El Correo de Burgos

Los enigmas del obispo Mauricio, al descubierto

Un estudio escrito por María Concepción Cosmen y José Alberto Moráis revela nuevos datos de la biografía de este prelado que, junto al rey Fernando III, impulsó la construcción de la nueva catedral gótica de Burgos

Detalle del yacente del obispo Mauricio, una pieza única que se puede contemplar en el coro de la Catedral de Santa María.

Detalle del yacente del obispo Mauricio, una pieza única que se puede contemplar en el coro de la Catedral de Santa María.Óscar Corcuera

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Este domingo, 20 de julio, la Catedral de Burgos sopló las velas por su 804 cumpleaños. Por mucho tiempo se seguirán admirando su grandeza arquitectónica, su belleza artística y ornamental y la solemnidad histórica y religiosa de sus naves y capillas. Y volverán a pasar de boca en boca los nombres de los impulsores de este templo gótico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984: el rey Fernando III de Castilla y el obispo Mauricio.

Si sobre el monarca apodado ‘el Santo’ se han escrito innumerables estudios, sobre el prelado no existe mucha bibliografía y quedan muchas oquedades en su interesante trayectoria. Tras varios años de investigación, los profesores de la Universidad de León María Concepción Cosmen Alonso y José Antonio Moráis Morán han publicado la monografía ‘Mauricio, obispo de Burgos (†1238): entre París, Limoges y Castilla’, una interesante obra, editada por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de León, que desvela algunos de los enigmas de la vida personal, eclesiástica y política de este importante personaje del medievo castellano.

El pasado 27 de marzo, los autores hablaron en el Museo de Burgos sobre este prelado en la conferencia ‘De cobre y esmalte. El monumento funerario del obispo don Mauricio de Burgos’. Casi tres meses después, el 19 de junio, Cosmen y Moráis presentaron en la capilla de los Condestables este libro -que se ha publicado en una edición bilingüe español / inglés- en un acto organizado por el Cabildo catedralicio y presentado por Carlos Izquierdo, vicario general de la archidiócesis.

El obispo Mauricio, como se detalla en el libro de Cosmen y Moráis, tuvo una vida muy activa y de complejas responsabilidades. La documentación existente de la época le coloca en el centro de la resolución de conflictos eclesiásticos -como los acaecidos en los monasterios de San Pedro de Arlanza y Sahagún-, límites diocesanos, mediador entre órdenes militares o discrepancias entre familias reales.

Los profesores José Alberto Moráis y María Concepción Cosmen, junto al sepulcro del obispo Mauricio.

Los profesores José Alberto Moráis y María Concepción Cosmen, junto al sepulcro del obispo Mauricio.Óscar Corcuera

Perofue su labor de intermediación, consejo y apoyo a la familia real castellana lo que ha hecho de don Mauricio un personaje muy relevante de la historia medieval española. Enterró al jovencísimo Enrique I en el monasterio de las Huelgas (1217), lugar donde también presidió la ceremonia donde se armó caballero a Fernando III (1219) ante de la imagen de Santiago del Espaldarazo, una curiosa escultura articulada del apóstol que todavía se conserva en la abadía burgalesa. Don Mauricio también estuvo presente en la coronación real de Fernando III en Valladolid (1217) tras la muerte accidental de tío Enrique en Palencia. Y, como es conocido, fue uno de los miembros destacados en la comitiva que acompañó al rey hasta tierras del Sacro Imperio Romano Germánico para traerse a Castilla a su futura esposa, Beatriz de Suabia, ofició su casamiento en la catedral románica de Burgos e impulsó junto al monarca la construcción de una nueva seo de estilo gótico al estilo de las maravillas arquitectónicas que se estaban edificando en Francia y Alemania.

Los orígenes

Uno de los datos que más controversia ha generado el estudio del obispo Mauricio son sus raíces familiares y su lugar de nacimiento. Los profesores Cosmen y Moráis, tras analizar con detalle todas las fuentes e investigaciones anteriores, han llegado a la conclusión de que «no parece existir duda sobre el origen hispano de nuestro prelado y, en particular, su conexión por línea paterna con el área burgalesa. De esos mismos territorios procede el que fuera su sobrino, don Juan de Medina (arcediano de Briviesca), sucesor de don Rodrigo Jiménez de Rada en la cátedra toledana y uno de los personajes tradicionalmente subestimados en los estudios artísticos dedicados a don Mauricio», consideran los profesores de la Universidad de León y recuerdan los nombres de sus padres, que aparecen en el obituario de la Catedral: Rodrigo y Orosabia.

La excelsa formación del prelado burgalés siempre ha sido un dato irrefutable en todas sus biografías. Junto a otros obispos de la época, como Tello Téllez de Meneses de Palencia, el citado Jiménez de Rada de Toledo y su sucesor Juan de Medina, o Juan de Osma conformaron un grupo de religiosos de alto rango que dejaron honda huella en la vida eclesial y política del momento. Tras la muerte de Alfonso VIII, don Mauricio se alineó con Enrique I y doña Berenguela durante aquellos convulsos años que vivió la corona castellana.

