Crítica literaria
El ángel de la belleza
El escritor Ricardo Ruiz reseña la última obra de la poeta y pianista burgalesa Celia Camarero, 'La guarida del ángel', editada por Olé Libros

Celia Camarero, junto a la portada de su nuevo poemario, 'La guarida del ángel'.
Hay poetas cuya dedicación profesional está estrechamente ligada a su vocación literaria. El ámbito profesional se complementa, incluso determina de algún modo, el ejercicio vocacional. Es el caso de la poeta y pianista burgalesa Celia Camarero, quien acaba de publicar el poemario de bellísimo título 'La guarida del ángel', en la editorial valenciana Olé Libros.
Un libro que plasma ese estrecho maridaje entre música y poesía, entre la vida y la obra de la autora burgalesa, cuyo ejercicio profesional como profesora de piano en el Conservatorio de Música de Salamanca, explica bien a las claras el discurso y el tono de su obra poética.
Celia Camarero, cuya vocación literaria le viene también por vía paterna (es hija del poeta burgalés José Luis Camarero), ha ido construyendo su trayectoria con paciencia, esmero, sin precipitación, de una manera casi secreta y silenciosa. Si bien ha estado vinculada a los círculos artísticos salmantinos y ha tenido una presencia activa en los ámbitos literarios de esa ciudad, su obra se ha divulgado principalmente a través de publicaciones digitales y ediciones no venales que le han privado de tener una mayor resonancia como desde luego su obra merece. Y es que no puede olvidarse que su primer libro obtuvo el importante Premio Gerardo Diego en 2009 por la obra 'El círculo y la herida', lo que permitía adivinar la estatura literaria de una autora cuyo primer trabajo ya apuntaba una prometedora trayectoria, y que hubiera merecido una mayor atención por parte del mundo poético más allá de las fronteras salmantinas y castellanoleonesas.
Lo que es evidente es que los posteriores trabajos al citado libro premiado -'Sima de pájaros', (2011), 'Oscilación armónica y penumbr'a (2018), 'Una mujer de carne' (2022), Un caudal de música (2024) o la plaquette 'Diario de una clase piano', también de 2024- no han hecho sino confirmar una trayectoria que se ha ido construyendo de manera firme y sólida hasta alcanzar su consolidación no sólo temática sino también formal y estilística con este nuevo libro “La guarida del ángel”.
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Junto a esa determinante vinculación entre música y poesía que apuntala toda su obra al establecer un marcado diálogo entre la voz poética y la voz musical, su discurso (sereno, equilibrado, armónico y meditativo) está atravesado por un dominante tono celebratorio -que entronca con su admirado Claudio Rodríguez-, al buscar de una manera infatigable la belleza, la comunión simbólica con el paisaje y la naturaleza creada, y contener una honda y profunda espiritualidad de raíz clásica, ajena a fuegos de artificio y juegos retóricos. Estos aspectos remiten también a otros dos referentes tutelares de su obra: Rainer María Rilke y San Juan de la Cruz. Y es que la referencia al autor de 'Elegías Duinesas' es determinante para contextualizar toda la obra de Celia Camarero, en especial este nuevo trabajo 'La guarida del ángel', donde la figura simbólica del ángel sobrevuela y vertebra el discurso del poemario.
Si en su libro anterior libro, 'Un caudal de música', descubríamos un ángel de inspiración rilkeana muy doliente, casi trágico, al retratar el sufrimiento del mundo, ahora ese ángel se transforma en el símbolo de la belleza y de la creación poética. Celia Camarero nos revela un ángel como símbolo inspirador de la creación y la poesía como guarida de esa creación. Estamos pues ante una poesía fecundada por el ángel de la belleza, de la música, de la poesía, del cántico a la vida, en suma.
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En ese sentido son reveladores estos versos: "¿Qué haces ahí dolor si nadie te ha llamado? ¿Qué haces ladrando al lado de mi puerta, sembrando pulgas junto a los rosales? Dime al menos, dolor, que ya eres viejo, que no durarás mucho". O estos otros versos epifánicos e iluminadores. “No se puede vivir sin mezcla, sin poesía, sin música, sin palabras que compartir…”. “La poesía es cosa del aliento, nos desnuda, y alguna vez nos muestra la guarida del ángel”, nos desvela Celia en esos clarificadores versos metapoéticos.
Lo que es indudable es que 'La guarida del ángel' es el libro más cuajado, unitario y uniforme de la poeta burgalesa, y el que confirma todas las hechuras de una obra que desde el citado año 2009 se ha ido vertebrando con robustos cimientos poéticos. Estamos ante el libro más celebratorio de Celia Camarero. Un cántico celebratorio de la creación, del existir, de la vida, que alcanza no pocos momentos reveladores. Así lo leemos en el verso "Testigo soy tan solo del milagro de cada amanecer, de su esperanza" (del poema 'Me niego a la cordura') que acentúa ese cántico.
Igualmente, el poemario presenta un claro carácter metapoético, de indagación en el lenguaje y en la palabra poética. Esa exploración en el lenguaje y en las posibilidades que igualmente aporta el silencio nos conduce a poetas como Eliot, Valente y Celan, referentes de la Poesía Pura y citados por la poeta burgalesa. Indudablemente, la preocupación rítmica juega una importancia capital en el dominio del silencio y sus posibilidades formales para articular un lenguaje y una voz ajena a la hojarasca y a la retórica. Esa preocupación por el ritmo y la armonía de los textos procede, como hemos señalado, de su dedicación profesional al ámbito musical.
'La guarida del ángel' es una obra que celebra, que canta, que exalta y que ensalza la vida y las manifestaciones artísticas como la música y la poesía. "No te entristezcas más, abre los ojos para mirar la vida. Deja correr el agua, dime que has aprendido a ser amado". O estos versos finales, realmente reveladores, que cierran magistralmente el poemario: "Sigue cantando la intemperie del mundo, la inocencia desnuda del amor, la cercanía de la realidad…/ No has de temer al sol ni al desamparo sino cantar desnudo", sentencia la autora burgalesa.
En definitiva, 'La guarida del ángel' se ofrece al lector como un canto de celebración que contagia la pasión vital de su autora, donde la búsqueda de la belleza como proyecto estético y existencial nos reconcilia con un mundo doliente y herido pero también armónico y bello. En su acogedora guarida guarda las partituras de su creación poética, su amor invencible a la vida y su contagiosa búsqueda de la belleza para ser testigo del milagro de cada amanecer y seguir cantando, celebrando y aclamando al mundo.