El Correo de Burgos

“El sistema de integración funciona muy bien y para los ganaderos pequeños es un buen seguro”

Marta tiene una granja de 2.000 cerdos en el pueblo burgalés de Zazuar

Marta Llorente posa en su granja de 2.000 cerdos

Marta Llorente posa en su granja de 2.000 cerdosL.V.

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Aranda

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Marta Llorente cumple en noviembre 8 años como ganadera. Ella lo tiene claro. “El sistema de integración funciona muy bien y, para los ganaderos pequeños, es un buen seguro”, afirma.

Marta abrió su explotación porcina en el pueblo burgalés de Zazuar en 2018. “Cuando decidimos emprender, el desembolso fue brutal, más de medio millón de euros. Esto ha sido la inversión de mi vida, pero, al estar en integración, no sufro de forma directa la fluctuación del precio de la carne y no me pongo tanto en riesgo”, señala, a sabiendas de que el contrato inicial se hace por 15 años.

El sistema de integración es sencillo. La empresa integradora, en su caso Agrocesa, como propietaria de los cerdos, se hace cargo del coste de los piensos, los medicamentos, los servicios veterinarios y, además, ayuda en las tareas de carga y descarga de los animales. Por su parte, Marta pone el trabajo diario y paga la luz, el agua y las reparaciones que surjan en su instalación. “Cuando critican tanto a las integradoras, diciendo que son grandes fondos de inversión, se equivocan. La mayoría son empresas familiares, pequeños autónomos a los que les han ido bien los negocios y han podido crecer”, puntualiza.

En su granja, la actividad es especialmente intensa estos días, ya que toca vacunar a los cerdos contra la enfermedad de Aujeszky, similar a la “rabia en los cerdos. “Es una enfermedad erradicada desde hace muchos años en España, pero vacunamos para seguir previniendo”, argumenta.

Solo están exentas de vacunación las granjas de calificación sanitaria A4, que, al ser oficialmente indemnes, solo tienen que hacer un control serológico por lote para asegurar esa inmunidad. “En España hay muy pocas porque la trazabilidad se tiene que garantizar en todo el ciclo vital del cerdo, desde las granjas madres”, explica esta ganadera, que tiene calificación A3.

Por normativa, ella vacuna en la primera semana que los animales entran en la granja y luego revacuna a los 21 días. “Aquí llegan con dos meses y unos 18 kilos de peso y los saco con una media de 115 kilos, a los cinco meses”, detalla.

Periodo de adaptación

El momento más preocupante se produce en las primeras semanas y, sobre todo, en los primeros días. “Los animales son muy pequeños y, con el viaje, pueden llegar estresados. Además, se deben adecuar a la nueva granja, con tolvas amoldadas ya a lo que va a ser su crecimiento. Por eso, es importante estar muy pendiente en ese periodo de adaptación y controlar mucho la temperatura y la humedad”, sostiene.

Con 2.000 cabezas, descarta ampliar. “Cuando nos decidimos a abrir una explotación ganadera, lo hicimos como complemento a nuestra actividad agrícola porque el campo que teníamos no daba suficiente trabajo para mi marido y para mí, y era una buena forma de dar salida a los purines como un abono extraordinario para las tierras, pero ahora hemos crecido mucho con la explotación agraria porque, si no creces, no es rentable, y vamos ya a tope. Ampliar implicaría contratar personal y ya pasamos por eso. No es nuestra idea”, zanja, a sabiendas de la complejidad de encontrar trabajadores cualificados interesados.

Peste porcina africana bajo control

Aunque el brote de peste porcina africana ha bajado el precio de la carne, Marta confía en el protocolo de protección. “Esta crisis ha demostrado que las granjas funcionamos bien y que los controles exhaustivos de bioseguridad sirven”, afirma al recordar que el brote que comenzó en Barcelona en noviembre de 2025, con la muerte de un jabalí silvestre, “no ha entrado en ninguna granja de España”.

En su opinión, los acuerdos alcanzados para el comercio exterior que ha logrado la Interprofesional del porcino, suponen un balón de oxígeno para España, el principal país exportador de carne de cerdo blanco. “Gracias a este acuerdo, las exportaciones se mantienen, salvo en el foco comprometido”, celebra, mientras reitera que en ningún momento la peste ha puesto en riesgo ninguna granja del país.

La ganadera confía en recuperar pronto la calificación de país libre de peste porcina africana, “como hemos sido en los últimos treinta años”. “Recuperaremos la calificación cuando se cumpla un año del último positivo”, concreta.

“Nos resta competitividad”

Mención especial merece la burocracia. “Nos quita muchísimas horas de trabajo real y efectivo, que es lo que nos da de comer. Son papeles y más papeles. No entiendo cómo la administración no pone una solución porque nos resta competitividad”, reivindica.

En el campo, Tomás y Marta cuentan con 20 hectáreas de viñedo, a las que suman 90 de cereal, trigo y cebada, con rotación con oleaginosas o leguminosas, normalmente girasol, vezas y alfalfa.

Aunque nació en Madrid, Marta siempre supo que su vida estaba en el pueblo de sus padres. Eso sí, nunca pensó que acabaría teniendo cerdos. Estudió Administración y Finanzas y, cuando se trasladó a Zazuar, trabajó en una empresa hasta que, al quedar embarazada, fue despedida. Tocaba replantearse la vida. “La ganadería y la agricultura son exigentes pero también me permiten conciliar la vida con mi hijo y mi marido. Yo aquí soy feliz”, termina.

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