«Fueron obispos sabios y cosmopolitas que se formaron en las universidades de Roma, Bolonia y París [...] La documentación y las crónicas exaltan a muchos de estos prelados por su participación en la política de los reyes castellanos, por su colaboración en la conquista de tierras más allá de la frontera Sur, por convocar concilios diocesanos para corregir aspectos del clero y por erigir las grandes catedrales del reino», señala el doctor en Historia del Arte Manuel Valdés Fernández en el prólogo del libro.

Según la tradición, la imagen del parteluz de la puerta del Sarmental es el obispo Mauricio. La actual escultura es una copia.

Según la tradición, la imagen del parteluz de la puerta del Sarmental es el obispo Mauricio. La actual escultura es una copia.DARÍO GONZALO

Como ejemplo de todo esto tenemos el encargo que hicieron en 1210 el obispo de Toledo Jiménez de Rada y don Mauricio -que era entonces archidiácono en dicha sede a la que llegó en 1208- a Marcos de Toledo: una traducción latina del Corán y, más tarde, de otros textos árabes «posiblemente a causa del aumento de mozárabes en Toledo y al nombramiento de alguno de ellos como canónigo», apuntan los autores del estudio. «Lo que parece relevante es que nuestro prelado se preocupó, desde fechas tempranas, por defender el cristianismo frente al islam. Intentó atraer a la fe de Cristo a los musulmanes, apartándolos de los preceptos de Mahoma».

No se ha podido comprobar documentalmente, pero es probable que don Mauricio cursara estudios en Francia. De lo que sí tenemos testimonio es de su gran conocimiento de la literatura cristiana.

Obispo de Burgos

Otro de los datos que se han perdido en la noche de los tiempos y que todavía no se ha podido concretar con exactitud es la fecha de la elección de don Mauricio como cabeza del obispado de Burgos, uno de los episcopados más importantes de España, prestigio que llega hasta hoy. «Aunque se acepta de forma generalizada el año 1213», precisan Cosmen y Moráis.

Conjunto escultórico de los desposorios entre Fernando III de Castilla y Beatriz de Suabia. Claustro alto de la Catedral de Burgos.

Conjunto escultórico de los desposorios entre Fernando III de Castilla y Beatriz de Suabia. Claustro alto de la Catedral de Burgos.DARÍO GONZALO

Se conserva mucha documentación sobre su labor como obispo en la organización de su sede y los vastos territorios que la concernían. Pagos, acatamientos de normas y pleitos con «monasterios e instituciones con gran poder en Castilla, como San Salvador de Oña, Santo Domingo de Silos, San Antón de Castrojeriz o la colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias», detallan. También tuvo que lidiar con la comunidad judía de Burgos. «El desarrollo de estas actividades, muy intensas en los últimos diez años de su vida, recibió un apoyo incondicional desde Roma. Así, en 1220, el papa Honorio III le dio una protección especial para blindarlo frente a sus adversarios», subrayan los profesores.

Además de sus menesteres respecto a la Iglesia, no dejó de lado «las intervenciones que realizó por encargo de la corte castellana, donde era considerado un diplomático más». Una de ellas, muy destacada, fue acompañar al rey Fernando a por su prometida, Beatriz de Suabia, hasta tierras germánicas. Con este matrimonio acordado por la reina Berenguela, la corona castellana seguía expandiendo su política de alianzas conyugales y territoriales por toda Europa. El cronista Jiménez de Rada describió a la futura reina Beatriz como una mujer «buenísima, bella, sabia y modesta». En el claustro alto de la Catedral de Burgos se pueden observar las esculturas de los monarcas en pleno desposorio, ceremonia que se ofició el 30 de noviembre de 1219 en la vieja catedral románica burgalesa.

La boda entre Fernando y Beatriz fue un gran acontecimiento en la ciudad del Arlanzón. Grandes personajes de la nobleza acompañaron a los novios en una celebración que dejó pequeño el templo de Santa María. Este hecho hizo que se acelerara el plan de don Mauricio para la diócesis en muchos ámbitos.

Desde su asistencia al IVConcilio de Letrán, que convocó el papa Inocencio III en 1215, el prelado buscó «ordenar la sede burgalesa desde un prisma litúrgico, administrativo, arquitectónico y artístico». Este conjunto de normas reformistas están recogidas en la llamada ‘Concordia mauriciana’, «un documento que aporta relevante información sobre el pensamiento del obispo».

La nueva catedral

Durante el viaje de regreso a España, la comitiva con los futuros reyes hizo una parada en París para visitar a los reyes de Francia, Luis VIII y Blanca de Castilla, tía del rey Fernando. En ese largo trayecto de casi dos años, don Mauricio pudo admirar esos majestuosos templos elevados al cielo que los maestros estaban levantando en las ciudades más importantes de Europa. A su regreso a Castilla, el rey y el prelado contrataron a un arquitecto, de nombre todavía ignoto y posible origen francés, que fue el responsable de comenzar la obra de la nueva catedral gótica de Burgos, un templo titánico de incuestionable grandeza que sigue asombrando al mundo de hoy.

