Los agentes forestales de la Ribera pierden el 67% de su plantilla en un año. “No damos abasto”
La jubilación de varios profesionales ha reducido la plantilla de nueve a tres agentes, que deben atender 65 municipios

Imagen de residuos abandonados en el monte de la Calabaza en Aranda
Con la jubilación hace tan solo unos días del último compañero, la plantilla de los agentes forestales que velan por los montes de la comarca de la Ribera, ha pasado de 9 efectivos hace apenas un año a tan solo tres. El motivo es la Ley 4/2024 de agentes forestales y medioambientales de España, una ley básica que afecta a todo el país y que abre la posibilidad de acogerse a jubilaciones anticipadas con coeficientes reductores. “No damos abasto”, explican los trabajadores.
Entre sus funciones, los agentes medioambientales son los encargados de proteger y conservar el medio natural. Cuidan los bosques, los ríos, la fauna y la flora, previenen los incendios forestales, controlan la caza y la pesca furtiva y evitan la contaminación y los daños al Medio Ambiente.
También se encargan de detectar actividades ilegales que perjudican a la naturaleza y de concienciar a las personas sobre la importancia de respetarla y cuidarla. Sin embargo con tres profesionales para toda la comarca, es sencillamente imposible. “Los fines de semana por ejemplo, no podemos hacer servicios en pareja, estamos solos y ante una infracción ambiental no tienes la seguridad de un refuerzo”, advierten con preocupación porque la precariedad no solo afecta al patrullaje. “Hacemos censos de especies de caza y pesca, monotorizamos la biodiversidad, controlamos la evolución de las especies protegidas, tramitamos las autorizaciones de cambios de uso. Hacemos muchísimas tareas y con tres agentes no llegamos a todo”, apremian.
Su ámbito de acción abarca 65 términos municipales. “Cubrimos desde el Valle del Esgueva, en Oquillas, hasta la provincia de Valladolid, Segovia y Soria, es decir hasta los límites de Nava de Roa, Fuentenebro y por el norte, con Oquillas”, concretan.
Hasta el 9 de noviembre está activada además la alerta por peligro medio de incendios forestales, una medida que se extiende a las nueve provincias de Castilla y León. “¿Cómo vamos a proteger toda esta extensión con una sola persona?”, cuestionan.
Según explican, solo coinciden los tres trabajadores los miércoles, día en que aprovechan para organizar la semana con una reunión de equipo. El resto de las jornadas se quedan dos y muchos días solo uno.
La plantilla confía en la incorporación de los últimos opositores pero saben que con 149 plazas, 10 por provincia, no es suficiente. “Si quieren garantizar el servicio y que no haya riesgos hay que sacar 250 plazas, no 140. Porque si se jubilan 130, con diez personas a repartir entre las provincias, es obvio que no llegas”, insisten.
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Residuos abandonados en el monte de la Calabaza
Cubrir las jubilaciones
En su opinión, para cubrir las necesidades y jubilaciones de los próximos cinco años “necesitaríamos entre 300 y 400 plazas”. “Hay que tener en cuenta que la mayoría de los agentes empezó a trabajar a finales de los años 80- principios de los 90, por lo que muchos ya tienen los 40 años de trabajo cumplidos o están muy cerca”, apremia.
La situación afecta también a los vecinos que ven cómo sus montes pierden poco a poco. “Veo zonas muy descontroladas, con agricultores que tiran pinos para acceder más fácilmente a sus parcelas, caminos destrozados y basuras y residuos abandonados sin que nadie ponga remedio”, advierte Unai García Cancho, antiguo concejal de La Aguilera.
Él es asiduo del monte de la Calabaza, donde este verano hubo un incendio que estuvo a punto de entrar a tres viviendas. Entonces se desalojó a tres vecinos y algunos residentes tuvieron que permanecer confinados por precaución. En total, el fuego calcinó 70 hectáreas, 65 forestales y 5 agrícolas. 45 pertenecían al monte de utilidad pública de Aranda, un monte que en 2026 ha cumplido 600 años.
La historia de este monte de utilidad pública se remonta a doña Embrot, que cedió las tierras en el año 1220 al convento de La Vid. Los monjes lo vendieron muchos años después, en el año 1426, al Ayuntamiento de Aranda. Hoy es un monte vivo por el que pasean numerosos vecinos cada día.
Amenazado por la falta de rendimiento
En el plano forestal destaca por masas de bosque autóctono, dominadas por encinas y sabinas bien establecidos. Su estructura es diversa con un sotobosque cada vez más desarrollado. De forma puntual aparecen bosquetes y pies aislados de Pinus pinaster, actualmente con una presencia muy reducida y en claro retroceso. En la actualidad, el monte arandino obtiene rendimiento por tres vías, la licencia que paga el único pastor de ovejas que queda, la práctica cinegética que abonan de forma anual los cazadores con licencia y, muy esporádicamente, la venta de madera. “La principal amenaza de los montes es la falta de uso”, afirman los agentes medioambientales con la mirada puesta especialmente en las cabañas de ovejas. “Apenas quedan en los pueblos”, lamentan.
Unai se une a la reivindicación. “Necesitamos ayuda, que la plantilla de agentes medioambientales se cubra cuando se produce una jubilación y necesitamos que cuando llamemos al Seprona para denunciar un vertido de aceites peligrosos no pase un año, como está ocurriendo, pero no es culpa de ellos porque están en la misma situación de precario que los agentes medioambientales”, termina.