Del centro de menores a la calle: el drama de las jóvenes sin hogar que desborda los recursos de acogida en Burgos

El ala femenina del CEIS gestionado por la Fundación Lesmes se queda pequeña tras detectarse un repunte de mujeres en situación de extrema vulnerabilidad. La crisis de la vivienda genera un «embudo» que dificulta la reinserción social

Miguel Santos, presidente de la Fundación Lesmes, en la entrada del Centro de Integración Social (CEIS).TOMÁS ALONSO

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Burgos

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La pobreza se puede -y debe- medir estadísticamente. También sus causas, los contextos y el perfil de quienes la sufren. Cada cifra, sin embargo, tiene nombre y apellidos. Historias dramáticas, con nexos en común, que van más allá de los números. Viejas problemáticas sin resolver y nuevas realidades como el repunte de las mujeres sin hogar de un tiempo a esta parte. Muchas de ellas jóvenes, procedentes de familias desestructuradas, que se inician en la vida adulta prácticamente sin recursos.

«Estamos en un momento crítico», reconoce Miguel Santos, presidente de la Fundación Lesmes, tras precisar que la tasa de sinhogarismo femenino en Burgos ronda el 15%. Por desgracia, «cada vez atendemos a más chicas que vienen de centros de menores». De ahí la necesidad de ampliar el número de plazas en el ala de mujeres del Centro de Integración Social (CEIS) del Ayuntamiento gestionado por la entidad.

Sobre la mesa desde hace apenas unos días, esta propuesta permitiría cubrir una demanda creciente. En estos momentos, el centro dispone de 43 plazas y tan solo 11 se reservan a mujeres. Dadas las circunstancias, el espacio se ha quedado pequeño y resultaría conveniente efectuar una reestructuración dotacional tan factible como necesaria.

Con datos y experiencia contrastada sobre el terreno, Santos señala que la tasa de mujeres sintecho tiende a ser bastante menor que la de los hombres porque atesoran «más habilidades y una educación diferente». Sin generalizar bajo ningún concepto, afirma que la población femenina que carece de alternativa habitacional suele afrontar «problemas más serios». Por lo general, afloran episodios de «prostitución, drogas y salud mental». Quizá también, en algunos casos, antecedentes de violencia de género. No obstante, recuerda que «hay otros recursos enfocados a eso».

Más allá del factor género, que inevitablemente influye, la Fundación Lesmes ha podido constatar que la precariedad extrema de la juventud no tiene por qué estar vinculada a las adicciones. El alcohol y las drogas siempre son un factor de riesgo, desde luego, pero el perfil mayoritario en el CEIS es el de mujeres y hombres recién salidos de centros de menores que «provienen de una familia desestructurada con graves problemas de inestabilidad emocional y relacional». Por si fuera poco, «de repente salen y se tienen que emancipar de golpe». Sin apenas formación, no es de extrañar que «acaben juntándose con chavales de su mismo entorno».

«Puede que intenten contactar con la familia de origen, pero en muchos casos no es la mejor solución», advierte Santos haciendo hincapié en que «el CEIS es una alternativa porque son carne de cañón».

Con el centro «casi siempre al cien por cien» de ocupación, la primera fase del programa de integración social de la Fundación Lesmes no se limita a cubrir las necesidades básicas de techo y alimentación de los usuarios. «El objetivo es invertir una trayectoria de exclusión muy dura», enfatiza Santos antes de enumerar una serie de rasgos habituales como «el deterioro físico y cognitivo, los problemas de salud mental y de adicciones o la pérdida de hábitos laborales».

Lo que se busca, desde el principio, es revertir la situación y ofrecer herramientas para el cambio. Por ejemplo, mediante talleres ocupacionales que promuevan la incorporación al mercado laboral. A partir de ahí, comienza la segunda fase en dos pisos tutelados cedidos por el Ayuntamiento que sirven de «eslabón entre el centro y la vida autónoma». Y aunque «el salto es muy fuerte», lo cierto es que el equipo integrador «solo interviene cuando es necesario».

Una vez alcanzada la ansiada autonomía económica y personal, arranca una tercera y última fase en la que «la relación con la entidad es mucho más puntual». Podría decirse, llegados a este punto, que se ha cruzado la línea de meta. No en vano, la actual crisis de la vivienda genera un «embudo» que dificulta sobremanera la plena reinserción.

Al presidente de la Fundación Lesmes le parece «muy triste» que el acceso a la vivienda se haya convertido en un «problema de clases». Un escollo cada vez más acuciante que no entiende de edades sino de bajos salarios y precios de alquiler por las nubes. «Te piden nóminas que superen cierta cantidad, un contrato indefinido...». Cuesta mucho, por lo tanto, que las personas sin hogar -especialmente los jóvenes- «se emancipen, tengan un empleo y sean emocionalmente autónomas».

