El detenido por el incendio de Miranda que mató a tres mujeres fue grabado prendiendo el fuego
Permanece en los calabozos, donde se ha negado a declarar y tampoco reconoció el crimen al entregarse. Pasará hoy a disposición judicial. Los vecinos seguirán desalojados hasta que se declare seguro el edificio

Las cámaras de seguridad fueron claves para determinar la autoría del incendio de Miranda que acabó con la vida de tres mujeres.
Bastó con visionar las cámaras de seguridad del Ayuntamiento de Miranda de Ebro para determinar, con total seguridad, que José M. G. era el responsable del trágico incendio que el martes segó la vida de tres mujeres. Las imágenes no dejaban lugar a dudas. Se le ve accediendo al inmueble, portando un recipiente que contenía líquido inflamable, y abandonando el lugar después de prender fuego a unos colchones que había en el portal.
La grabación, según fuentes consultadas por este periódico, resultó de vital importancia para que la Policía Nacional comenzase a vislumbrar lo que a todas luces parecía un brutal episodio de violencia de género. Las cámaras, ubicadas en el entorno de la calle de La Fuente debido a su proximidad con la Casa Consistorial, forman parte de la investigación en curso para esclarecer todos y cada uno de los detalles del luctuoso suceso que provocó la muerte de Dolores (58 años), expareja de José M. G., su madre Antonia (78) y Laura Valentina (23), vecina del bloque.
Por muy «increíble» que parezca, el presunto autor del incendio se personó al día siguiente, como si nada, en Comisaría. Viejo conocido de la Policía Nacional por sus antecedentes penales, con dos secuestros a sus espaldas (una niña de 9 años en 2015 y una mujer en 2023 a la que encadenó, agredió e intentó asfixiar) y recién salido de la cárcel, su actitud sorprendió sobremanera a los agentes tras preguntar «por qué le estaban buscando». Detenido de inmediato, hasta el momento se ha negado a prestar declaración y al cierre de esta edición todavía permanecía en los calabozos. No en vano, este diario ha podido saber que hoy mismo, «previsiblemente», pasará a disposición judicial.
Mientras tanto, los vecinos de Miranda tratan de recuperar la normalidad. Sobre todo quienes residen en la calle de la Fuente y, muy especialmente, los directamente afectados por el siniestro. No en vano, el tráfico rodado se reabrió ayer por la mañana después de que la Policía Nacional confirmase que su trabajo de campo en el inmueble y alrededores en busca de pruebas había finalizado.
Está por ver, de aquí en adelante, el estado en el que se encuentra el edificio. Precintado por la Policía Local por razones de «seguridad», tanto el acceso principal como el de la calle del Castillo permanecen cerrados a cal y canto para evitar la entrada de personal no autorizado. De hecho, se permitió la entrada de los vecinos en un momento dado, «con la debida prudencia», para que pudieran sacar enseres básicos como ropa, documentación o medicamentos.
La idea, según apuntan fuentes municipales, es que los servicios técnicos del área de Urbanismo realicen hoy una primera inspección del edificio para valorar su estado. Todavía es pronto, por lo tanto, para conocer a ciencia cierta su grado de afectación y determinar si es necesario proceder al derrumbe. Lo único que se puede afirmar, dadas las circunstancias, es que «en ningún caso se puede permitir el tránsito normal y la vida dentro del inmueble».
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En paralelo, el Ayuntamiento ha puesto «todos los recursos» posibles a disposición de los afectados. Tal y como explica el primer teniente de Alcalde y concejal de Servicios Sociales, Pablo Gómez, se ofreció alternativas habitacionales a todos los vecinos afectados. Sin embargo, todos han declinado dicha opción -al menos por ahora- porque «tienen una red familiar y han sido realojados». Sea como fuere, Gómez mantiene abierta esta posibilidad en caso de que alguien así lo requiera.
«Estamos en contacto con todas las personas afectadas», subraya Gómez mientras precisa que Servicios Sociales también cuenta con un programa de apoyo psicológico a disposición de quienes lo necesiten. De igual manera, el portavoz en funciones de la Junta de Castilla y León, Carlos Fernández Carriedo, anunció la activación, «de manera inmediata», de los protocolos disponibles para este tipo de casos, sin límite de sesiones y bajo estricto criterio profesional, que se extiende a los familiares de las víctimas de tan «brutal asesinato».
