Sin visos de solución en la calle Briviesca: «Hasta que no cierran, la gente mayor no se atreve a salir»
El Ayuntamiento de Burgos y la Subdelegación del Gobierno se comprometen a reforzar la presencia policial ante la imposibilidad de actuar administrativamente contra los dos 'after' que llevan años generando malestar en el vecindario

Control conjunto de Policía Nacional y Local en la calle Briviesca.
Cada fin de semana, la misma historia. Con mayor o menor afluencia de clientes con ganas de alargar la fiesta, pero siempre cruzando los dedos para que no se registren altercados graves. Así viven, desde hace años, los vecinos de la calle Briviesca. Con una mezcla de temor e indignación, de desesperante hartazgo tras comprobar, una y otra vez, que «no se puede hacer nada» contra dos 'after' habitualmente visitados por la Policía (Nacional y Local) por peleas y consumo de drogas en la vía pública.
«Estamos cansados», asegura a este periódico Cristina L. H., una de las afectadas, tras reunirse este lunes con la alcaldesa de Burgos, Cristina Ayala, y el subdelegado del Gobierno, Pedro de la Fuente, para abordar la situación junto a varios vecinos de la zona. El problema, como ya les han trasladado en anteriores ocasiones, reside en que ambos establecimientos disponen de licencia para abrir a partir de las 6 de la madrugada. Poco se puede hacer en este sentido y, además, las mediciones de ruido que realiza la Policía Local suelen situarse por debajo del límite de decibelios permitido.

Reunión de la alcaldesa, Cristina Ayala, y el subdelegado del Gobierno, Pedro de la Fuente, con vecinos de la calle Briviesca.
Cierto es, tal y como apunta Cristina, que «la presencia de la Policía Nacional ha crecido desde la última reunión». No obstante, la sensación de inseguridad prevalece y «la gente mayor, hasta que no cierran (los 'after'), no se atreve a salir». En su portal, por lo que pueda pasar, se ha instalado una cámara de videovigilancia que «apunta a la puerta y es fácil que sea vea algo». Sin embargo, la opción de recurrir a este sistema en la vía pública queda descartado.
El único remedio a día de hoy es intensificar los controles preventivos. Una medida que, según el subdelegado, se «va a seguir manteniendo e incluso acrecentando» con el fin de mitigar el malestar vecinal en la medida de lo posible. Por otro lado, considera indispensable que «no quede ningún hecho sin denunciar» para que «nada de lo que se haga a esas horas ocurra más allá de la legalidad y de la normativa que tenemos».
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Sin visos de solución por el momento, Cristina recuerda que los controles de acceso a ambos lados de la calle Briviesca allá por 2023, con cacheos a la clientela de ambos locales por parte de la Unidad Canina, redujeron el número de altercados. Por la mera presencia policial y porque «se requisaban armas blancas, puños americanos y drogas». Aún así, «muchos escondía la 'mierda' antes de llegar y luego la recogían».
«Si la gente tiene armas es porque algo malo va a pasar. Si no, estarían con globos y serpentinas». A estas alturas, Cristina se lo toma con cierto humor pese a ser consciente de los quebraderos de cabeza que este «insufrible» panorama le genera tanto a ella como al resto de residentes del entorno. No solo por las trifulcas que cada equis tiempo requieren la presencia de los servicios sanitarios, sino también por la «música» y el «ruido de la calle» que se escucha perfectamente desde su domicilio.
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Bien podría ser una solución, o por lo menos un parche, que estos 'after' contasen con porteros para impedir la entrada de clientes susceptibles de generar conflictos y mediar en caso de reyerta. Pero no. En uno de estos locales está el «típico 'amigo'» que da el soplo en caso de que se avecine un control, de tal manera que «si hay movida dentro la sacan fuera y si hay movida fuera y no quieren que la Policía se entere la meten dentro».
No piensan rendirse, pese a todo, los residentes de la calle Briviesca que llevan tiempo exponiendo esta problemática ante las administraciones. A la espera de que el Procurador del Común se pronuncie, la única respuesta que Cristina y el resto de vecinos que dan la cara por el resto han recibido es que «no queda otra que seguir denunciando, pico y pala, hasta que se cansen».