El Correo de Burgos

La rebeldía de Concha Méndez (y de todas las Sinsombrero) frente al silencio impuesto

‘Vanguardia es una mujer’, de Clara de Frutos, protagoniza este sábado las jornadas ‘Viñetas & Subversión’ en el Espacio Tangente. «Eliminar el machismo de nuestras vidas es una tarea colectiva»

Clara de Frutos, autora de 'Vanguardia es una mujer'.

Clara de Frutos, autora de 'Vanguardia es una mujer'.C. F.

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«Desde pequeña, me llamó mucho la atención la cantidad tan baja de mujeres que encontramos en la historia del arte, la literatura la música... Especialmente porque sentía un gran interés por dedicarme a alguno de estos campos y las únicas fuentes de inspiración eran masculinas». Algo no le cuadraba, y con razón, a Clara de Frutos (Madrid, 1993) cuando la curiosidad se apoderó de su despertar creativo. Con el tiempo, comprendió que la historia, con mayúsculas, depende de quien la escriba. Bajo ese manto de olvido, sin embargo, había un montón de jóvenes como ella que «crecieron sintiéndose una ‘rareza’: niñas que querían leer, pintar, escribir y estudiar en un contexto que ni lo entendía ni lo permitía».

Le costó contener la emoción a De Frutos cuando descubrió a un sinfín de mujeres talentosas en la España de los años 20. Indagar en sus vidas, obras y desdichas se convirtió en una «obsesión». Con las Sinsombrero como fuente de inspiración, vislumbró un «enfoque coral» para honrar su memoria en forma de novela gráfica. Pero cayó en la cuenta de que sería «inabarcable». Al final, se decantó por la poetisa, escritora y guionista Concha Méndez (Madrid, 1898 - Ciudad de México, 1986), cuyo carácter «sociable» daba a pie a «hablar de sus compañeras a través de ella».

Portada de 'Vanguardia es una mujer'.

Portada de 'Vanguardia es una mujer'.NORMA EDITORIAL

«Lloré demasiadas veces leyendo su biografía», reconoce la autora de Vanguardia es una mujer (Norma, 2024), obra ganadora de la primera Beca creativa El Arte de Volar. De aquellas lágrimas, de tristeza o emoción dependiendo del momento, surgiría una conexión inquebrantable. Sobre todo a través de Canciones de Mar y Tierra, escrito cuando «Concha se independiza y empieza a viajar por su cuenta, a descubrir mundo».

Sobre todas esas mujeres que fueron y siempre serán vanguardia hablará De Frutos, este sábado a partir de las 19 horas, en el Espacio Tangente. Arropada por Iratxe Pando, librera en Viñetas, redactora en Es la Hora de las Tortas y fundadora de la La Tertulia Gráfica, su visita a Burgos se enmarca en la segunda edición de las Jornadas de Cómic Social y Libertario (Viñetas & Subversión) organizadas por Biblioteca La Maldita, Centro Social Recuperado de Gamonal (CSR), CNT, CGT y el propio Espacio Tangente.

A la hora de afrontar la novela, la ilustradora quiso partir de Memorias habladas, memorias armadas. Es decir, la biografía de Concha Méndez -primero grabadora en mano, después por escrito- a manos de su nieta, Paloma Ulacia. «Me parece preciosa esa conexión y creo que hace que la historia resulte más cercana a las nuevas generaciones», remarca antes de confesar que ella misma, en su infancia, llegó a sentirse «muy huérfana de referentes».

Con el fin de documentarse aún más si cabe, la autora de Vanguardia es una mujer viajó hasta Coyoacán (México) para conocer a Ulacia en persona. «Era importante que le gustara el proyecto y lo aprobara. Y afortunadamente fue así. Además, también es artista, le gustaron mucho las ilustraciones del cómic y fue muy cariñosa conmigo».

Ese apoyo mutuo siempre formó parte del ADN de las Sinsombrero. «La mayoría no se identificaban con la palabra feminismo -tenemos entender que el movimiento estaba comenzando y no era un término que gozara de mucha popularidad-, pero su comportamiento y su visión desde luego que lo eran», advierte De Frutos mientras incide en que «estaban ejerciendo una rebeldía exponencialmente mayor a la de sus compañeros teniendo en cuenta que partían de un momento en el que no podían votar y la mayoría tampoco estudiar». Por eso, precisamente, «sus historias son mucho más fuertes en ese sentido».

Era de justicia que, en este caso, los hombres aparezcan como «personajes secundarios». Algunos, incluso, son citados para «señalar ciertos comportamientos misóginos hacia sus compañeras». La pretensión no es otra que exponer «errores» para «identificarlos y corregirlos», ya que «eliminar el machismo de nuestras vidas es una tarea colectiva y del día a día».

Otro aspecto indispensable en la obra es el contexto histórico. Efervescencia literaria, la llegada de la Segunda República, golpe de Estado, guerra civil, exilio en México hasta el fin de sus días... Un explosivo cóctel de emociones que requería un arduo trabajo antes de realizar los primeros bocetos. La concreción, sin duda, también resultaba necesaria y por eso De Frutos aprovecha las escenas «al máximo», partiendo de la «cotidianidad del momento» para explicar aquellas décadas tan sumamente convulsas.

«Es difícil deducir cómo serían las cosas sin la enorme presencia de la dictadura, pero desde luego el franquismo hizo mucho por enterrar a todas estas figuras», reflexiona la creadora madrileña mientras matiza que «cuando regresó la democracia se hizo el esfuerzo por recuperar a muchos de los intelectuales de la época, pero nos olvidamos de ellas». Lo suyo hubiese sido que las Sinsombrero, y tantas otras mujeres próximas a la Generación del 27, «nos sonasen un poco». Por desgracia, hubo una «eliminación consciente» que ya venía de lejos. Desde el principio de los tiempos, ni más ni menos.

De cara a las presentes y nuevas generaciones, De Frutos espera que «conocer a estas mujeres les inspire a crear, a sentir que están acompañadas por las que nos abrieron tantas puertas y que les dé fuerzas y confianza para enfrentarse a todas esas barreras del machismo que a día de hoy nos seguimos encontrando». Ella, mientras tanto, seguirá recabando ideas mientras devora obras de fantasía, terror o folk. Ya iba tocando, según comenta, porque «durante años todo mi tiempo libre acababa dedicado a leer biografías».

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