Crítica literaria
Un engañoso desorden poético
El escritor Ricardo Ruiz reseña el nuevo poemario del autor arandino Juan Carlos López Cantos, 'Cuadernos de un poeta desordenado', editado por editorial Pre-Textos

'Cuadernos de un poeta desordenado', de Juan Carlos López Cantos.
El poeta Juan Carlos López Cantos (Aranda de Duero, 1967) ya había dado sobradas muestras, desde la publicación de sus primeros libros, de articular un proyecto poético dotado de los suficientes mimbres y estatura literaria como para seguir muy de cerca su evolución y comprobar cómo su obra se afianzaba libro tras libro. Si bien su trabajo no había alcanzado hasta ahora la merecida repercusión, debido muy probablemente a la escasa distribución editorial de su obra, es precisamente el último de sus libros publicados, el reciente 'Cuadernos de un poeta desordenado', el que ha merecido la atención de una editorial de campanillas como es el prestigioso sello valenciano Pre-Textos, lo que viene a confirmar la incontestable calidad del poemario y la consiguiente consolidación de un universo poético de indiscutible solidez, solvencia y madurez poética.
En estos 'Cuadernos' el autor arandino se sirve de un acusado tono metapoético para construir una obra que reflexiona sobre el paso del tiempo, las huellas de la memoria, las impresiones del paisaje interior y exterior, los viajes (reales o imaginados), la naturaleza humana con sus dudas y certezas y una engañosa pero reconocible cotidianeidad para armar un discurso poético, marcadamente confesional y reflexivo, ajeno a cualquier tentación de patetismo y solemnidad, y que sin abandonar un tono grave y profundo no rehúye lo irónico y ligero cuando el contexto lo requiere.
El poemario constata asimismo dos de las cualidades que han vertebrado el discurso de López Cantos a lo largo de su trayectoria: por una parte, su habilidad para conjugar la hondura y la lúcida reflexión con ingeniosos destellos de calculada ironía y levedad, que pretenden restar afectación a sus versos, y por otra, una exigente preocupación por el lenguaje empleado en la búsqueda de la palabra precisa y contenida y el uso de los silencios en aras de la esencialidad del poema.
Estructurado a modo de cuaderno de anotaciones y reflexiones poéticas sin un orden cronológico establecido, el poeta parte de un detalle, de una imagen recordada o de un hecho aparentemente banal o minúsculo para desplegar su artillería de recuerdos, sentimientos y experiencias vitales que refuerzan su confesionalismo intimista ofreciendo en cada poema distintas capas de significado y de interpretación que obligan al lector a realizar segundas o terceras lecturas para descubrir el juego de matices que enriquecen el poemario.
Dentro del conjunto de poemas es obligado resaltar aquellos donde fusiona magistralmente el paisaje castellano con lugares y espacios neoyorquinos para explorar esa aludida realidad (o irrealidad) cotidiana. Poemas que bien podrían recordar a aquellos que, de corte surreal, incluso visionario u onírico, compusieron poetas de la talla de Federico García Lorca, Pepe Hierro o Luis García Montero, y que tuvieron como fuente de inspiración la megalópolis norteamericana.
También se observa en no pocos poemas una atmósfera de descreimiento convirtiendo la propia experiencia vital y personal en materia poética al reflexionar sobre el hecho poético y el significado de la escritura. «No puedo ya creer en nada y menos siquiera en lo que escribo», sentencia el poeta en un alegato que resume ese tono de escéptica desconfianza y duda sobre la que se extiende una niebla vital, de naturaleza casi nihilista.
El resultado de todo ello es un libro donde no pocos poemas son realmente espléndidos, y están construidos con deslumbrantes imágenes y sentencias que cierran de forma soberbia muchos de los textos que estructuran el poemario.
En consecuencia, estos 'Cuadernos' no son resultado del desorden, la improvisación o el caos compositivo sino más bien producto de un trabajo bien medido, calculado y elaborado, surgido de una cabeza muy ordenada, de lúcida y equilibrada armadura poética como la que corona los solventes y magníficos versos de Juan Carlos López Cantos.