Los viticultores temen un desplome del precio de la uva con una cosecha que puede superar la de 2025
Bodegas y viticultores muestran su preocupación por la evolución del mercado y advierten de que el aumento de producción puede agravar la crisis

Imagen de una de las mesas de debate
Con unos mercados ralentizados y una previsión de cosecha que amenaza con superar los 129 millones de kilos de uva, la preocupación es evidente entre viticultores y bodegueros de la Ribera del Duero. Así se vio ayer en la tercera edición del foro 'El Mercado de la Uva 2026', que celebró Fuentenebro con la organización de la asociación Amigos del Alforjillas. “El precio de la uva dependerá de cómo evolucionen los mercados”, afirma el experto analista Rafael del Rey.
Ante el problema que se avecina, los viticultores piden a la administración mecanismos flexibles y reclaman conocer el precio de la uva antes de la cosecha. Su preocupación se extiende a la consolidación de grandes grupos bodegueros “que están acaparando el viñedo”. “El pequeño viticultor corre el riesgo de desaparecer”, advierte el influencer del vino Nacho Rincón.
Aunque la situación es compleja, el presidente de la Asociación de Enólogos de la Ribera del Duero (Enoduero), Antonio de la Fuente, insiste en la importancia de trabajar todos en el mismo sentido porque “de todos depende el futuro de la Ribera”. “El viñedo tiene que ser rentable para el viticultor y la bodega tiene que ser rentable. Hay que buscar el equilibrio”, defiende convencido de que a las bodegas no les interesa cambiar de viticultor cada año porque así controlan mejor el vino “que luego tienen que vender”.
Desde la asociación de Bodegas Asebor coinciden y destacan el potencial de una tierra “levantada con mucho esfuerzo que tiene mucho futuro por delante”. "Tenemos que seguir apostando por la calidad y por defender nuestros vinos abriendo nuevos mercados", afirma su presidente Iker Ugarte.
Alternativas
La incertidumbre afecta también a las bodegas, tras una cosecha especialmente intensa en cantidad y un mercado que no termina de absorber el crecimiento. Según explica Rafael del Rey, analista en DelReyAWM, el sector tiene motivos para estar preocupado, pero también hay opciones y alternativas. “Las ventas, en general, no van bien, pero hay muchas diferencias en cuanto a tipos de vino y también por regiones y empresas”, señala mientras pone como ejemplo los vinos blancos, que siguen creciendo, mientras los tintos más tradicionales sufren cierto estancamiento.
Las diferencias se extienden, en su opinión, al segmento de cada vino. “Los de alta gama están capeando bien la crisis, como las grandes marcas, y, en cambio, los vinos de precios medios son los principales afectados”, señala, sin olvidar otro factor importante, la ubicación y la fama. “Hay mucha diferencia entre una región vitivinícola y otra y ahí Castilla y León y Ribera del Duero tienen una ventaja”, subraya.
Aunque hay incertidumbre, Castilla y León y Ribera del Duero “van suave”. “En exportación, donde tienen mucho recorrido, están supliendo el parón del mercado con precios más económicos y algo más de volumen”, concreta.
Pero, ¿cómo va a evolucionar el mercado? “Es muy difícil saberlo, pero sí podemos diferenciar entre los elementos que son o pueden ser estructurales y los que pueden ser coyunturales”, analiza. Temporales, en su opinión, pueden ser las subidas de aranceles del presidente Donald Trump, la guerra de Rusia, que está afectando mucho a las ventas de vino en Rusia, o la subida de costes, “que seguimos sufriendo desde la postpandemia”. “Pero luego hay factores que se pueden volver estructurales, como los cambios de tendencia del consumo en mercados que claramente están apostando por vinos más frescos y con menor graduación”, advierte.
Por colores, el blanco es el nuevo rey, sobre todo si es espumoso. Rafael del Rey defiende la hipótesis de la polarización. “Los datos lo demuestran. Tanto los vinos de alta gama, donde están las marcas más reconocidas, como los vinos más populares, frescos, blancos, con poca graduación e incluso cócteles, están funcionando bien. Por contra, los tintos clásicos de toda la vida están teniendo problemas a la hora de acceder al mercado. Así lo estamos viendo en zonas como Burdeos, donde ya están pidiendo destilaciones de crisis y arranque de viñedo”, señala.
En Ribera, su consejo pasa por posicionarse en los segmentos altos, donde hay cabida, como se demuestra en Italia y Francia. “Es bueno tener vinos de alta gama porque son los que dan imagen y son los que están en los grandes restaurantes y vinotecas de lujo, y España, Ribera y Castilla y León tienen recorrido”, anima.
La otra opción es apostar por vinos que también están teniendo buena salida, como los rosados frescos, los blancos, la burbuja y los vinos de baja graduación, tanto en la versión 5,5% como en la propia 0,0%. “Seguramente los veremos más en el futuro”, insiste, con la mirada puesta también en cócteles que están encontrando encaje, como los rebujitos de Andalucía, el Portotonic de Oporto o los tintos de verano. “Esta revolución seguirá mucho tiempo”, considera.
En el debate de los vinos desalcoholizados y vinos sin alcohol, el bodeguero Fernando Rodríguez de Rivera, de Bodegas PradoRey y miembro de la asociación Asebor, entiende que puede ser una buena estrategia para completar el portfolio.
Ribera
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Loreto Velázquez
Exportar
La exportación es, una vez más, clave para las bodegas y “ahí hay recorrido”, especialmente en mercados como México, República Dominicana, Colombia, Puerto Rico y, desde la apertura de Mercosur, Brasil. “Es un mercado que está creciendo y puede expandirse mucho”, pronostica Rafael del Rey.
Su atención se extiende a otros puntos geográficos, como Europa del Este, Corea del Sur y Japón, y tímidamente a mercados de África como Costa de Marfil, Ghana o Marruecos, “donde hay posibilidades de venta”. “Las clases medias se están acercando al vino y hay potencial de futuro”, recomienda.
A este respecto, Álvaro Giménez, CEO de Giménez & Sgwald, consultora y distribuidora de vino en USA, aconseja a las bodegas apostar de forma decidida por mercados como México, Panamá, Puerto Rico y micromercados como Costa Rica y Perú, y dejar un poco de lado Suiza y Alemania, donde la guerra “es cruenta”. “Sudamérica es más agradecida para el comercial”, termina.