El Correo de Burgos

Una práctica formativa deja sin medicación gratuita a un arandino con el 75% de discapacidad

El joven ciego y con autismo participa en un curso para la inclusión de personas con diversidad funcional

El violín se ha convertido en un aliado indispensable en la vida de Alejandro

El violín se ha convertido en un aliado indispensable en la vida de AlejandroL.V.

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Aranda

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Beatriz tiene un hijo con autismo y Asperger que, además, es ciego. Hasta ahora, por sus circunstancias, tenía acceso a la prestación gratuita de medicinas, pero eso ha cambiado hace apenas unos días desde que Alejandro fue dado de alta para hacer prácticas dentro del curso formativo que organiza la Universidad de Burgos para fomentar la inclusión sociolaboral de personas con distintas discapacidades. “Cuando llegué a la farmacia a por sus medicinas del mes me dijeron que había perdido la condición de prestación que otorga el Sacyl”, lamenta Beatriz.

Se trata de un curso gratuito organizado por la Facultad de Educación, que cuenta con el respaldo de la Fundación ONCE y la asociación Miradas de Autismo. “El programa, 'Experto en Habilidades para la inclusión laboral', está siendo muy útil porque le servirá para avanzar y encontrar algún día un trabajo”, destaca.

Tras un periodo de clases teóricas, Alejando ha comenzado a realizar sus prácticas en la misma facultad dentro del departamento de reciclaje. “Sobre todo aprende a desenvolverse solventando situaciones que pueden surgir”, agradece.

Por él, esta familia se trasladó el pasado mes de diciembre de Aranda de Duero, donde aún trabaja el padre, a Burgos, donde su hijo estudia además en el único conservatorio de música que, a día de hoy, hay en la provincia. 

La familia reivindica al Sacyl una solución porque las cuentas “no salen”. Medicinas para el autismo, colirios, tratamientos dermatológicos y una autovacuna que le ponen cada tres meses, “y que le va fenomenal”. “Es un gasto importante con el que desde luego no contábamos”, rechaza.

En Burgos, los gastos se acumulan. Según explica, encontrar “un alquiler decente” fue una “odisea” y, aunque sus hijos están encantados con el conservatorio y Alejandro con el curso, si Aranda recupera el Conservatorio de Música y Danza, como ha anunciado ya el Ayuntamiento, su idea es regresar a casa.

La música, la mejor aliada

La música se ha convertido en un aliado de excepción en la familia García. “Como somos de Aranda, mis hijos comenzaron a estudiar en la Escuela de Música. Antes de escoger violín, Alejandro cursó primero Música y Movimiento. “Ya ahí, con siete años, tenía problemas de vista, pero la profesora de violín nos ayudó muchísimo y otro profesor, Diego, se formó profundamente en Braille”, afirma agradecida porque aunque se han mudado a Burgos la colaboración entre ambos centros es plena y continua.

El paso por el colegio no fue fácil. “La pérdida de la vista le afectó mucho porque, al ser Asperger, el trabajo se basa en imágenes y ya no se podía, y cuando llegó la pandemia todo se complicó aún más porque sus manos son su vista y no podía tocar”, relata esta madre, sin olvidar otras afecciones, como problemas de paladar, que le han obligado a pasar varias veces por el quirófano. “Su vida es un poco difícil”, afirma.

También para ella. Enfermera de profesión, cambió su trabajo por cuidar de sus hijos. “Desde que nació ya tuvo problemas con el paladar y porque no cogía peso. Según nos dijeron en el Hospital Niño Jesús de Madrid, tenía inmadurez general del aparato digestivo y urinario y, como no podía comer bien por el paladar, le tuvieron que operar”, señala, consciente de que el diagnóstico aún no era completo.

Pese a todas las dificultades, Alejandro aprobó el colegio sin apoyo extracurricular, pero el ritmo frenético de Bachillerato, donde no ha contado con ayuda por parte del instituto “y especialmente del director”, les ha superado. “Este curso de la Universidad le dio una razón para seguir porque él nunca se ha rendido, pero necesita ayuda”, implora.

A nivel social, Alejandro también lo ha tenido difícil. “Aquí, en Burgos, al menos tiene un amigo, pero en Aranda no hubo forma”, lamenta, triste por la falta de empatía. “Alejandro es un niño maravilloso, solo necesita una oportunidad”, termina.

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