El Correo de Burgos

«Me llamó una camarera y me dijo: 'Álvaro, tenemos que salir porque el edificio se cae'»

El gerente del bar Fuxión, cerrado desde el 27 de marzo por el estado de ruina del inmueble que conecta Cardenal Segura con la Plaza Mayor, desconoce cuándo podrá reabrir el local

Cartel de la concentración convocada este miércoles en la Plaza Mayor en el vallado que protege al inmueble en ruina de Cardenal Segura.

Cartel de la concentración convocada este miércoles en la Plaza Mayor en el vallado que protege al inmueble en ruina de Cardenal Segura.SANTI OTERO

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«¿Me estás vacilando?», contestó Álvaro Martínez, gerente del bar Fuxión, a una de las camareras tras recibir una llamada que le dejó helado. Ojalá hubiese sido una broma, pero no. Nada más llegar, comprobó, muy a su pesar, que tenía que desalojar el establecimiento lo antes posible. 

Los hechos se remontan al viernes 27 de marzo sobre la 1 del mediodía. «Me llamó una camarera y me dijo: 'Álvaro, ven rápido. Están los del Ayuntamiento y la Policía, tenemos que salir todos porque el edificio se cae». No en sentido literal, aunque ya se sabía que el inmueble de la calle Cardenal Segura 2 y 4 que confluye con la Plaza Mayor, justo encima del Fuxión, debía ser precintado por «riesgo de colapso inminente».  

El lunes 30, precisamente, tuvieron que intervenir los bomberos. Se procedió al desalojo del edificio y a la instalación del vallado provisional que, este mismo miércoles, lucía una pancarta de la concentración convocada -tal y como adelantó este periódico- por los vecinos de los bloques colindantes para exigir soluciones. Junto a ellos, Martínez aguardaba expectante a que terminase la reunión convocada, en el propio Ayuntamiento, con el jefe de Obras municipal para analizar la situación. 

Lo único seguro, por ahora, es que los propietarios del inmueble tienen un mes de plazo para actuar. De lo contrario, se les abrirá un expediente sancionador. Mientras tanto, el gerente de Fuxión desconoce cuándo podrá reabrir el establecimiento. Por lo que le han asegurado, no transcurrirá más de un año. Así las cosas, tan solo sabe a ciencia cierta que debe «retirar la terraza en 24 horas» y que si los dueños del edificio no hacen nada «lo hará el Ayuntamiento subsidiariamente». 

Apenas un día después de que se instalase el vallado, Martínez pudo acceder al local para «sacar todo el producto perecedero». Con la máxima precaución y en compañía de la Policía Local y técnicos municipales. 

«Gracias a Dios, tengo otros tres locales por el centro y he reorganizado a los camareros para no despedirles», detalla el gerente de este céntrico bar con la esperanza de reabrir lo antes posible habida cuenta de que, teóricamente, «el local y el primer piso no lo van a tocar». 

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