«El TikTok de Pedro Sánchez con sus ministros es terrible. No se enteran de nada»
Héctor de Miguel y Miguel Martín desembarcan en Burgos con 'Influs a los 50', el «antitutorial» definitivo para «no triunfar en redes sociales». Aparte de actuar este sábado en La Rúa, no descartan un 'unboxing' de «Gamonal en 53 segundos»

Héctor de Miguel y Miguel Martín, 'Influs a los 50'.
¿Ida de olla o genialidad supina? Un poco de lo uno, mucho de lo otro y viceversa. Cuesta definir con precisión el espectáculo, sin desembalar apenas, de Héctor de Miguel y Miguel Martín. La «clave», apunta el primero, es que surge de «gente de casi 50 años que quiere seguir molando». Pero claro, «molar es muy difícil cuando la tecnología te adelanta por la derecha todo el rato».
No resulta para nada extraño que se autodenominen Influs a los 50. Ambos lucen sus canas con orgullo y actúan sin pudor alguno, ya sea a través de la pantalla o ante grandes aforos. También en salas como La Rúa, donde este sábado 22 de noviembre presentan su «antitutorial» definitivo para «no triunfar en redes sociales».
«Nació para ser un tutorial, pero igual no nos ha salido bien», confiesa el humorista anteriormente conocido como Quequé. «Totalmente de acuerdo», apostilla su compañero, reportero de 'guerra' en Hora Veintipico, con un ejemplo que ilustra la cruda realidad: «Te enseñamos, entre otras cosas, a engordar seis kilos en una semana».
Que se abstengan, por lo tanto, todos aquellos que «ven que su hijo es un crack en las redes y no se resignan». Aunque bien mirado, también hay personas tremendamente famosas que no dan pie con bolo. En la Moncloa, sin ir más lejos. «La cuenta de TikTok de Pedro Sánchez con los ministros es terrible», advierte De Miguel, atónito para bien y para mal, tras comprobar que «hacen vídeos de tres minutos y medio». Prueba empírica, según los expertos, de que «no se enteran de nada».
Hablando en serio, que ya toca, el dúo reconoce que Influs a los 50 les viene de perlas para «reposar». Con la agenda «bastante apretada», quizá más que nunca, reconforta rascar algún que otro hueco y desplazarse a «cualquier sitio en el que podamos comer bien y nos traten de maravilla». El show, menos exigente en cuanto a «curro y viajes», se gestó en un viaje desde Madrid a Orusco de Tajuña, ida y vuelta, «llevando a Tony, el perro de Héctor».
Lo llevan preparado, que conste. Y la improvisación es un arte que manejan con soltura. En Burgos, avanza Martín, se lanzarán a la piscina, durante los últimos compases del recital, en compañía de «un músico de la zona». Es lo que les pide el cuerpo para dar el do de pecho en una «sala increíble en la que encima está Jacho, un tío encantador que siempre nos trata muy bien».
La siguiente pregunta es obligada: ¿Quién es el jefe en Influs? En la radio ya se sabe. Don Héctor manda y a veces se extralimita. Aquí, sin embargo, no está del todo claro. El 'patrón' jura y perjura que «este espectáculo es de Miguel Martín y además canta el muy cabrón». El aludido, por su parte, replica entre risas que jamás se atrevería a darle órdenes porque «luego en el curro la hemos liado».
Como buenos influencers, de pacotilla en el caso que nos ocupa, sería lo suyo que el dúo haga un unboxing de Burgos. Es decir, grabar un vídeo destacando las bondades de la ciudad. Ante la propuesta de quien escribe, Martín sugiere uno sobre la morcilla. También se le ocurre, así de sopetón, rendir homenaje a «esa Catedral tan tocha que tenéis». A De Miguel, en cambio, le tira más «Gamonal en 53 segundos» porque «tiene entidad propia más que suficiente». Le recuerda a Garrido, en su Salamanca natal. Otro barrio, el suyo, que «da la cara cuando hay que darla».
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Por mucho que digan, al final han sido capaces de discernir entre «lo que es un TikTok y lo que es un reel». Martín ha sabido sacar partido a las redes gracias a su peculiar sentido del humor, cada vez más habitual en festivales de música y eventos de diversa índole que aciertan de pleno al ficharle para hacer promoción. De Miguel, por su parte, aspira a convertirse en multimillonario con Héctor de Comer, su propio canal de cocina en el que presume de ser «un impostor en lo culinario». Tanto empeño le pone que avisa a navegantes: «centraré todos mis esfuerzos para ser el nuevo Arguiñano».
Solo falta que irrumpa una nueva plataforma repleta de «jovencitos confusos» y tengan que reciclarse. Bastante les costó dar el salto de Facebook a Instagram, donde no les va nada mal en lo que a seguidores se refiere. Todo «un mérito a esta edad», las cosas como son, máxime cuando «somos más de la red social que lo está cambiando todo de forma sibilina: los estados de WhatsApp».