El Correo de Burgos

PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN ANDANDO BURGOS

Félix Martínez: «Hay que cambiar el foco y ver la responsabilidad que tiene el diseño de las calles en los atropellos»

Asegura que la ciudad tiene las piezas necesarias para ser un referente de la movilidad a pie, «pero hay que colocarlas». Para concienciar y poner al peatón en la agenda política nacía hace diez años el colectivo que lidera

Félix Martínez, presidente de la Asociación Andando Burgos, que celebra este año su décimo aniversario.

Félix Martínez, presidente de la Asociación Andando Burgos, que celebra este año su décimo aniversario.SANTI OTERO

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«Caminar es la primera cosa que un niño quiere hacer y la última a la que una persona mayor quiere renunciar». Félix Martínez lo tiene claro. Tanto que lleva una década con esta reflexión por bandera al frente de la Asociación Andando Burgos, empeñada en demostrar a todo el que quiera mirar la ciudad de otro modo que la movilidad a pie no es una cuestión secundaria, sino un elemento esencial para construir ciudades más habitables, seguras y humanas. Ingeniero de Obras Públicas y experto en movilidad urbana, Martínez preside desde sus inicios un colectivo que ha batallado por situar al peatón en el debate público local. Fiel a ese espíritu, aprovecha el décimo aniversario de la asociación para repasar los avances conseguidos y, sobre todo, las carencias que todavía arrastra Burgos. Para corregirlas, reivindica una planificación urbana que ponga a las personas en el centro. Porque, al fin y al cabo, la movilidad a pie «es esencial para garantizar las relaciones sociales y ahí radica su importancia».

Pregunta.- Andando Burgos cumple diez años. La primera pregunta es obligada: ¿qué balance hace de esta década de trabajo en defensa del peatón?

Respuesta.- Ha sido una década de mucho y constante esfuerzo. Dar a conocer el mensaje de que la peatonalidad como cualidad y virtud de la ciudad no ha sido fácil, pero estamos convencidos de que ha ido calando a través de todo nuestro trabajo. Un trabajo que generalmente ha sido recogido por los medios de comunicación, aceptado por la sociedad y, sobre todo, ha sido introducido en los documentos oficiales con potencialidad de reorientar la movilidad urbana hacia la sostenibilidad. Documentos como el plan de movilidad urbana sostenible, o las diversas ordenanzas, tienen una esencia nuestra. Y, eso, ha sido gracias a un esfuerzo y dedicación muy alto. Pero ya éramos conscientes de las dificultades del activismo, por lo que, si tenemos que hacer balance, este es sin duda muy positivo. Hemos logrado situar al peatón en la agenda política de movilidad. Eso está logrado sin duda. Ahora falta encaminar a los decisores políticos para afinar en las propuestas.

P.- ¿Cuál cree que ha sido el principal logro de Andando Burgos en estos diez años?

R.- Hemos ofrecido multitud de conocimientos a la sociedad en general. Nos atribuimos hablar de peatonalidad, de movilidad urbana sostenible y de otro modelo de ciudad, de forma claramente pedagógica y constante. Participamos en charlas, mesas redondas o hemos organizado cursos específicos. Por tanto, esa labor pedagógica y de difusión, alineada con nuestros fines, está lograda. Creemos ser referente social de la movilidad sostenible. En la práctica, hemos logrado rectificar algunas propuestas iniciales en proyectos o contribuir a mejorar algunos. De forma más específica, conseguimos mejorar la dotación de mobiliario urbano, como bancos, especialmente en el anterior mandato, y cambiamos la ubicación de algunos contenedores, como los de ropa, o la de los cargadores eléctricos para coches. También logramos corregir el criterio con el que se instalaban algunos aparcabicis, pasando de disponerse en aceras a hacerlo en calzadas, y promovimos que se repiense la señalización de calle San Lesmes, para ofrecer prioridad al peatón. Logramos aumentar las dimensiones del paso de peatones de plaza Vega al puente de Santa María, a través de acciones de calle que tuvieron reconocimiento europeo, y que se anulara la última campaña sobre seguridad vial lanzada por el ayuntamiento, que creíamos ofensiva. Muchos vecinos han demandado nuestra ayuda para intentar alcanzar sus objetivos, al fin y al cabo, comunes. Es muy importante esa labor de vigilancia que ejercemos sobre las instituciones. Pero, además, estamos convencidos de haber sumado ejerciendo una crítica constructiva.

