El Hispano-Bretón gana presencia en Castilla y León al aumentar su cabaña un 31%
Con más de 400 ganaderías en activo, la Comunidad acapara el 70% del censo nacional. Una vez unificados los criterios entre territorios, los criadores se fijan como «prioridad» garantizar una «buena genealogía» de la raza

Un ejemplar de Hispano-Bretón, en una feria ganadera de Burgos.
A pesar de mantenerse en peligro de extinción, el caballo Hispano-Bretón no deja de expandir su presencia en Castilla y León. Tanto que al cierre de 2025 se constató un récord histórico en los registros con un total de 12.466 animales censados. En concreto, 9.486 hembras y 2.980 machos que permitieron aumentar la cabaña un 31,2% respecto al año anterior.
Lo mismo ocurre, aunque a menor escala, en el resto de territorios donde se asienta esta raza equina. Con 17.676 ejemplares inscritos a lo largo del pasado ejercicio, no cabe duda de que existe un interés creciente en el sector ganadero. Así lo corrobora, de hecho, el director técnico de la Federación Nacional de Criadores y Productores de Ganado Equino Hispano-Bretón, Sergio Nogales, tras apreciar un «relevo importante de jóvenes que se están incorporando».
Varias son las razones que justifican este incremento. Quizá la principal sea que «el equino es más llevadero que el bovino de carne», también en auge de un tiempo a esta parte, porque da menos problemas en materia de sanidad animal. Eso no quita para que también esté «afectado por el lobo», incluso más que otras especies en determinadas zonas del país.
Sea como fuere, la última estadística censal del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación contabilizó, a 31 de diciembre de 2025, un total de 441 explotaciones en la Comunidad. Lo que viene a ser el 70% del total nacional y 135 más en relación al ejercicio previo, lo cual denota un interés creciente pese a los innegables altibajos que la cabaña ha experimentado a lo largo de la última década.
«Hubo unos años en los que el equino prácticamente no valía nada». Nogales se remonta a los tiempos de la crisis económica de 2008 que propició el «escenario perfecto para un montón de sacrificios porque había un sobreabastecimiento del mercado». Sin embargo, aquellos precios «terriblemente bajos» se dispararon sobremanera gracias -en gran medida- a las exportaciones. Y aunque hace un par de años se produjese un ligero descenso, tampoco resultaría realista «plantear una crisis del sector».
Lidiar con el mercado nunca es sencillo. Menos aún cuando está «concentrado en muy pocas manos». He ahí, precisamente, el quid de la cuestión. Los precios varían en función de los cebaderos sin que los ganaderos puedan tomar parte. Así las cosas, Nogales advierte que «en Castilla y León no hay un cebadero de potros, por lo que se van a otras zonas como Navarra o el Levante».
Dejando a un lado el plano económico, la Federación celebra que a principios del año pasado entrase en vigor la unificación de libros genealógicos de la raza Hispano-Bretón. Hasta entonces, cada región operaba conforme a sus propios criterios y «esa realidad generaba problema para los ganaderos que tenían animales de distintos libros y no podían reproducirlos entre sí».
Lógicamente, esta conjugación ha permitido «abrir mucho el mercado». El intercambio de animales es más fluido y ha servido para incrementar la cabaña. Hasta el punto de que «quitando el pura raza español, el Hispano-Bretón es el segundo con más censo equino de toda España». La distribución de ejemplares, eso sí, varía sobremanera al haber «explotaciones pequeñas y otras muy grandes».
Una vez asentado el mismo marco normativo para todos los territorios, la Federación de fija como «prioridad» alcanzar una «buena genealogía». Para lograrlo, ha sido necesario implementar un «cambio muy grande» en el programa de cría. Eso supone, inevitablemente, verificar si los animales «cumplen las aptitudes morfológicas de la raza para ser reproductores» y llevar a cabo un «control de filiación por ADN». Dicho de otra forma, se ha de corroborar que los animales son hijos de su padre y de su madre. A partir de ahí, apostilla Nogales, «podemos hacer todo tipo de cálculos matemáticos para conservación y mejora».
El siguiente paso, contemplado a corto o medio plazo, será «trabajar con la morfología». Y de ahí, si es posible «el día de mañana», poner en marcha programas de mejora de la raza tomando nota de las preferencias de los ganaderos. Ardua tarea, sin duda, que por ahora no forma parte de la agenda inmediata.
Lo principal, enfatiza Nogales, es «priorizar todas aquellas acciones que conlleven la conservación de la raza». No queda más remedio, por lo tanto, que «controlar los cruces» para evitar que aumente la consanguinidad. De lo contrario, se perdería «biodiversidad» y, por ende, el «acervo genético» del Hispano-Bretón por el que tantos esfuerzos se han realizado -especialmente- desde mediados de la década pasada.