El Correo de Burgos

Las lentejas de La Bureba que un recetario de 1997 vinculaba a una abuela de Briviescana

El recuerdo de Perpetua, natural de Briviesca, conserva los ingredientes y el orden de un guiso de cocción pausada

Lentejas secas, en una imagen de recurso.

Lentejas secas, en una imagen de recurso.Unsplash

Patricia de la Torre
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Las recetas de las abuelas suelen recordarse por el sabor, pero también por la cazuela que usaban y por el tiempo que pasaban al fuego. En el caso de Perpetua, de Briviesca, ese recuerdo llegó a una revista. Sus lentejas quedaron por escrito en 1997, con la cocina de carbón y el recipiente de barro como parte de la historia.

El periodista Carlos González del Pie evocó a su abuela materna en una página de 'Vida Rural' publicada el 15 de junio de aquel año. Bajo el nombre de 'Lentejas a la burebana', el relato conserva una preparación familiar que puede consultarse en la biblioteca digital del Ministerio de Agricultura. La presencia del chorizo, la costilla y la morcilla acerca el guiso a la cocina ligada a la matanza, una tradición que pervive en celebraciones como la matanza de Los Cucos en Burgos y la fiesta de la matanza de Covarrubias.

La morcilla se incorporaba después

El guiso partía de lentejas, ajo, laurel, sal, chorizo y costilla adobada de cerdo. La cazuela permanecía a fuego muy lento durante la mañana. Más tarde se añadía la morcilla de Burgos y, como acabado, un sofrito de pimentón.

Perpetua reservaba un recipiente para esta preparación. El recuerdo de su nieto conserva ese detalle junto a la secuencia de los ingredientes, aunque no ofrece cantidades ni tiempos precisos para reproducir el plato en una cocina actual.

El relato precisa un momento en que la morcilla entraba cuando faltaba alrededor de media hora para comer. Por tanto, no acompañaba a la legumbre desde el arranque. El sofrito llegaba aún después, justo antes de servir, y el periodista recordaba cómo quedaba repartido por la superficie de la olla.

También describe el resultado en el plato. Las lentejas llegaban muy deshechas, cerca de la textura de un puré, entre la carne y la morcilla. Ese detalle diferencia el recuerdo de otras preparaciones que buscan conservar la legumbre entera. La larga estancia al fuego formaba parte del acabado que el nieto asociaba a aquella comida.

La receta conserva, además, una medida doméstica del tiempo. La mañana de trabajo y la proximidad de la comida ordenaban los pasos, en lugar de una sucesión de minutos cronometrados. 

La matanza ofrece el contexto de varios de esos ingredientes. En la recreación de Los Cucos de febrero de 2026, la cocción de la morcilla volvió a realizarse en la plaza de La Flora. La celebración recupera el trabajo y el reparto de alimentos que acompañaban al cerdo, fuera ya del ámbito privado de la cocina familiar.

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