La prehistoria contada por moluscos
El consumo de moluscos en la costa cantábrica durante el Mesolítico formaba parte de estrategias planificadas de subsistencia, no de emergencias alimenticias. Gracias al análisis isotópico de conchas, los investigadores del IsoTOPIK Lab revelan cómo estas comunidades organizaron sus desplazamientos y gestionaron los recursos marinos a lo largo del año

Asier García Escárzaga
Hasta hace poco, el consumo de moluscos en la costa cantábrica durante el Mesolítico se interpretaba como un recurso ocasional, ligado a momentos de escasez o situaciones puntuales dentro de una dieta dominada por la caza y la pesca. Las conchas acumuladas en los yacimientos se consideraban vestigios de un complemento alimenticio, útil pero secundario en la estrategia de subsistencia de aquellas comunidades.
Esta perspectiva comienza a cambiar gracias a un estudio liderado por la Universidad de Cantabria, con participación de la Universidad de Burgos y colaboración de la Universidad de Bradford en Reino Unido. La investigación se centra en el análisis de isótopos de oxígeno en el carbonato de conchas de moluscos, una técnica que permite determinar la temperatura del agua durante su crecimiento y, por tanto, la estación del año en la que fueron recolectadas. Ese dato ofrece no solo un calendario de recolección, sino también una vía para reconstruir la organización del territorio y los desplazamientos de las comunidades mesolíticas, cuya relación con la costa fue más constante y planificada de lo que se había asumido.
El equipo que firma el estudio, publicado en Quaternary Science Reviews en el marco del proyecto PalaeoShells, incluye a Rosa Arniz Mateos como investigadora principal y a Igor Gutiérrez Zugasti como responsable del proyecto. Asier García Escárzaga, investigador Ramón y Cajal en la Universidad de Burgos, jugó un papel central en la investigación. Se encargó junto con Arniz y Zugasti de la toma de muestras de carbonato en conchas arqueológicas y de su análisis isotópico, aportando además experiencia en Arqueología Costera y Biomolecular, disciplina en la que investiga desde 2014. García también contribuyó a la formación predoctoral de la primera autora y ha trabajado durante años reconstruyendo la estacionalidad de la recolección de recursos marinos y las condiciones climáticas del pasado, claves para entender la organización y movilidad de estas comunidades.
El estudio parte de cuestiones fundamentales, como saber cuándo se recolectaban los moluscos y qué peso real tenían en la economía de las comunidades mesolíticas del norte de la península ibérica. El Mesolítico, que se extiende entre hace unos 10.000 y 7.000 años, corresponde al periodo previo a la adopción de la agricultura y la ganadería. En la franja atlántica, se caracteriza por una intensa acumulación de restos litorales en los yacimientos. Los investigadores llevaban años abordando la cuestión y habían publicado trabajos previos que apuntaban a una preferencia por los meses más fríos para la recolección. Este nuevo estudio amplía y confirma esas evidencias.
Durante buena parte del siglo XX, y en fechas recientes, el consumo de moluscos se interpretó como un recurso de emergencia, utilizado solo en episodios de necesidad. La falta de datos precisos sobre estacionalidad y contribución real a la dieta consolidó esta idea. Hoy, el análisis de isótopos de oxígeno en conchas permite revisar completamente esa interpretación. Los investigadores aplicaron técnicas de isótopos estables a gasterópodos espiralados de la especie Phorcus lineatus, conocidos como caracolillos, y a lapas de la especie Patella vulgata. Estos organismos depositan carbonato para formar sus conchas, y la composición isotópica de este carbonato refleja la temperatura del agua a lo largo de la vida del molusco. Medirla permite reconstruir las condiciones climáticas pasadas y determinar la estación en que cada ejemplar dejó de crecer, coincidiendo con el momento en que fue capturado para su consumo. García explica que esta técnica proporciona un registro preciso que vincula directamente la recolección de moluscos con patrones estacionales planificados.
La técnica empleada en el IsoTOPIK Lab de la UBU utiliza procedimientos estándar basados en espectrometría de masas de relaciones isotópicas (IRMS), un método que también aplican otros laboratorios, como los de la Universidad de Bradford y la Complutense de Madrid. Lo que distingue al IsoTOPIK Lab no es la novedad del procedimiento, sino su capacidad para consolidarse como un centro de referencia en estudios de isótopos estables aplicados a la arqueología en el norte de la península ibérica. En los últimos meses, el laboratorio ha recibido conchas, huesos humanos y de animales, y semillas procedentes de Grecia, Malta, Sri Lanka, Alemania y Canarias, ampliando su proyección nacional e internacional.

Asier García Escárzaga.
El estudio confirma que las comunidades mesolíticas no eran primitivas ni carentes de conocimientos sobre su entorno. Sabían identificar los momentos óptimos para recolectar recursos y aplicaban estrategias de conservación que evitaban la sobreexplotación. La ocupación de la costa era estacional, aunque la duración exacta de las ocupaciones y los patrones de movilidad requieren análisis complementarios que incluyan densidad de yacimientos, origen de materias primas y otros indicadores arqueológicos. Aun así, la evidencia indica que estas poblaciones visitaban la costa durante todo el año, con una movilidad más limitada que en periodos anteriores, organizada según la disponibilidad de recursos y el ciclo anual de los alimentos.
En cuanto a la dieta, los moluscos dejan de considerarse un recurso de emergencia y se integran en estrategias de subsistencia planificadas. Su recolección, mayoritariamente en invierno, se combinaba con la caza y la recolección de otros alimentos según la estación. Este patrón demuestra un conocimiento detallado de los ciclos naturales y un manejo consciente de los recursos disponibles, evidenciando la complejidad económica y social de estas comunidades.
El IsoTOPIK Lab continúa ampliando su colaboración internacional para estudiar conchas procedentes de distintos yacimientos. Los resultados permitirán comprender cómo las poblaciones humanas explotaron los recursos marinos y se adaptaron a entornos costeros diversos en condiciones climáticas y económicas muy diferentes. Además, el equipo planea aplicar esta técnica a yacimientos peninsulares de diferentes cronologías, rastreando patrones de explotación de moluscos desde el Paleolítico superior hasta el Mesolítico. También se analizan conchas recolectadas por grupos neandertales para determinar si esta especie gestionaba los recursos marinos de manera similar a nuestra especie, miles de años después.
Este estudio no solo cambia la interpretación de la dieta mesolítica, sino que abre nuevas líneas de investigación sobre movilidad, planificación territorial y gestión sostenible de recursos.