P.- ¿Y cuál es la asignatura pendiente más importante que sigue teniendo Burgos en materia de movilidad peatonal diez años después?

R.- Comprender la movilidad a pie. Es verdad que en Burgos disponemos de espacios naturalizados muy amables que permiten el disfrute y la caminata, pero queremos hacer ver que la movilidad a pie no es solo lúdica o deportiva, sino que es una pieza fundamental de la movilidad con gran importancia en lo cotidiano. Cruzar con total seguridad, con tiempos de semaforización mejorados, o poder utilizar gran parte del espacio urbano con total preferencia y protagonismo es todavía un asunto pendiente. Y entender que hay lugares singulares como entornos escolares, médicos o de servicios básicos que han de pensarse de otro modo es una parte muy importante de esa asignatura que, no obstante, creemos que se aprobará.

P.- Después de una década de trabajo, ¿hay motivos para continuar?

R.- Sí. La base está, pero hay que seguir insistiendo. Como indicaba antes, es necesario seguir haciendo ver las bondades de la movilidad a pie en lo cotidiano. Sus consecuencias son totalmente positivas para la sociedad. A pie, todo se transforma. Los ritmos de la vida se ralentizan y permiten ver otra escala: la humana. Es más necesario que nunca.

P.- ¿Ha cambiado la forma en la que Burgos entiende la movilidad y el espacio público desde que nació la asociación?

R.- En esa labor pedagógica que señalamos haber hecho, creemos que hay cambio. Hemos contribuido a dar más información o conocimiento sobre cómo interpretar tanto la movilidad como el espacio público. Pero son nuestros decisores políticos los que tienen que ponerse las gafas de ver desde la perspectiva que ofrecemos. Pontevedra es un referente al que mirar. Es posible, existe marco normativo y técnico, y ese es el camino a seguir. La existencia de Andando Burgos tiene doble lectura: en su nacimiento, por detectar que el peatón y sus necesidades peatonales no estaban en la agenda política, pero posteriormente, como agente necesario para fomentar ese cambio. Insisto, somos necesarios, pero no suficientes. Esto le corresponde a los decisores. La pelota está en su tejado.

P.- ¿Está hoy Burgos más pensada para las personas que hace diez años o todo lo contrario?

R.- No está pensada. Al menos no, de una forma holística. Sería necesario un enfoque integral que nos acerque a comprender las necesidades de las personas, tanto de movilidad como urbanas. Y, sobre todo, tener una planificación que nos marque un rumbo a seguir, independientemente del equipo de gobierno de turno. En todo caso, en los planteamientos de ciudad aún se siguen dejando fuera de la ecuación las necesidades de la infancia, de las personas mayores, de las mujeres, de los migrantes... Pensar que todas las personas se mueven rápido o lejos no hace más que perpetuar un modelo pensado en las necesidades de vehículos, cada vez más demandante de infraestructuras, y esto interfiere en una ciudad para todos los perfiles de ciudadanos, que se mueven por muchos motivos y que necesitan el espacio urbano que actúa, a veces, como la propia prolongación de sus hogares.

P.- En este sentido, ¿qué decisiones o actuaciones considera que sí han erosionado ese modelo y han favorecido la movilidad peatonal?

R.- Pese a no haber un planteamiento integral dirigido a las necesidades de las personas, ha habido avances indudables. Simplemente limitar la velocidad máxima de circulación es una medida muy acertada. Aunque no sea por decisión local, pues viene por imperativo normativo superior. Aun así, aún hay que hacer cumplir esos límites. En lo concreto, se pueden destacar medidas como la recuperación de espacios en la calle San Julián, Grandmontagne o Plaza Roma. También se han ejecutado carriles bici en calzada, que es donde corresponde. De manera genérica, se han hecho otras actuaciones como la rectificación de la ubicación de contenedores junto a pasos de peatones o se ha intentado mejorar la visibilidad de estos puntos tan sensibles, a veces dotando de aparcamiento preferente a bicicletas o motocicletas, que hasta hace bien poco, ocupaban un espacio que no les era propio. La dotación de bancos o arbolado también ha mejorado, sin entrar en matices, pero echamos de menos que estas actuaciones se realicen de forma sistemática. Aún quedan pasos por dar.

