El Correo de Burgos

Maldición, muerte y arte sacro mientras «nada es lo que parece»

Quinto libro en siete años. El fiscal Fernando Gómez Recio salta del thriller judicial a la novela negra con ‘Catedrales de sangre’, cuyo macabro e inquietante punto de partida engancha de antemano al lector. Se presenta este martes, en el salón de actos de la Fundación Círculo, junto a la también fiscal y escritora María Boado

Fernando Gómez Recio, en el paseo del Espolón, con un ejemplar de 'Catedrales de sangre'.

Fernando Gómez Recio, en el paseo del Espolón, con un ejemplar de 'Catedrales de sangre'.SANTI OTERO

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El único espóiler que se permite hacer Fernando Gómez Recio (Valladolid, 1969) de Catedrales de sangre (Ápeiron, 2026), su quinta novela en siete años y a la venta desde mediados de marzo, es que todo lo que le ocurre a su protagonista es «verdad». Descartado queda, por lo tanto, el chasco monumental que se muchos (millones) se llevaron con el final de Perdidos y tantas otras historias, en pantalla o en papel, cuya trama desemboca en un laberinto sin salida.

No es el caso que nos ocupa. Y no porque lo diga el propio autor, delegado de Medio Ambiente, Urbanismo y Patrimonio Histórico de la Fiscalía de Burgos. Lo confirman sus primeros lectores, cercanos y desconocidos, gratamente sorprendidos con esta «novela de trucos» que «podría haberse titulado Nada es lo que parece».

La sinopsis se las trae. Cada día, a las 10 de la mañana, Santiago Alonso posa con un periódico local ante la fachada de una catedral española. De ciudad en ciudad, por lo que sea, debe ir en orden alfabético y publicar la foto inmediatamente después en Instagram. Si no cumple su misión, algo terrible sucederá. La muerte gira a su alrededor, a saber por qué, y el lector se engancha recién ojeada la contraportada.

In media res, el inhóspito relato de tan inquietante personaje arranca en Pamplona. De ahí a Pontevedra, al más puro estilo Pasapalabra, hasta rematar en Vitoria. Burgos no entra en la ecuación, al menos por ahora. Una pena, confiesa Gómez Recio, «no haber llegado a la Catedral gótica de referencia en España y en todo el mundo». No en vano, la Seo de Santa María aparece reflejada, a modo de guiño, en la portada del libro.

Empezar por la P no fue fruto de la casualidad. «Tenía mucho interés en Salamanca y Segovia, dos ciudades maravillosas que me encanta describir», subraya este fiscal amante del arte sacro sin obviar otros puntos clave como Valencia, donde «está verdaderamente el Santo Grial» o Tenerife, donde a su protagonista, del que nada sabemos en un principio, «le pasa algo muy gordo».

Poco ha tenido que documentarse Gómez Recio para conformar el universo que rodea a Catedrales de sangre. Su labor como fiscal siempre le ha resultado de gran utilidad a la hora de tejer ficciones realistas con «personas normales en circunstancias excepcionales». Nada que ver lo que narra con «esos arquetipos tan difíciles de encontrar de la novela negra» como el clásico «policía alcoholizado o desgarrado por dentro porque ha matado a un niño». En vez de Bogart, nos encontramos con seres tan humanos como Santiago Alonso. Alguien cualquiera, nadie fuera de lo común, que sin pretenderlo entra «en contacto con aspectos muy oscuros de la vida».

Saltar a la novela negra tampoco ha supuesto un gran reto. Del thriller judicial al género que ahora explora «hay muy poco trecho» y «generalmente los protagonistas son del mismo mundo y se mueven en las mismas circunstancias». Experiencia le sobra al autor, por otro lado, para «describir una autopsia o un atestado». A fin de cuentas, ambos cometidos forman parte ineludible de su oficio.

Dentro de este cúmulo de realidades que se retroalimentan, «los sueños son muy interesantes y muy literarios porque no tienen corsés». Santiago Alonso sueña y, en uno de esos viajes por lo más profundo de su psique, «la gente se ríe muchísimo». Sobre esta suerte de respiro cómico en medio de una maldición que se presume de por vida, Gómez Recio considera que «el sentido del humor es irrenunciable». Inclusive en el género negro, tal y como demostró John Ford en sus «obras maestras».

Hablando de humor, necesario hasta en la tragedia porque «te rebelas contra la desgracia», el fiscal vallisoletano rememora una «anécdota buenísima» de Winston Churchill. Resulta que un día, en pleno mitin, una señora le espetó: «Si yo fuera su mujer, le pondría veneno en el té». Y él, como si nada, replicó lo siguiente: «Señora, si yo fuera su marido me lo bebería».

Con todos estos ingredientes, no es de extrañar que Catedrales de sangre se alzase con el Premio A sangre fría 2025. Otro hito literario en el currículum de Gómez Recio, también galardonado por la Policía Nacional gracias a El sacrificio del cordero (Algaida, 2020). Después ganaría el APROG de Narrativa Breve con La vida por un instante (Eolas, 2022) y el certamen de Novela Corta de la Diputación de Cáceres en 2021 que le permitió editar La verdad no importa al año siguiente.

La «culpa» de que Gómez Recio iniciase esta prolífica carrera literaria es de Santiago Mena, fiscal superior de Castilla y León. «Es a él a quien hay que pedirle cuentas», bromea su colega tras recordar cómo y cuando prendió definitivamente la chispa. «Tuvimos que hacer un informe sobre cómo funcionaba la Oficina Judicial. El mío tenía unas cuantas páginas y Santiago (entonces fiscal jefe de Burgos), en un momento dado, me dijo que mi informe no era para mandarlo a la inspección sino para una novela». Dicho y hecho, se estrenó con Perderlo todo (Caligrama, 2019), cuya presentación nunca se llevó a cabo por culpa de la pandemia.

Malo sería que este martes 14 de abril nos vuelvan a confinar a todos. Solo una hecatombe podría evitar que Gómez Recio presente Catedrales de Sangre, a partir de las 20 horas, en el salón de actos de la Fundación Círculo (Plaza España, 3). Lo hará en compañía de María Boado, fiscal delegada de violencia de género en Castilla y León a la par que escritora. «Es una luz que ilumina todo lo que toca», enfatiza su compañero de gremio, encantado de contar con ella, mientras avanza que su segunda novela, que saldrá en noviembre, es «mucho mejor» que Cruce de damas (Roca, 2025).

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