El Correo de Burgos

Hartazgo vecinal en la calle Vitoria: «Es cuestión de tiempo que pase algo gordo»

La conflictividad nocturna, agravada desde hace años por una discoteca y los dos ‘after’ de la calle Briviesca, deja cada fin de semana un reguero de suciedad e incluso «restos de sangre»

Dos agresiones en la misma noche en este tramo de la calle Vitoria.

Dos agresiones en la misma noche en este tramo de la calle Vitoria.D. S. M.

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Raro es el fin de semana que no pasa nada. Peleas, agresiones, ruido y suciedad. Una tónica tristemente habitual que desde años soportan los vecinos de la calle Vitoria, en el entorno de la Delegación de Hacienda, debido a las aglomeraciones masivas en una conocida discoteca.

«Es cuestión de tiempo que pase algo gordo», advertía un vecino de la zona tras enterarse de que este domingo dos jóvenes fueron agredidos, con tan solo unas horas de diferencia, a escasos metros de su domicilio. Tampoco le extraña porque, como él mismo ha podido comprobar en multitud de ocasiones, es normal ver cómo «se pegan, se persiguen y lo dejan todo lleno de mierda».

El viernes, sin ir más lejos, fue testigo de un altercado a las puertas de la discoteca a primera hora de la mañana. Visto lo visto, prefirió esperar en casa a que la situación se calmase por si las moscas. Muy a su pesar, desde luego, y plenamente convencido de que «hay que tomar medidas cuanto antes porque siempre pasan un montón de cosas».

«Espero que se planteen cerrar el local porque es un peligro para todos». No solo para los residentes de la zona -especialmente menores-, sino también para las mascotas porque en más de una ocasión se ha encontrado restos de droga. Por ejemplo, unas «pastillas de colores». Y no eran chucherías precisamente.

El hartazgo es cada vez mayor. «Todas las noches lo mismo. Se ponen a cantar a las 4 de la madrugada y me he encontrado restos de sangre cuando salgo a la calle», lamenta sin pasar por alto que, de vez en cuando, «la gente se mete en los portales a mear».

La cercanía de este establecimiento con los dos ‘after’ tampoco ayuda. La fiesta se prolonga hasta el mediodía y más allá mientras la sensación de inseguridad aumenta. Ni siquiera la habitual presencia de la Policía Local, que en su día llegó a realizar controles de acceso a ambos lados de la calle Briviesca para impedir la entrada de armas o sustancias estupefacientes, parece disuadir a la clientela.

Mientras tanto, la acumulación de residuos y restos de vidrio en la calzada en los aledaños de la discoteca se ha convertido en el pan de cada fin de semana. Según relata este vecino, «los limpiadores de la discoteca muchas veces empujan con la escoba las botellas y la basura debajo de los coches».

Ante semejante panorama, el parque infantil de la plaza de Santa Casilda se encuentra cada vez más desangelado. Sobre todo por las mañanas, dado el riesgo que conlleva que los niños jueguen entre suciedad, cristales rotos y residuos de todo tipo. Nada que ver con hace unos años, antes de la pandemia, cuando la situación era completamente distinta y apenas se registraban incidentes en los aledaños de este establecimiento.

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