Los viticultores recurren a la cetrería contra los daños de fauna en el viñedo
El cetrero Juan Antonio Sánchez insiste en la importancia de recuperar el equilibrio perdido

Juan Antonio posa en uno de los viñedos donde trabaja en Ribera del Duero
Los agricultores llaman cada vez más a su puerta. Es Juan Antonio Sánchez, cetrero y experto en control de fauna en la Ribera del Duero, donde se ha especializado en viñedos. “La proliferación de corzos, jabalíes y conejos supone un verdadero problema en muchas zonas”, sostiene sin olvidar los estorninos y los tordos. “El corzo es el peor porque, además de comer mucho, destroza la planta, pero los estorninos también hacen mucho daño porque se ceban”.
En su centro de cría de Aranda de Duero tiene 115 parejas reproductoras. “Empecé con la cetrería cuando tenía 7 años y, con mi mujer, Beatriz Domínguez, monté la empresa hace ya 25. Ahora contamos, además, con el apoyo de nuestros hijos, Jimena, de 15 años, y Carlos, de 8, que, aunque son pequeños, sienten la misma pasión que nosotros”.
Él lo tiene claro: “La cetrería puede ayudar a controlar los daños de la fauna en los viñedos”. En su opinión, detrás de esta proliferación de fauna hay dos causas principales. La primera es la apuesta por cultivos atrayentes, como el maíz y el viñedo, que han incrementado, y mucho, su superficie en la Denominación de Origen Ribera del Duero, convirtiéndose para estos animales en el mejor refugio y en una fuente segura de alimento. “Ahora vemos corzos y jabalíes donde antes era impensable”, señala, consciente de que cuanto más alimento y seguridad tiene el animal, más ciclos de cría tiene y más se reproduce.
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Una caza mayor selectiva
Por otro lado, está una actividad cinegética que, aunque ha disminuido en número de licencias en la categoría de caza mayor, se ha vuelto demasiado exquisita en la caza mayor. “Por ejemplo, si Medio Ambiente da para un coto de caza de 2.000 hectáreas 6 precintos para machos y 6 para hembras, la administración debería controlar que el coto cumple, porque muchas veces matan a los machos, porque buscan el trofeo, y dejan a las hembras y, al final, ese descontrol repercute de forma directa en los agricultores, que, sin poder remediarlo, alimentan a la fauna con sus cosechas”.
En su opinión, al igual que si un Ayuntamiento asume un coto y reinvierte parte de los beneficios en el mantenimiento de caminos, en el caso de las fincas privadas debería haber un mecanismo para que no afecte de forma tan negativa a los agricultores.
En este análisis falta un protagonista más: el zorro. “Es el mayor depredador, pero hay pocos y no dan abasto. Tenemos que recuperar el equilibrio”.
¿Vallar o no vallar?
En su opinión, vallar las parcelas no es la solución. “Cada vez hay más animales y, como es lógico, buscan su supervivencia. La comida es el objetivo y ya lo estamos viendo: hacen todo lo posible por saltar y colarse y, una vez dentro, el destrozo es aún mayor”.
A la hora de controlar la fauna en viñedos, el cetrero organiza vuelos por la mañana, coincidiendo con el amanecer, y cuando atardece, que es el momento en el que los animales, como jabalíes, corzos y conejos, se mueven más. “Suelo utilizar halcones y aves de bajo vuelo, como azores, que funcionan muy bien en este tipo de extensiones de cultivos”.
Antes de fijar una estrategia de protección, Juan Antonio tiene en cuenta si el viñedo está en vaso o en espaldera. “En espaldera hay vuelos que no se pueden hacer porque los pájaros se matarían con los alambres”.
Rentabilidad
La rentabilidad ha mermado en los últimos años. “La alimentación de los pájaros es un coste importante. Este año nos estamos manteniendo, pero el pasado, el precio del cereal lo marcó todo”.
La falta de ayudas le resta, además, competitividad en su otra parte fuerte del negocio: la venta de aves rapaces. “Nuestro principal cliente es el Golfo Pérsico, donde hay mucha afición a las competiciones de aves rapaces, sobre todo en velocidad, pero la competencia es cada vez más fuerte y, mientras otros países, como Inglaterra o Bulgaria, apenas tienen impuestos y además cuentan con ayudas, aquí estamos solos y asfixiados, como todas las pymes, por los impuestos y la burocracia”.
En el centro de cría, la temporada empieza en febrero, con una de las dos primeras puestas que tienen la mayoría de especies. “Lo normal es tener 3 o 4 huevos por puesta, pero luego hay excepciones, como las águilas, que solo ponen dos huevos y no suelen tener una segunda puesta”.
Para prevenir enfermedades en la cría en cautividad, lo mejor es evitar la entrada de especies nuevas. “Especialmente evitamos la entrada de halcones nuevos. Aquí formamos parejas que ya tienen su inmunidad y, para evitar cualquier riesgo, toda la alimentación y todo lo que viene de fuera tiene que estar testado y certificado”.
El precio de estos pájaros varía en función de la especie y, sobre todo, de la trayectoria genética. “Aquí contamos con líneas muy premiadas y eso se valora mucho en mercados como el del Golfo Pérsico”, termina.