P.- Hablemos de ellos, ¿qué errores siguen repitiéndose en el diseño urbano de la ciudad?

R.- Cuesta entender el protagonismo peatonal. Esto hace que algunos cruces entre calles de ámbito local sigan diseñándose como de preferencia vehicular, por ejemplo, con pasos de peatones retranqueados que rompen la lógica del desplazamiento peatonal. Además, muchas zonas de nueva urbanización aún se diseñan con más número de carriles de circulación de los necesarios y, por tanto, con anchuras que pudieran reducirse sin problema. Esto hace que el peatón esté sometido a mayor exposición en la calzada y a mayor riesgo.

P.- Precisamente uno de los asuntos que más les preocupa es la siniestralidad vial. ¿Cuál es el diagnóstico que hace sobre los atropellos en Burgos?

R.- Las cifras de atropellos son demasiado altas. Pero el problema es que detrás de las cifras hay personas. Vidas que se truncan, tanto por daños irreparables, físicos y mentales, como por daños de diversa naturaleza que impiden una vida ‘normal’ durante un tiempo determinado. Detrás de las víctimas hay familias que sufren. Padres que educan a sus hijos para que crucen bien y, de repente, a pesar de ello, un conductor les lesiona. Una señora que va a comprar el pan y no vuelve porque alguien decidió pisar algo más el acelerador. Estas situaciones han pasado en Burgos. Y lo más grave es que el 70% de atropellos se han producido en pasos de peatones, esos puntos por los que, durante más de 100 años, nos han enseñado que era por donde debíamos cruzar. Es intolerable que, además, carguemos la mayor parte de la responsabilidad, cuando no culpabilidad, en las personas que caminan. Hay que cambiar el foco de atención y ver qué parte de carga tiene, por supuesto, el conductor, pero también el diseño de nuestras calles para que los atropellos sean noticia casi a diario en esta ciudad. Y detrás de ese diseño hay responsables.

P.- ¿Qué medidas considera prioritarias para reducir estos accidentes?

R.- Es imprescindible ese cambio de enfoque basado en las directrices más modernas de Seguridad Vial, propuestas en la Unión Europea, pautadas por la DGT a través de la Estrategia de Seguridad Vial 2030 y basadas en la experiencia de aquellas ciudades que, tras apostar por un sistema sustentado en la Visión Cero, han reducido este tipo de siniestros y otros. La Visión Cero consiste en alcanzar cero muertes en el año horizonte y que las lesiones sean cada vez menos graves. Detrás de esta estrategia se encuentra la corresponsabilidad de estos sucesos, entendiendo que empresas, fabricantes y la administración pública han de hacer aún un ingente esfuerzo.

P.- Mientras tanto, como comentaba, la tendencia a responsabilizar a las víctimas en muchos atropellos…

R.- Prueba de ello fue la campaña que el Ayuntamiento de Burgos lanzó el año pasado: ‘Tú eliges la manta’. Lo denunciamos por grave, errónea y obsoleta, al asemejarse a las primeras campañas de siglo XX. El problema radica en la idea cultural de preponderancia de las necesidades de los vehículos. Parece como si lanzar un mensaje de cuidado a los conductores atentara contra la industria del automóvil. Nada más lejos de la realidad. El Reglamento General de Tráfico tiene claramente tipificada la infracción del cumplimiento de la norma en relación a cómo circular ante un paso de peatones. Hacerlo a velocidad inadecuada es grave. Nada tiene que ver con el comportamiento de la industria. Va de comportamiento humano al manejar una máquina. Debería ser obligatorio instar a cumplir la norma en este sentido desde las autoridades, con campañas constantes.

P.- Destáqueme los puntos más peligrosos para los peatones en Burgos y aquellos que han mejorado notablemente en estos años.

R.- Lamentablemente no observamos mejoras notables. Las grandes avenidas siguen adoleciendo de medidas de calmado de tráfico y son vías donde de forma reiterada se producen atropellos o siniestros entre vehículos. La calle Santa Bárbara sigue siendo también un punto peligroso. Sabemos que se han instalado nuevos semáforos con cierta intención de mejora. Pero es un lenguaje que sigue siendo de regulación de tráfico, que poco contribuye a priorizar la movilidad a pie, genera acumulación de coches y peatones innecesariamente y desvirtúa el significado de paso de peatones. Pero a día de hoy tenemos más peligros. A lo dicho, se suma el crecimiento de circulación de vehículos en las aceras o las ocupaciones excesivas del espacio propiamente peatonal, por elementos privativos. Estas circunstancias son dañinas y altamente mejorables.