A pesar de semejante panorama, la tasa de reinserción en el CEIS oscila entre el 55 y 60%. «Nos gustaría que fuera más alta», subraya Santos sin pasar por alto que «hay bastantes recaídas de personas que vuelven». En cualquier caso, le satisface comprobar que «mucha gente ha salido adelante». Algo que contradice de pleno la visión de que «no se puede hacer nada por las personas sin hogar porque lo han elegido voluntariamente». «Nada más lejos de la realidad», admite con vehemencia y con conocimiento de causa, pues sabe de sobra que «es un colectivo con el que se puede trabajar muy bien y que responde».

X Solidaria

Más de un centenar de usuarios acoge el CEIS cada año. En paralelo, la Fundación Lesmes cuenta con su propia Unidad de Día Preventiva, financiada a través de la X Solidaria, para atender a quienes corren el riesgo de perder su vivienda y/o su autonomía personal. Se trata, en muchos casos, de «ancianos prematuros con un deterioro que les impide trabajar y con los que plantear una inserción laboral es absurdo». Lo que se persigue, a grandes rasgos, es que «puedan tener una vida autónoma y que no dependan siempre de una institución».

El programa, «dependiendo del momento», asiste a entre 15 y 30 usuarios. Algunos tienen «discapacidad reconocida y una pensión», pero lo fundamental es que todos y cada uno de ellos puedan gozar de «una calidad de vida lo más aceptable posible». Por eso Santos no deja de insistir en la importancia de marcar la X Solidaria en la declaración de la renta. A fin de cuentas, «el Tercer Sector es imprescindible porque la discapacidad, la cooperación al desarrollo y la exclusión social son problemas que nos afectan a todos».

30 aniversario

Nada tiene que ver el panorama actual con el de aquel 16 de agosto de 1996 en el que la Fundación Lesmes inició su andadura. «Si por algo nos caracterizamos, al igual que todas las entidades del Tercer Sector, es por nuestra capacidad de adaptación al a realidad», asevera su presidente, echando la vista atrás sin perder de vista el presente, a sabiendas de que «en España, al no haber un modelo claro, nos convertimos en organizaciones todoterreno especializadas en el territorio».

«Hemos pasado momentos muy duros y de grandes satisfacciones en estos 30 años, pero siempre hemos sabido sobreponernos a las circunstancias». La resiliencia a la que alude Santos se palpa más aún en los contextos de crisis. Mal que pese, «sabemos por dónde tirar aunque sufrimos porque dependemos de muchos factores». Entre ellos, la dotación de fondos públicos frente a una demanda más elevada que de costumbre en materia de intervención social.

Cierto es que la Fundación Lesmes ha podido sortear mejor los baches gracias a su red de empresas de inserción, que da empleo a más de 200 personas. «Al haber economía social por todos los sitios, cuando hay una crisis no se producen despidos», lo cual no quita para que, en determinadas circunstancias, sea necesario «ajustar salarios».

El hecho de no depender tanto de las administraciones públicas ha permitido que la entidad demuestre una alta capacidad de contención frente a las adversidades. Aparte, Santos destaca su carácter «democrático y asambleario» a la hora de tomar decisiones. Solo así, no le cabe duda, se ha logrado afianzar un modelo de integración social que, tan solo en 2024, benefició a más de 3.600 personas.

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No es de extrañar, visto lo visto, que otras entidades hayan querido replicar proyectos y modus operandi. Como La Mie de Pain en París, a imagen y semejanza del CEIS de Burgos. «Tenían un albergue de 400 plazas y querían hacer algo como esto», rememora el presidente de la Fundación Lesmes mientras esboza una tímida sonrisa antes de comentar, como quien no quiere la cosa, que «pusimos la primera piedra». 

«El Tercer Sector requiere emprendedores y Burgos es un ejemplo»

Se habla mucho, y con razón, del peso industrial de Burgos. No tanto, aunque sea una realidad incontestable, de la amplia red de entidades sociales que atesora la provincia. La única, por cierto, que cuenta con su propia Plataforma del Tercer Sector aglutinando a un total de 40 organizaciones.

«Cuando hay un sector privado fuerte, también hay un sector público potente», sostiene el presidente de la Fundación Lesmes, Miguel Santos, poniendo el foco sobre la consolidación de «un espíritu emprendedor que no se da con tanta fuerza en otras partes de Castilla y León».

Con «entidades que son referentes a nivel de España», Santos acentúa la «solidaridad» entre asociaciones independientemente de su tamaño. «Cuando una necesita ayuda, ahí estamos el resto», subraya plenamente convencido de que el empuje colectivo resulta imprescindible para mantener una prestación de servicios tan amplia como variada.

Lo que parece evidente, y así lo enfatiza Santos, se que «el Tercer Sector requiere emprendedores y en Burgos los hay». Por eso, precisamente, sabe de sobra que la provincia es un «ejemplo» a seguir «dentro y fuera del España».