Aparte de trasladar su «solidaridad y apoyo» a las víctimas de este «crimen machista», Carriedo detalló, en declaraciones recogidas por Ical, que el protocolo autonómico se ampara en la actual Ley de Violencia de Género, «relativamente moderna» al estar en vigor desde 2010, con el objetivo de adoptar medidas de apoyo ante situaciones de «segundo orden» para ofrecer recursos psicológicos tanto a las víctimas como a su entorno más cercano. Esto conlleva, además, la personación en procedimientos penales como acusación particular, ayudas a huérfanos hasta su mayoría de edad y asistencia letrada a estos o personas dependientes.
Más allá del amparo institucional del Gobierno regional y del Consistorio mirandés, el portavoz de la Junta espera que «caiga sobre el culpable todo el peso de la ley». Por su parte, la alcaldesa de Miranda, Aitana Hernando, reconoce a este periódico que «estamos consternados por el asesinato machista de Dolores, Antonia y Laura Valentina». Un «triple feminicidio que nos duele a toda la ciudad» y que, obviamente, merece la «más rotunda condena». Dicho esto, la regidora quiere dejar claro que «no son mujeres muertas, son mujeres asesinadas». De ahí que no dude en reclamar «justicia para Dolores, Antonia y Laura Valentina».
Tragedia en bloque
El número 10 de la calle de la Fuente estaba habitado por diez personas. Entre ellas, Dolores, Antonia y Laura Valentina. La expareja de José M. G. y su madre residían en el segundo izquierda. Frente a ellas, acababa de llegar al edificio, a una casa recién reformada, un matrimonio junto a sus hijos de 11 y 7 años. Fue Mauro, el padre, quien logró salvar su vida tras ‘encerrarles’ en el balcón a la espera de ser rescatados por el Cuerpo de Bomberos de Miranda.
Justo debajo, desde hacía apenas un año, se encontraban Laura Valentina y su esposo. Él pudo escapar de las llamas e hizo todo lo posible por salvar a su mujer. Desgraciadamente, la joven falleció tras inhalar un intenso y «muy tóxico» humo negro que se apoderó de cada rincón.
Mejor suerte corrieron los otros tres moradores del bloque. En la otra mano de la primera planta, un padre y su hija. El hombre también saltó por la ventana y la chica, por suerte, no se encontraba en el domicilio cuando se desencadenó la tragedia. En un apartamento interior, una mujer resultaría gravemente afectada por inhalación de humo. Sin embargo, recibió el alta sin ingreso después de recibir atención sanitaria in situ.
El despiadado incendio provocado por José M. G. propició que Antonia y Valentina falleciesen en el lugar de los hechos. Del resto de personas anteriormente citadas, cinco fueron trasladadas al hospital Santiago Apóstol para recibir asistencia médica. Concretamente, dos mujeres jóvenes, los dos niños y Dolores, quien murió mientras era evacuada en UVI móvil al complejo asistencial.
Pese a ubicarse en pleno centro, justo detrás del Ayuntamiento, la calle de la Fuente apenas tiene tránsito peatonal al carecer de comercios o establecimientos de hostelería. Ni siquiera se usa como atajo. De ahí que a muchos vecinos consultados al día siguiente les costara incluso ubicar el lugar exacto que elevaba a su ciudad a epicentro informativo por un triple crimen machista.
Cuesta imaginar, desde luego, que alguien pueda cometer un acto así. En cualquier caso, José M. G. ya había demostrado con anterioridad de lo que era capaz. No hasta tal punto, pero sí reteniendo a dos mujeres o formando de la base de datos de VioGén por presuntos malos tratos a una pareja anterior. Sea como fuere, uno de los vecinos del número 10 de la calle de la Fuente relató el miércoles a este periódico que el ahora detenido se personó cuatro horas antes en la vivienda de Dolores, aporreando su puerta de manera insistente, mientras profería múltiples amenazas.