Bajo el asfalto, el vino: la hazaña medieval que esculpió un mundo oculto en la Ribera del Duero
Las bodegas de Aranda de Duero conservan las soluciones con las que generaciones de cosecheros protegieron su producción bajo las casas

Bodega subterránea de Aranda
Bajo las casas de Aranda de Duero discurre otra parte de su historia. Las bodegas subterráneas donde se guardaron las cosechas de vino. El conjunto está protegido como Bien de Interés Cultural y su conservación sigue ocupando un lugar en la oferta turística y las propuestas culturales de la ciudad. ACEVIN cifra su extensión en cerca de siete kilómetros, aunque esa red de galerías y respiraderos no equivale a un recorrido abierto que pueda hacerse de una vez.
El origen de estas construcciones está ligado al crecimiento de la producción vinícola durante la Baja Edad Media. Los cosecheros necesitaban espacio para almacenar el vino y unas condiciones que ayudaran a conservarlo. Encontraron ambas cosas bajo sus propios pies. La ciudad fue creciendo en superficie mientras sus vecinos ampliaban ese otro mapa, excavado en el terreno y vinculado al trabajo de las viñas.

Escaleras de acceso a una bodega subterránea en Aranda de Duero.-L.V.
Cómo se excavaron las bodegas de Aranda de Duero
El proyecto municipal dedicado a las bodegas explica que las naves se abrieron en un estrato arenoso y permeable, mientras la capa de arcilla superior, más compacta, quedaba como techo. La profundidad habitual se sitúa entre diez y doce metros. Esa combinación del terreno y el espacio excavado favorecía una temperatura estable, una condición decisiva cuando no existían los sistemas actuales de control.
Quien desciende a una bodega encuentra elementos que respondían a necesidades concretas. Las zarceras permitían ventilar; los sumideros evacuaban el agua. Los arcos añadidos en distintas épocas reforzaron las galerías. Su forma y sus materiales ayudan a distinguir intervenciones sucesivas en unas construcciones que fueron adaptándose al uso. El vino necesitaba un lugar donde permanecer, y ese lugar también requería mantenimiento.
Los lagares ocupaban otra posición dentro del proceso. Las grandes prensas podían estar en los portales de las casas o en edificios próximos, en superficie. Abajo quedaban los recipientes de almacenamiento. Entender ese reparto permite imaginar el trabajo completo, desde la llegada de la uva hasta el momento de conservar la producción, sin confundir una galería con un espacio pensado para realizar todas las tareas.
La documentación histórica permite seguir el crecimiento de aquel mundo subterráneo. Una carta de Carlos V de 1551 autorizaba al concejo a construir nuevas bodegas. Algunas estaban comunicadas y sus propietarios debían permitir el paso a otros dueños mediante servidumbres. Bajo las viviendas también había, por tanto, acuerdos de convivencia y derechos que ordenaban el uso de unos espacios compartidos.

Plano de Aranda 1503 en bodega de Tierra Aranda
Cómo conocer las bodegas subterráneas de Aranda
El conjunto obtuvo la declaración de Bien de Interés Cultural en 2015. La protección reconoce su valor etnológico y permite situar las bodegas dentro del patrimonio de la ciudad, junto a los edificios que se ven desde la calle. Aranda mantiene líneas de ayuda para actuar en estos espacios, cuya propiedad y estado no son iguales en todos los casos.
El Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino, CIAVIN, situado en la plaza Mayor, ayuda a poner orden en la visita. Reúne objetos, maquetas y recursos audiovisuales sobre la cultura del vino y las técnicas de otras épocas. Es una manera de entender la relación entre las casas, los lagares, las cubas y las condiciones del subsuelo.
Las Ánimas y Las Caballerizas figuran entre las bodegas municipales vinculadas a la oferta turística. A ellas se suman espacios privados y de peñas que abren con sus propias actividades. Las visitas, las catas y las propuestas culturales tienen programas diferentes; para organizar una escapada hay que consultar qué bodega puede visitarse y en qué condiciones en la fecha elegida.
También se puede empezar desde casa. El proyecto municipal ofrece recorridos virtuales de varias bodegas y un plano que permite relacionarlas con las calles del centro. Después, al volver a pasear por Aranda, una entrada o un respiradero dejan de ser un detalle aislado. Señalan el trabajo que se hizo abajo para sostener durante siglos una parte importante de la vida de arriba.