Está a la venta. Así es en fotos el impresionante monasterio convertido en hotel que puedes comprar en la Ribera del Duero
El convento, de 1190, perteneció a las monjas benedictinas y fue reformado de forma integral por la familia que lo rescató de la ruina

Monasterio de Tórtoles de Esgueva
Rodeado por fuentes —una de ellas, cuenta la leyenda, es milagrosa— y en plena Ribera del Duero, se acaba de poner a la venta un monasterio que en su día dio cabida a las monjas benedictinas y que, durante muchos años, ha estado funcionando, y bien, como hotel.
Esta joya urbanística, enclavada en la parte alta del pueblo de Tórtoles de Esgueva (Burgos), se vende por 3.245.000 euros y hoy lo recorremos de la mano de uno de los tres hermanos propietarios, Fernando Delgado Esteban.
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Loreto Velázquez
Conocido como Monasterio de Santa María, se sitúa entre Aranda y Palencia, en el valle del río Esgueva. Pese a que lleva cerrado cuatro años, llama la atención el cuidado de los detalles, con un diseño arquitectónico marcado por la esencia de la historia. De su rehabilitación se encargó, explica Fernando, un empresario madrileño que invirtió en la causa 1,5 millones de euros. “Si lo ven cuando lo compraron mis padres, que estaba hecho una pena, no tiene nada que ver”.
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Loreto Velázquez
La historia del monasterio es de lo más curiosa. Su origen se remonta al año 1148, cuando Melendo Armíldez y su esposa, María, donaron al monasterio premonstratense de La Vid (Burgos) unos terrenos situados en la villa de Tórtoles, con una iglesia dedicada a Santa María. El nuevo monasterio se fundó en 1161 y, en 1163, el Papa Alejandro III confirmó la propiedad del mismo al Monasterio de La Vid. Por alguna causa, la fundación premonstratense no cuajó y el lugar fue reintegrado a la familia Armíldez.
El relato se retoma en el año 1190, cuando María Armíldez y su marido, Gonzalo Pérez de Torquemada, sin hijos, además de realizar varias donaciones a la orden de Calatrava, tomaron la decisión de fundar en este lugar un nuevo monasterio y, para llevar adelante la empresa, contaron con Urraca Pérez de Torquemada, hermana de Gonzalo y abadesa del monasterio benedictino de San Millán de Frandovínez (Burgos).
En 1197, la nueva comunidad ya estaba instalada en Tórtoles, ocupando la antigua Iglesia de Santa María y con Urraca como primera abadesa. Ese año, Alfonso VIII de Castilla dio el visto bueno a la fundación, que gozaría de su protección, y el Papa Inocencio III la aprobó, poniendo el monasterio bajo su jurisdicción.

Vista aérea del Monasterio
Importante señorío monástico
Seguidamente, la comunidad consiguió otros bienes, convirtiéndose en el centro de un importante señorío monástico con ampliaciones como el claustro y la sala capitular, esta última de finales del siglo XIII, y una posterior capilla funeraria dedicada a la Trinidad. También se modificó profundamente la Iglesia de Santa María.
El declive comenzó en el primer cuarto del siglo XIX, cuando la abadesa perdió buena parte de sus prerrogativas, especialmente en lo que se refiere a la justicia. Tras perder algunos de los bienes que integraban el señorío, el monasterio entró en decadencia y, en 1973, las monjas de clausura se trasladaron a Aranda, a su actual ubicación, en la carretera de Valladolid, frente a la fábrica Michelin.

Monasterio de Tórtoles de Esgueva
Santiago y Teresa lo salvaron de la ruina
Como todo lo que merece la pena, este espacio histórico vivió una nueva oportunidad a finales del siglo XX, cuando los padres de los actuales vendedores, Santiago y Teresa, decidieron adquirir este patrimonio y alquilarlo para un futuro hotel. De su gestión se encargó un empresario madrileño que, tras una exhaustiva rehabilitación, lo convirtió en un hotel-restaurante con 17 habitaciones, tres de ellas dúplex.
Para la familia Delgado, este monasterio ha sido parte de su vida. “Mi padre era carpintero, como mi abuelo, mi bisabuelo y como yo mismo, y mi madre llevaba la carnicería. Además, tenía en una de las salas del monasterio una sala de costura”, recuerda.
Cuando lo compraron, previa autorización de la Santa Sede, él tenía 32 años. “Mis padres se quedaron en su casa del pueblo, y yo me mudé al monasterio con mi mujer y mis hijas, ocupando la antigua vivienda del capellán, por lo que mis hijas han crecido aquí”.
Aunque el hotel funcionaba bien, la gestión, asegura, no fue correcta y el empresario cerró. Tras un impasse de cuatro años, Fernando dio el paso, pero se equivocó de socio y hoy ya busca solo un comprador que continúe con el sueño. “Yo ya estoy mayor, y tanto mis dos hijas como mi sobrino tienen su vida hecha. Es la mejor opción para todos”.

Monasterio de Tórtoles de Esgueva
La oferta incluye además una quesería y un terreno anexo de 3.490 m²
El espacio es espectacular. Con una superficie total de 12.490 m², la venta incluye el monasterio, una quesería y un terreno anexo de 3.490 m². En su interior, además de las habitaciones, un ascensor y baños y habitaciones adaptadas, que hacen accesible el inmueble, hay un salón de bodas que se ubicaba en la antigua iglesia, una capilla para bodas civiles, una cocina profesional equipada, un comedor y un claustro adornado con un bello artesonado, acomodado además a los nuevos tiempos con cristaleras para proteger del frío y suelo radiante. “Es un edificio histórico con esencia y grandes posibilidades”, anima Fernando.