Una vendimia que empieza bajo tierra
Un equipo de la Universidad de Burgos ha analizado en viñedos de la D.O. Ribera del Duero el impacto de las cubiertas vegetales, un estudio que busca reducir el uso de fitosanitarios y avanzar hacia una viticultura más sostenible

Gonzalo Sacristán Pérez-Minayo, profesor del Área de Microbiología de la Universidad de Burgos.
En los viñedos mediterráneos, el suelo lleva años soportando una presión creciente. La intensificación agrícola, el uso continuado de fitosanitarios y el impacto del cambio climático han acelerado procesos de degradación que afectan tanto a la fertilidad de la tierra como a la biodiversidad asociada al cultivo. En ese escenario, un grupo de investigadores de la Universidad de Burgos ha puesto el foco en una práctica tradicional que vuelve a ganar protagonismo en la viticultura actual, las cubiertas vegetales.
El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Soil Science, analiza el efecto de distintas estrategias de manejo del suelo en viñedos de la D.O. Ribera del Duero y concluye que determinadas cubiertas vegetales mejoran de forma significativa la salud del suelo, favorecen la biodiversidad y repercuten incluso en la calidad de la uva. La investigación forma parte del proyecto europeo NOVATERRA, centrado en el desarrollo de estrategias agrícolas más sostenibles para cultivos mediterráneos como el viñedo y el olivar.
El investigador principal del proyecto es Gonzalo Sacristán Pérez-Minayo, profesor del Área de Microbiología de la Universidad de Burgos, donde desarrolla su labor docente e investigadora. Especializado en microbiología agroalimentaria, su trabajo se ha centrado en el estudio de microorganismos beneficiosos aplicados tanto a la industria alimentaria como a la agricultura sostenible.
Las cubiertas vegetales consisten en mantener vegetación entre las líneas del viñedo durante parte o todo el ciclo del cultivo. Esa vegetación puede crecer de forma espontánea, a partir de las especies presentes de manera natural en cada zona, o implantarse de forma controlada mediante mezclas seleccionadas en función de los objetivos agronómicos y ambientales que se persigan.
La investigación en viñedos surge dentro de una línea de trabajo más amplia centrada en el sector agroalimentario, explica Sacristán. El equipo llevaba tiempo desarrollando distintos ensayos en cultivos vegetales de interés, principalmente en Castilla y León, y fue en ese contexto donde apareció la oportunidad de trasladar esa experiencia al ámbito vitivinícola.
El proyecto tomó forma gracias a la colaboración con Agrae, una spin off de la Universidad de Burgos, y con las bodegas Áster, de la D.O. Ribera del Duero, que facilitaron el desarrollo de los ensayos en campo y permitieron aplicar la investigación directamente sobre los viñedos.
NOVATERRA nace con un objetivo claro, reducir el uso y el impacto ambiental de los productos fitosanitarios en cultivos mediterráneos. Se trata de una iniciativa de gran dimensión en la que participan 20 socios de seis países distintos y que incluye cerca de medio centenar de ensayos en campo.
En el proyecto se ha trabajado con dos tipos de cubiertas sembradas. Una compuesta principalmente por especies florales y otra por una combinación de gramíneas y leguminosas. Además de contribuir a la mejora del suelo, estas cubiertas pueden servir como refugio para fauna auxiliar, especialmente artrópodos beneficiosos para el equilibrio biológico del viñedo.
La investigación se articula en torno a tres grandes líneas de trabajo. Por un lado, el desarrollo de alternativas sostenibles a los productos convencionales, entre ellas distintos bioproductos de origen microbiano con capacidad biofertilizadora, bioestimuladora y bioprotectora. También se trabaja en agricultura de precisión mediante herramientas de smart farming y el diseño de soluciones robotizadas para las labores agrícolas. A ello se suma el estudio de nuevas estrategias de manejo del suelo orientadas a reducir la fertilización nitrogenada y aumentar la biodiversidad funcional en viñedos y olivares, afirma Sacristán.
Los ensayos en viñedo se desarrollaron en bodegas Áster, en la localidad burgalesa de Anguix, dentro de la D.O. Ribera del Duero y pertenecientes al grupo La Rioja Alta. La elección de este enclave respondía al interés del proyecto por analizar el comportamiento de distintas estrategias de manejo sostenible en condiciones agroclimáticas representativas del viñedo mediterráneo.
El proyecto también ha llevado a cabo investigaciones en Galicia, Italia, Portugal y Grecia, lo que ha permitido comparar los resultados obtenidos en los viñedos burgaleses con otros contextos europeos y evaluar la eficacia de las cubiertas vegetales en escenarios climáticos diferentes.
En el caso de Ribera del Duero, el trabajo se centró en dos líneas principales. Por un lado, el estudio de la biofertilización microbiana mediante la incorporación de microorganismos con efecto bioestimulante. Por otro, el análisis del impacto de distintas cubiertas vegetales sobre la salud del suelo, la biodiversidad y el comportamiento del viñedo.
Los resultados obtenidos muestran una mejora clara tanto en la salud del suelo como en el comportamiento biológico del viñedo. Las cubiertas vegetales favorecen el incremento de la materia orgánica y estimulan la actividad microbiológica, dos factores directamente relacionados con la fertilidad y la estabilidad del suelo. Además, el estudio detectó mejoras en la calidad del mosto y un aumento de la presencia de artrópodos beneficiosos, especialmente enemigos naturales de distintas plagas.
La investigación también subraya la importancia de seleccionar adecuadamente las especies vegetales utilizadas en las cubiertas. La combinación de plantas autóctonas resulta clave para maximizar su eficacia y adaptar el manejo del viñedo a las condiciones específicas de cada entorno.
Desde el punto de vista ambiental, el impacto es especialmente significativo. Tanto las cubiertas naturales como las sembradas registraron valores más elevados en distintos índices de biodiversidad, entre ellos Margalef, Shannon y Simpson. Los mejores resultados se obtuvieron en las cubiertas con mezcla floral, que mostraron una mayor diversidad biológica dentro del ecosistema del viñedo.
Este tipo de manejo se alinea además con los objetivos marcados por el Pacto Verde Europeo y con las estrategias comunitarias sobre suelos y biodiversidad para 2030, que sitúan la salud del suelo entre las prioridades de las políticas agrícolas y medioambientales de la Unión Europea.
Para Sacristán, el trabajo confirma que las cubiertas vegetales no solo mejoran la salud del suelo, sino que también incrementan la biodiversidad y ofrecen una vía viable hacia modelos agrícolas más sostenibles en viñedo y olivar.