarlo con el resto de proyectos», apunta Saray. Sus compañeras lo confirman, pero sarna con gusto nunca pica. Por otro lado, reconoce ciertas dificultades en materia de «transiciones» porque afrontar tres entremeses de Cervantes con un elenco tan reducido tiene tela. Entretanto, Tati confiesa que la música y el baile le han supuesto todo un reto. Afortunadamente, ahí estaba Rosa para echar un cable gracias a su dominio de la danza.

A base de ensayos, de retoques y de innumerables quebraderos de cabeza con la complicidad siempre intacta, estas tres fregonas de armas tomar cuentan ya los minutos para conquistar el Principal. ¿Nervios? Por supuesto. Sobre todo Tati: «Al final juego en casa y va a venir mucha gente conocida porque les he dado la matraca durante meses». Además, si no estuviese inquieta «sería preocupante porque significa que no nos importa. Y nos importa mucho».

Saray, por contra, cree que «no somos conscientes todavía». Ahora bien, «cuando lleguemos al teatro con toda la escenografía, empecemos a colocar todas las cosas, a hacer el pase general y veamos el patio de butacas... Ahí sí que empezarán los nervios». Rosa, por su parte, concluye que «los nervios son energía». Y se disiparán, eso seguro, mientras la energía aumenta conforme avance la función.

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