Sandra y Heriberto, cuando la FP te da una nueva oportunidad a los 40 y a los 64 años
Obligados a reconvertirse, ambos han vuelto a estudiar en Aranda de Duero

Heriberto y Sandra
La arandina Sandra Gamallo afrontó una crisis vital al cumplir los 40 años. Tras el nacimiento de su segunda hija, un desgarro en el parto le obligó a pasar dos veces por el quirófano —la última hace apenas un mes— y a coger una baja en la fábrica donde trabajaba. A su regreso, se quedó sin empleo. “Como llevo dos mallas para sujetar la vejiga, la empresa me indemnizó y me vi en la calle con dos hijos pequeños”, lamenta.
Sandra ha encontrado en la Formación Profesional un nuevo rumbo y una oportunidad de futuro. “Estoy estudiando el Grado Superior de 'Análisis y Control en Laboratorio' en El Empecinado y, aunque los comienzos no fueron nada fáciles, porque volver a estudiar no lo es, y la química mucho menos, ahora estoy encantada”, afirma.
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Acaba de terminar su primer periodo de prácticas en el laboratorio de La Harinera. “Me siento de nuevo útil”, afirma, con la mirada puesta en meses de oscuridad, donde tuvo que afrontar una depresión. “Llevaba trabajando en la fábrica once años y para mí, el despido fue un shock. Llegué a pensar que no valía para nada, que ya no era útil. No dormía, tenía ansiedad y sentía muchísima inseguridad. Estuve primero con una psicóloga y luego pasé al psiquiatra y a la medicación, pero ya estoy dada de alta y, la verdad, me encuentro bien y con fuerzas”, asegura.
“El primer día casi me doy la vuelta”
Las salidas de este grado superior son muchas, cualquier fábrica y muchas bodegas cuentan con un laboratorio. “El año que viene haré el segundo curso y las últimas prácticas de tres meses y confío en encontrar un trabajo pronto”, señala, agradecida a El Empecinado y a los profesores. “El primer día casi me doy la vuelta, porque los alumnos eran en su mayoría jóvenes y luego estaba yo. Te ves fuera de lugar, pero gracias a los profesores y a los compañeros hoy me siento como una más”, agradece.
Su rendimiento se nota en los resultados. “En la primera evaluación me quedó una asignatura y lo pasé bastante mal, pero ahora ya me he puesto las pilas, he cogido ritmo de estudio y he terminado la evaluación con tres sobresalientes”, celebra.
Sus hábitos han cambiado. “Con dos niños pequeños, de 6 y 9 años, la vida te obliga, pero me he ido adaptando. Les llevo a las extraescolares y a todo lo que conlleva ser madre, pero no veo la televisión. Aprovecho por las noches y, cuando les llevo al parque, me voy con mis apuntes”, detalla.
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Hoy es una mujer nueva. “He pasado de verme en una situación límite, de no saber qué hacer con mi vida, a tener esperanza con una formación que sé que tiene salida”, sostiene.
Sandra comenzó su vida laboral de una forma completamente distinta. “A los 19 años estudié dos módulos, uno de estética y otro de caracterización para cine. Los primeros años trabajé en peluquerías de Aranda y luego seis haciendo fotodepilación, pero llegó un momento en que paré y quise cambiar. Ahora vuelvo a hacerlo, pero ya no tengo miedo”, termina.
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De profesor universitario a alumno de FP
A los 60 años, Heriberto Correia de Freitas, hijo de portugueses inmigrantes en Venezuela, cambió su país, Venezuela, donde trabajaba como profesor e investigador de bioquímica en la universidad, por Aranda de Duero, donde su mujer, Maritza, trabaja de pediatra en el ambulatorio Sur.
Tras enfermar de cáncer y tratarse en Madrid, “porque en Venezuela no había ni medicinas”, ahora, con 64 años, estudia el Grado de FP de Control de Calidad en El Empecinado. “Este curso me está dando otra visión profesional”, destaca Heriberto, convencido de que “en la vida hay que ser resiliente. Hay que luchar siempre por avanzar”.
Abandonar su país y empezar de cero en España no ha sido fácil. “La situación en Venezuela era insostenible por la inseguridad, la falta de recursos... Primero mandamos a mi hijo, de 17 años, a estudiar a Madrid, porque tanto él como mi esposa tienen doble nacionalidad, y luego vinimos Maritza y yo. Para mí ha sido difícil. Dejé a mis amigos, mi trabajo y me quedé en casa, pero ahora, gracias a este grado formativo, estoy conociendo gente y me veo en Aranda en el futuro”, termina.