Jean Philippe Kikolas: «Ahora me aporta más remover emociones que hacer reír»
Escalera de Honor y Premio Especial por ‘Inquieto’, su última obra, en ARCA. Inmejorable año el de Jean Philippe Kikolas, artífice de un lenguaje personal e intransferible que el público reconoce al instante

Quique Méndez (Jean Philippe Kikolas), un tipo 'Inquieto' por naturaleza.
La calle como escuela y la ternura su ingrediente secreto. Trabajo duro, ensayo y error. No hay fórmula mágica que garantice el aplauso, pero sí una serie de claves que Jean Philippe Kikolas, alter ego escénico y creativo de Quique Méndez, domina a la perfección. De la comedia al drama, por separado o de golpe, se vuelve «pequeñito» cuando escribe. Después se crece, redibujando sobre la marcha sus propios bocetos, nada más saltar al ruedo.
Seguramente, Méndez no sería Kikolas si el Encuentro Internacional de Artes de Calle (ARCA) de Aguilar de Campoo jamás hubiese existido. «Mi casa, mi pueblo, mi familia», resume el artista palentino, burgalés de adopción, antes de rememorar aquel flechazo que le cambió la vida. La historia, más o menos, se resume de la siguiente manera. «Tenía 16 o 17 años y, paseando, vi a un payaso. Me atrajo de tal manera que al día siguiente ya estaba en el Ayuntamiento preguntando qué era eso de ARCA». Total, que se enroló como voluntario antes de hacer las maletas «en busca del circo, del teatro y del clown».
Realizó su primer curso en Burgos, al calor de Las Noches del Clunia, con el siempre iconoclasta Leo Bassi. Bendito y transgresor maestro que le metió «todo el veneno en el cuerpo». De ahí se trasladó a Madrid, después aterrizó en Argentina... Desde entonces, no ha dejado de recorrer España entera y medio mundo «intentando aprender de muchos lugares distintos».
La inquietud se colma viajando, pero la patria chica tira mucho. Kikolas nunca se olvidó de ARCA y se empeñó hasta el tuétano en formar parte de su historia. Pasó de ser espectador a artista e incluso ha asumido el rol de productor. No imaginó, ni de lejos, que acabaría saliendo por la puerta grande en la última edición. La número 32, que se dice pronto, celebrada a mediados de agosto.
A escasos días de arrancar el festival, recibió una llamada que le dejó «helado». La organización había decidido entregarle la Escalera de Honor. El máximo reconocimiento, ni más ni menos, que «han recibido compañeros a los que admiro». Un galardón que, a su entender, «se le da a la gente grande». Y eso, inevitablemente, le hizo pensar que «me voy haciendo un poco grande también».
«La vida es muy larga y somos válidos con 20, 30, 50 o 60 años»
Con eso bastaría para estar más que satisfecho. Kikolas daba saltos de alegría cuando presentó Inquieto, su última obra, el primer día del festival. Quería quedarse en Aguilar, pero tuvo que marcharse por trabajo y no regresó hasta el domingo. De repente, por la tarde, otra llamada. En esta ocasión, para confirmarle que había ganado el Premio Especial Feria de Teatro de Castilla y León de Ciudad Rodrigo. Con pase directo, el año que viene, a tierras salmantinas.
«No me esperaba el Premio de Honor. Tampoco el otro aunque sé que en Aguilar siempre se reciben muy bien mis trabajos, pero Inquieto es todavía un bebé y tiene mucho que crecer». La sonrisa que se dibuja en el rostro de Méndez lo dice todo. Su mirada brilla, serenamente humilde, mientras verbaliza su eterno agradecimiento. Al fin y al cabo, «ARCA es una puerta a un universo mágico en el que he descubierto mucha familia». Una suerte, desde luego, que le pillase «en una edad muy joven en la que uno tiene poco que perder y mucho por investigar».

Jean Philippe Kikolas, 'colgado' del teatro desde que era adolescente.
De esto que hablamos va precisamente Inquieto. A través de un viaje circular, Kikolas entrecruza pasado y presente desde «la perspectiva de alguien que cada vez va a poder saltar menos alto». Sin embargo, por mucho que se ponga en la piel de un «payaso viejo», el mensaje que transmite es que «la vida es muy larga y somos válidos con 20, 30, 50 o 60 años».
Cada etapa tiene su aquel, la cuestión es saborearla. «Mi cuerpo empieza a cambiar, cada vez está más rígido y me cuesta más desarrollar el circo como lo había hecho hasta ahora». En paralelo, y he aquí lo maravilloso del asunto, percibe «algo muy grande en la parte emocional». Algo que, sin saber muy bien cómo explicar, se traduce en «más cosas que contar y un mayor abanico de lenguajes que poder utilizar».
Inspirado en sus compañeros de oficio, Méndez dedicó más de medio año a configurar la historia sobre el papel. Arropado posteriormente por Alejandro Britos, Saúl González Abejón y ATX Teatroa, entre otros, pulió una propuesta que le ha llevado al llanto en más de una ocasión.
«A veces la vida te atropella. Ocurren muchas cosas. No te da tiempo a asimilar una y te viene otra»
«A veces la vida te atropella. Ocurren muchas cosas. No te da tiempo a asimilar una y te viene otra». Hay una escena de Inquieto que representa gráficamente esta metáfora. Por otro lado, la obra también expone «la pérdida de seres queridos» que tanto duele y golpea cuando uno menos se lo espera.
Con la ‘criatura’ en pleno proceso de maduración -«hasta la función número 25 no están todas las piezas encajadas»-, el público parece haber dictado sentencia a su favor. «Hay un comentario que me gusta mucho. Me dicen que es lenguaje Kikolas. La gente me identifica y le agrada lo que ve». Llegado a este punto de la película, que ni de lejos ha llegado al final, tiene meridianamente claro el camino a seguir. «Ahora», confiesa, «me aporta mucho más remover emociones que hacer reír».
La agenda repleta de bolos de aquí a finales de año. Con Inquieto, Duelo, Calor y Sin remite. Cuatro obras que «funcionan muy bien» y que le permiten cambiar el tono para no oxidarse. De cara a la Navidad, volverá a montar una carpa en Aranda de Duero junto a la compañía Claudette y otra localidad de Castilla y León aún por concretar. Las vacaciones, ya si eso, para más adelante.
A día de hoy, Méndez guarda un «par de hojas escritas con ciertas ideas». Sin presión ni prisa alguna porque Inquieto exige rodaje y el resto de espectáculos tienen «vidas muy largas». Por si fuera poco, acumula un «buen abanico de propuestas» como director artístico en festivales y compañías. Gestión pura y dura, no exenta de ingenio, que afronta con sumo gusto. Sobre todo, enfatiza, cuando se trata de «acompañar a gente joven en nuevos procesos».