El yacente del obispo Mauricio duerme sobre una cama de madera neogótica obra de Vicente Lampérez.

El yacente del obispo Mauricio duerme sobre una cama de madera neogótica obra de Vicente Lampérez.Óscar Corcuera

El 20 de julio de 1221 se puso la primera piedra de la nueva Catedral de Santa María.El recuerdo de don Mauricio siempre ha estado muy presente en varios lugares del templo, donde su figura se rememora con fervor. Además de yacer sus restos en el coro, podemos admirar su efigie en la portada de Santa María junto al rey Fernando. Hay más esculturas del obispo, como las del claustro alto y del parteluz de la puerta del Sarmental, aunque estas atribuciones no están documentadas y sólo forman parte de la tradición.

El yacente

La Catedral de Burgos custodia entre sus muros algunos de los sepulcros más bellos del arte español, donde destacan especialmente los tallados por Gil de Siloe, Felipe Bigarny y Diego de Siloe entre finales del siglo XV y principios del XVI. El que vela los restos del obispo Mauricio es también extraordinario, y además único.

«La figura yacente atribuida a don Mauricio, conservada hoy en el centro de coro de la Catedral de Burgos, es una obra excepcional en todos los sentidos. Por su calidad técnica, por la presencia de los esmaltes, por la riqueza con la que fueron labradas e incisas las placas de cobre y, especialmente, por la máscara del prelado muerto puede considerarse la obra como uno de los grandes encargos artísticos de la Europa del siglo XIII», aseveran Moráis y Cosmen en su obra.

La conferencia de los profesores Moráis y Cosmen en la capilla de los Condestables fue presentada por el vicario general de la archidiócesis, Carlos Izquierdo.

La conferencia de los profesores Moráis y Cosmen en la capilla de los Condestables fue presentada por el vicario general de la archidiócesis, Carlos Izquierdo.Óscar Corcuera

Don Mauricio dejó muy claro donde debía reposar su cuerpo tras su fallecimiento, acaecido en 1238. «Documentalmente, no existe constancia del encargo de la pieza ni de su lugar de factura, pero sabemos a través de las fuentes modernas que, en su primer emplazamiento, el yacente se ubicó en el antecoro, para acabar instalado en el centro del coro de la sillería -con el traslado de esta a la nave- en el siglo XVI», indican los profesores de la Universidad de León que explican con detalle en su libro la justificación teológica del emplazamiento del sepulcro.

Sobre la propia escultura yacente de don Mauricio han corrido ríos de tinta a lo largo de los siglos. Todos han alabado su soberbia calidad artística, pero no ha sido fácil averiguar el origen, procedencia, patrocinio o autor de la misma. La investigación pormenorizada de la pieza por parte de Cosmen y Moráis ponen en el centro de este enigma artístico a la monarca francesa Blanca de Castilla.

«Existieron efigies funerarias, realizadas con láminas de cobre y esmaltes sobre alma de madera, que técnicamente están más próximas a la de don Mauricio. Estas obras, a veces conservadas parcialmente y otras conocidas sólo a partir de diseños realizados durante los siglos XVI al XVIII, están ligadas -artística y documentalmente- a la reina de Francia Blanca de Castilla (1188-1252), ya sea a través de su patronazgo directo o mediante las repercusiones que sobre las tumbas de otros monarcas y altas damas tuvieron sus encargos», apuntan.

Las constantes y cordiales visitas de figuras relevantes de Castilla a la corte francesa también revelan un ingente intercambio de obras de arte. Entre la documentación conservada, se cita una escultura que podría ser la del yacente del prelado burgalés, realizado en París al modo limosino o en el mismo Limoges, de donde tradicionalmente se ha indicado que es esta obra. Tampoco se descarta que se realizara en un taller de Castilla con algunos artistas llegados de Francia.

Según la investigación profusa y detallada de la pieza que hacen en el libro Moráis y Cosmen «nos parece evidente que el yacente de don Mauricio tiene que ser interpretado a partir del respaldo de los reinos francés y castellano. La inclusión en la obra de flores de lis y castillos, un detalle único en las sepulturas episcopales hispanas, rememora en Castilla la prestigiosa costumbre de los abades sepultados en Saint-Denis, que ostentan los emblemas de la realeza y, concretamente, los de doña Blanca», concluyen.

Esculturas del rey Fernnado III (izquierda) y el obispo Mauricio en la fachada principal de la Catedral de Burgos.

Esculturas del rey Fernnado III (izquierda) y el obispo Mauricio en la fachada principal de la Catedral de Burgos.DARÍO GONZALO

Casi 800 años después, podemos seguir admirando esta obra de arte del medievo de cobre y esmaltes sobre una escultura de madera, apoyada en una cama neogótica realizada por Vicente Lampérez. Caben destacar la máscara y las manos, realizadas aparte y de una gran virtuosidad. El báculo desapareció en algún momento de la historia, con gran probabilidad durante el asedio francés de 1812. Pero el recuerdo y la admiración por don Mauricio permanece. Es, sin duda, una de las grandes figuras de la historia de Burgos y de Castilla.

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