P.- Respecto a otras cuestiones mejorables, han sido una de las voces más críticas con el aparcamiento en altura. ¿Considera una victoria la rectificación del Ayuntamiento?

R.- Nosotros fuimos una de las primeras voces en alzarse contra este tipo de construcción tal y como estaba planteada y, sobre todo, dónde se planteaba. Fueron las plataformas No al Parking en altura junto a los coles, con origen en las quejas de algunas familias del CEIP Sierra de Atapuerca, y María Amigo, quienes realmente lideraron la oposición. Andando Burgos apoyaba a ambos colectivos dado que sus argumentos estaban completamente alineados con nuestros principios rectores. Ambas trabajaron muy bien argumentos técnicos que, en esencia, respaldaban la idea del modelo de ciudad y movilidad por el que nosotros venimos trabajando. El recurso que planteó posteriormente el PSOE contra la incomprensible modificación del PGOU, que sí salió adelante, bebía precisamente de estos argumentos. La justicia no dudó y tumbó, como no podía ser de otra forma, la idea original del equipo de Gobierno.

P.- Seguimos con otro proyecto municipal que impacta de lleno en la movilidad urbana. ¿El túnel previsto en la calle Santander traerá las mejoras que anuncian sus promotores o, por el contrario, puede generar más problemas?

R.- Lo primero que nos deberíamos preguntar es qué se pretende con el túnel. Mejorar la movilidad no es mejorar el tráfico. En todo caso, dudamos de que este túnel mejore, tan siquiera, lo segundo. Cuando hablamos de mejorar la movilidad, hemos de pensar en transformarla, en hacerla más eficiente, más segura, menos necesaria y, sobre todo, más saludable. Atraer más coches no cambia nada respecto al modelo contra el que venimos trabajando. Una obra faraónica de estas características, que se justifica en el ahorro de unos pocos minutos de circulación en automóvil, en una ciudad como Burgos es, sinceramente, una barbaridad, una barbaridad millonaria. Podríamos emplear ese dinero en mejorar sustancialmente el sistema del transporte público y, sobre todo, la peatonalidad, por efecto de realizar multitud de pequeñas actuaciones en toda la ciudad mucho menos costosas. Desde luego, nos oponemos a una supuesta peatonalización en la calle Santander, si detrás de ello, o, mejor dicho, debajo de ello, hay una obra de estas características que no cambia el modelo. No en el nombre del peatón, no lo utilicemos torticeramente. Podremos discutir si es necesaria la peatonalización de esa calle, pero nos oponemos a hacerlo de esta forma.

P.- ¿Peatonalizar es la solución o cree que, en ocasiones, esta medida se aplica sin una planificación adecuada?

R.- La peatonalización no puede ser una solución si, como bien apuntas, no hay una planificación adecuada de las necesidades de movilidad en general y de las peatonales en particular. Pero, además, no puede ser una solución si no se piensa desde una perspectiva social y sociológica, analizando sus impactos y en quién puede repercutir. En los años 90 había una clara intención de mejorar los centros urbanos, muchas veces por la incompatibilidad del incremento de circulación de coches con la cantidad de personas que caminaban en esas zonas o por protección del valor patrimonial. Sus efectos en el comercio y en la calidad urbana fueron incuestionables. Pero, en este momento, Burgos no necesita generar una isla peatonal en la que se amplíen oportunidades de comercio monofuncional, cuasielitista. La revaloración de inmuebles, expulsión de vecinos tradicionales y comercios de toda la vida son efectos perversos de unas peatonalizaciones pensadas desde un único enfoque sectorial. El concepto de peatonalización se ha manipulado. La atención debe estar en modificar los hábitos, reduciendo la cantidad de coches innecesarios en toda la ciudad, y en diseñar espacios de mayor calidad urbana en todas las calles y barrios de la ciudad, dando preferencia y protagonismo al peatón y, en general, al ciudadano que desea estar y participar en el espacio. La respuesta está en la peatonalidad o caminabilidad. No en la peatonalización.

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