La tregua de la lluvia deja inspeccionar la ladera en la N-232 tras el derrumbe en Los Hocinos
La mejora de la meteorología ha permitido iniciar este jueves los trabajos en altura en la ladera afectada por el desprendimiento que mantiene cortada la N-232 en el desfiladero de los Hocinos. Equipos especializados inspeccionan el terreno para sanear la zona inestable y definir las soluciones técnicas necesarias antes de acometer la reconstrucción de la carretera.
BURGOS
Tras más de una semana de incertidumbre por el corte de la carretera nacional N-232 en el desfiladero de Los Hocinos, en un tramo entre Valdenoceda e Incinillas a causa de un desprendimiento de rocas, ayer jueves la meteorología favorable ha permitido el despliegue de equipos especializados que operan en altura para inspeccionar la ladera afectada y avanzar en los trabajos de saneamiento previos a la reposición del talud.
Los operarios, equipados con material de montaña y asegurados con cuerdas, revisaron directamente la cara de la ladera en la que se produjo el colapso para evaluar su estabilidad y definir las soluciones técnicas que permitan estabilizar el terreno y reconstruir el talud, con el objetivo final de restituir el tráfico en el desfiladero.
Las imágenes difundidas muestran a los operarios trabajando sobre las rocas tras varios días de lluvia y viento que habían dificultado cualquier intervención en la zona.

Técnicos inspeccionan con cuerdas el desprendimiento que mantiene cortada la N-232 en el norte de Burgos.
El corte de esta carretera nacional se remonta a la madrugada del pasado 2 de febrero, cuando el desprendimiento obligó a cerrar el tramo entre los kilómetros 533,1 y 539,2 por la caída de rocas y tierra sobre la calzada, que además dañó el firme, el muro de contención y la explanación de la carretera, imposibilitando el paso de vehículos.
Desde entonces se optó por cortar completamente el tráfico para garantizar la seguridad de las personas que pudieran circular por la zona mientras se evaluaban los daños y se han tenido que usar rutas alternativas para los conductores afectados, especialmente los vecinos de esa zona de la provincia.

Imagen del desprendimiento.
Desde los primeros días se advirtió de la magnitud del impacto y los mismos responsables de carreteras ya señalaban que la recuperación de la normalidad en este tramo «llevará meses», mientras en paralelo ingenieros, técnicos del Ministerio de Transportes y topógrafos revisaban los puntos colapsados y también los entornos adyacentes por el riesgo de nuevos desplomes.
Esa preocupación por la tardanza en la reparación de la N-623 fue compartida por el Ayuntamiento de Valdivielso, que el pasado lunes urgió a las autoridades competentes a activar la reparación con la mayor celeridad posible y a acometer los estudios que permitan «evitar futuros derrumbes», al tiempo que recordaba las consecuencias que el corte prolongado mantiene en los vecinos, obligados a recorrer más de 50 kilómetros para acceder a servicios básicos y comunicaciones habituales.
Ahora, con la breve tregua que la ofrecido la meteorología para que los trabajos de altura se hayan podido poner en marcha, el foco de los trabajos pasa por consolidar la ladera, en primer lugar, y diseñar una intervención duradera que permita devolver cuanto antes la normalidad a esta carretera, que es esencial para la comunicación en el norte de la provincia y la conexión con la comunidad de Cantabria.